Por Cristina Cunchillos
La inteligencia artificial (IA) ya se aplica en mayor o menor medida en todos los ámbitos profesionales. Se habla mucho de los beneficios que aporta: ahorro de tiempo, mayor eficiencia… en un contexto en el que muchas empresas se lanzan a probarla sin una estrategia clara o con unas expectativas desmesuradas.
La IA sin duda puede mejorar los resultados. Pero no hay que olvidar que detrás sigue habiendo un equipo humano que ha de interactuar a diario con ella, gestionarla, darle instrucciones y supervisarla. Conforme se generaliza su uso, también aflora la evidencia del impacto que éste puede tener en la salud mental de los usuarios, algo que no se debe ignorar.

El impacto psicológico de la IA
La IA despierta diferentes sentimientos entre quienes trabajan con ella a diario. Estos abarcan desde la emoción de probar algo nuevo, descubrir funcionalidades que sorprenden o el orgullo de superar a la competencia en innovación. Pero también puede generar sensaciones menos positivas.
Miedo: Sigue existiendo un cierto temor a un futuro distópico en el que los robots y la IA dominen el mundo o, cuando menos, suplanten a los humanos en el trabajo. Es un miedo reforzado por estudios como el publicado el pasado mes de abril por el centro de análisis Funcas. Estima que la IA destruirá entre 1,7 y 2,3 millones de empleos en España en la próxima década. También aumenta la percepción de que las empresas priorizan la inversión en tecnología sobre la del equipo humano.
Confusión: Ante la profusión de opciones de IA, es difícil saber por cuál optar o cómo sacarles el mayor partido. Según un estudio de PCMA, más del 75% de los event planners encuestados reconocen que necesitan formación y orientación sobre cómo usar esta tecnología.
Ansiedad: Cuando no se ofrece formación, los usuarios pueden no tener claro qué hacer o qué se espera de ellos, lo que podría contribuir a generar estrés y ansiedad. Y, aún cuando se ofrece, tener que estar constantemente actualizando conocimientos sobre una tecnología que avanza a una velocidad vertiginosa puede resultar estresante y contribuir a la sobrecarga cognitiva.
Culpa: Hay quienes pueden llegar a sentir el síndrome del “impostor tecnológico”. Mientras que completar una labor difícil por sí mismos generaba satisfacción y sensación de logro, dejar que la IA haga algunos trabajos puede dar lugar a ansiedad emocional y sentimiento de fraude.
Del hype al burnout
El hype (revuelo) generado por la llegada de la IA llevó a muchas organizaciones a elevar sus expectativas. Muchas ven su adopción como una forma de mejorar su productividad y resultados, sin plantearse si su plantilla está verdaderamente preparada para ello. Este enfoque en la productividad pone más presión en quien la utiliza, que puede sentir que se espera más de él, a menudo con plazos más ajustados.
Un estudio de la plataforma de investigación Upwork Research Institute muestra que el 96% de CEOs y altos directivos espera que la IA mejore la productividad de su plantilla. Al mismo tiempo, el 77% de los empleados encuestados afirma que la tecnología simplemente ha incrementado su carga de trabajo. Lejos de ser más eficientes, terminan agotados.
Según un informe de la empresa de software para recursos humanos Quantum Workplace, los casos de burnout (agotamiento) entre los trabajadores son un 45% más frecuentes entre quienes utilizan asiduamente la IA, comparado con quienes no recurren a esta herramienta.
En sectores como el MICE, la IA se presenta como un gran aliado para los organizadores, sobre todo para llevar a cabo tareas repetitivas y tediosas, dejándoles más tiempo libre para centrarse en el aspecto creativo o la atención al cliente. Además, puede ayudar con la creación de contenidos promocionales, el diseño de programas y la selección de ponentes, e incluso la mera redacción de e-mails.
Pero todas estas actividades, incluso desarrolladas mucho más rápido por la IA, requieren la supervisión del equipo humano.
Cada vez más profesionales presentan síntomas emocionales, cognitivos o incluso físicos de esta llamada “fatiga de la IA”. Abarcan desde la ansiedad o sentirse abrumados, a dolores de cabeza o incluso “niebla mental”.
Un estudio publicado por la consultora Boston Consulting Group habla de AI brain fry -literalmente, cuando el cerebro “se fríe” por un uso excesivo de la IA. Afirma que uno de cada siete empleados que utilizan diariamente esta tecnología muestra una sobrecarga cognitiva. Este AI brain fry se asocia con un número significativamente mayor de errores por parte de los usuarios, una peor toma de decisiones y una mayor intención de abandonar el puesto de trabajo, según los autores del estudio.
La neurociencia detrás de la fatiga de la IA
El psicólogo educativo John Sweller desarrolló la teoría de la carga cognitiva. Normalmente, el cerebro utiliza recursos de manera progresiva para realizar tareas cognitivas, como por ejemplo, redactar un texto. Si ese proceso se interrumpe, posteriormente necesitará más recursos para volver a arrancar.
Cuando esa tarea se asigna a la IA, el cerebro se activa para dar las instrucciones, después se relaja, y vuelve a activarse para revisar el trabajo. Si hay que hacer ajustes, este proceso de parar y arrancar se repite una o más veces, y la constante interrupción conlleva un mayor desgaste mental.
Además, la corteza prefrontal del cerebro consume más glucosa en la toma de decisiones. Aunque sea de forma inconsciente, con la IA se toman pequeñas decisiones constantemente: si se puede o no mejorar el trabajo que ha hecho, qué partes utilizar y cuáles no, si es necesario verificar … Para el cerebro este proceso puede resultar agotador.
Por otro lado, un estudio de Microsoft Research Cambridge alerta del riesgo de atrofia cognitiva: si no se utilizan las neuronas para tareas de síntesis o lógica, estas funciones del cerebro acabarán debilitándose de manera natural.
Cómo evitar el cansancio
La fatiga de la IA no es inevitable ni se da en todos los casos. De hecho, ciertos usos de esta tecnología pueden aliviar el agotamiento en lugar de producirlo. El estudio de Boston Consulting Group observó que los índices de agotamiento eran un 15% menores entre los empleados que utilizaban la IA para reducir sustancialmente el tiempo dedicado a tareas repetitivas y tediosas. Centrando su uso en este tipo de labores, y menos en tareas que requieran mayor supervisión y toma de decisiones, se gestiona mejor la fatiga.
El mismo estudio informó de que el problema aumenta cuando su utilizan demasiadas herramientas de IA a la vez. Mientras que añadir una segunda aplicación de IA puede aumentar la productividad percibida por los encuestados, al sumar una tercera la ganancia se produce a un ritmo menor. A partir de tres herramientas simultáneas, la productividad cae y aumenta la ansiedad. El multitasking es agotador para el cerebro, también cuando se trata de gestionar tecnología, y sería preferible consolidar el número de herramientas y usos de la IA.
No se trata de rechazar la IA, sino de aplicar un enfoque más estratégico en su adopción, seleccionando las herramientas que mejor se ajustan a los objetivos de la empresa y, sobre todo, estableciendo unos plazos y expectativas que sean realistas.
Igual de importante es cuidar la estabilidad emocional de la plantilla. Esto implica asegurarse de que se sienten cómodos trabajando con la IA, y no amenazados por ella, ofreciéndoles formación para un acercamiento más sereno.
Reconocer que la fatiga que algunos profesionales sienten es un efecto real de la IA en un entorno laboral abierto y de confianza en el que puedan expresar sus temores, permitirá que la IA sea un aliado, y no una carga.
Para este tema hemos entrevistado a
Gabriella Kellerman Socia y directora de Boston Consulting Group
“Lo que más esfuerzo mental exige es la supervisión”






