Por Eva López Alvarez
Fotos Alejandro Martínez Notte
La capital de Panamá sorprende porque si bien tiene menos fama que La Habana o Cartagena de Indias (Colombia) entre los destinos históricos de Latinoamérica, su casco antiguo rivaliza en belleza con estas referencias de la colonización española en el Nuevo Continente. Si a eso se le añade el contraste entre una ciudad vieja en proceso de recuperación con un cinturón litoral lleno de rascacielos al más puro estilo Miami, la sorpresa es aún mayor.
Y si los grupos se adentran en un país que alberga comunidades indígenas que luchan por proteger unas tradiciones y patrimonio intangibles que aún conservan, además de esconder playas paradisíacas al más puro estilo Caribe, a las que se suman espacios de bosque y café en los que disfrutar de las riquezas que ofrece la naturaleza local… hasta es fácil olvidar que este istmo es ante todo el país de una obra de ingeniería única que merece la pena visitar: el Canal de Panamá.
El país está inmerso en una nueva ampliación: tras la del Canal, finalizada en 2016, está en curso la del Aeropuerto Internacional de Tocumen, que duplicará a finales de 2018 la capacidad actual del principal aeródromo del país. Situado a 24 kilómetros del centro, Ciudad de Panamá cuenta con otro aeropuerto, el Marcos A. Gelabert, conocido como Albrook por la base militar americana que dio lugar a estas instalaciones. Desde él se operan vuelos domésticos, así como conexiones a Costa Rica, Honduras y Colombia.
Ciudad histórica
Ciudad de Panamá fue una de las primeras urbes fundada por los españoles en América, exactamente en 1519. Esa ciudad inicial, hoy conocida como Panamá la Vieja y de la que apenas quedan vestigios, se quemó en 1671 y dos años más tarde se desplazó a lo que es hoy el Casco Viejo. A los momentos de gloria que vivió la ciudad tras este traslado corresponden algunos de los venues clásicos con más encanto del destino. Es el caso del Convento de la Compañía de Jesús, en pleno Casco Antiguo y el Convento de Santo Domingo, o “del Arco Chato”. Actualmente son fachadas que enmarcan cenas de gala al aire libre.
El Central Hotel Panamá es un buen punto de partida para recorrer el casco histórico. Inaugurado en 1874, fue renovado en el segundo semestre de 2016. Las 135 habitaciones y suites se reparten en torno a un bonito patio interior. Cuenta con cuatro espacios para eventos profesionales, además de un salón en la azotea con vistas panorámicas, con capacidad para 250 personas en teatro en el mayor. Precisamente aquí se alojaron personajes insignes como Ferdinand de Lesseps en los inicios de la construcción del Canal de Panamá.
Como parte de la renovación del Casco Viejo, incluido en 1997 en la lista de lugares Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO, se está construyendo un nuevo hotel que pretende ofrecer las mejores vistas de la cinta costera litoral desde el inicio del paseo de Esteban Huertas, famoso por los puestos de artesanías locales y junto a la Casa de Francia.
La cinta costera fue inaugurada en 2009 como nexo entre el distrito de Punta Paitilla y el barrio colonial: a lo largo de cinco kilómetros el tráfico surca la bahía ante los cada vez más numerosos rascacielos, las aguas del Pacífico y ese horizonte definido por los barcos que esperan atravesar el istmo.
Canal de Panamá
Según la idea original, el canal debía construirse en ocho años con 70 kilómetros de longitud, ocho metros de profundidad, 22 de ancho en el fondo y 38 al nivel del agua. Al final, con la fiebre amarilla, la venta del proyecto de Francia a Estados Unidos y otras muchas vicisitudes, en 1914 concluyó una obra que había comenzado en 1880. Y en 2016 renació con el nuevo juego de esclusas que permite circular a los navíos de mayor envergadura e incluye los sistemas de optimización de agua más modernos del mundo.
La observación del paso de los barcos desde la famosa esclusa Miraflores no puede faltar en ningún programa de incentivo: a las 9 de la mañana comienzan a transitar los navíos que proceden del Pacífico con destino al mar Caribe, por lo que se recomienda visitar las instalaciones a esa hora ya que es el mejor momento para observar las operaciones. Y es que el tráfico es incesante en el Canal: 144 rutas conectan 1.700 puertos en el mundo gracias a la travesía por esta impresionante obra de ingeniería que permite salvar los 80 kilómetros y desniveles de hasta 26 metros de altura que separan los océanos Pacífico y Atlántico. Hasta 100 personas pueden acceder al espacio VIP que ofrece las mejores vistas.
El Puente de las Américas fue otra de las grandes obras que nació con el Canal: al otro lado del mismo con respecto a la Ciudad de Panamá se encuentra uno de los hoteles más utilizados para grandes eventos: el Westin Playa Bonita, a cinco kilómetros del centro. Aunque la distancia sea corta conviene informarse de los momentos en los que la circulación por el puente es fluida, ya que el tráfico puede influir negativamente en la realización de algunos programas.
Este complejo abrió en 2011 con 611 habitaciones y permite utilizar la playa para eventos. Los 22 salones interiores pueden albergar grupos de hasta 1.000 personas en el mayor. A la playa y los salones se añaden múltiples áreas del tipo de la terraza para cócteles de hasta 60 invitados en el piso 19, con excelentes panorámicas del mar. Los jardines se prestan a la ejecución de programas de teambuilding, además de clases de coctelería o cocina que se pueden organizar en algunas salas.
Panamá moderna
A partir del 31 de diciembre de 1999 la capital panameña experimentó un importante auge que hoy se traduce en la gran cantidad de rascacielos que define la parte moderna de la ciudad. El motivo fue la entrega de la gestión del Canal al gobierno panameño por parte de Estados Unidos. Hasta ese momento, la dependencia del país emisor de los más de 10.000 soldados y familiares que habitaban la ciudad “ahogaba”, según los locales, el desarrollo del país centroamericano.
En la zona más moderna, a ocho kilómetros del aeropuerto de Tocumen, se encuentra el Centro de convenciones Atlapa, referente actual para los grandes eventos: con 2.806 plazas en el teatro y 5.000 asientos en su mayor sala. Fue inaugurado en 1982. Al otro lado de la calle, los hoteles Alof t y Sheraton, conectados entre sí, incluyen 303 y 356 habitaciones respectivamente. Como incentivo, un autobús gratuito conduce a los huéspedes hasta el centro comercial Multiplaza para que disfruten del shopping , otro de los atractivos panameños.
Para eventos profesionales, 100 personas pueden asistir a una misma sesión en el mayor de los cuatro espacios del Alof t, mientras que 1.000 delegados entran en el mayor de las 22 salas del Sheraton: el espacio Veranda, fruto de una reciente ampliación.
El emblemático Intercontinental Miramar ya ha cumplido veinte años y se encuentra en proceso de renovación. Actualmente ofrece 186 habitaciones entre los pisos 7 y 25, la mayoría con vistas al océano. Entre los espacios para eventos destaca la terraza con espacio interior del quinto piso con vistas al mar y capacidad para 200 personas en cóctel.
Como novedad, los miércoles por la noche ofrece la posibilidad de cenar en el bufé panameño compuesto por platos regionales de la mayor calidad acompañados con música: el espectáculo de baile sirve de recorrido por las distintas culturas que comparten espacio en Panamá, así como las indumentarias típicas entre las que destaca la colorida pollera.
La gastronomía local más moderna y refinada tiene uno de sus máximos exponentes en el restaurante Saril del vecino hotel Le Meridien. Muy recomendable para banquetes de hasta 70 comensales, los platos propuestos por Víctor Manuel González son una exquisita declinación de la conocida como cocina “novolatina”.
Con una particular atmósfera dominada por los tonos oscuros, este hotel de 111 habitaciones cuenta con cuatro espacios para eventos y capacidad para 150 delegados en teatro en el mayor.
Incentivos gastronómicos
Las clases de cocina son una propuesta cada vez más recurrente entre las agencias de receptivo que operan en Ciudad de Panamá y son varios los hoteles que proponen sus instalaciones para la preparación de los alimentos. La gastronomía panameña es una interesante representación de las distintas culturas que han ejercido su influencia en el país: amerindia, hispana, africana y afroantillana.
Cada día por la mañana, en el punto donde conectan el Casco Viejo y la ciudad moderna, el mercado de pescado y marisco se presta a organizar sesiones de compra en la que los participantes puedan sumergirse en la cultura local e interactuar con los locales. Aprender a diferenciar los diferentes, y numerosos, tipos de marisco ya es todo un reto.
Por las noches este mercado de mariscos es el punto de encuentro de la sociedad local que se aglutina en este lugar a disfrutar del ceviche y la música reggaeton.
El casco antiguo aglutina muchas propuestas culinarias en forma de pequeños restaurantes con encanto que se pueden privatizar para grupos. El del Intercontinental no es el único que ofrece espectáculo de música y danza: Diablicos ofrece buenos platos, aunque sin pretensiones, y un espectáculo que pretende hacer un recorrido por la cultura nacional en una versión más popular. Numerosos locales de copas y música atraen a partir del jueves a turistas y locales en calles en las que se puede transitar con total seguridad.
Varias tiendas ofrecen la posibilidad de adquirir las famosas polleras con la que las damas pueden asistir a una cena de gala: los tocados de la cabeza son lo más llamativo del conjunto.
Grandes hoteles
El auge de la industria MICE en Ciudad de Panamá es flagrante con sólo observar la planta hotelera dotada de grandes espacios. Es el caso del hotel Hard Rock. Este gigante de 1.468 habitaciones comparte propiedad con el hotel Radisson Decapolis, de 240 habitaciones, el centro comercial Multicentro y el centro de convenciones Megapolis.
El Hard Rock es el hotel más grande del país y su espacio más llamativo es la espectacular terraza con capacidad para 700 personas en cóctel. Las vistas desde el piso 61 son simplemente magníficas y el área se puede dividir en zonas independientes, de tal modo que en la opción más pequeña 100 invitados puedan disfrutar en las alturas de un afterwork y la sensación de sobrevolar la ciudad y el Pacífico.
El Riu Plaza Panamá, situado en las cercaníasdel Hard Rock. es el mayor hotel de la ciudad enfocado principalmente al mercado corporativo: la mayor de sus salas tiene capacidad para 1.600 personas.
En total cuenta con 23 espacios y 644 habitaciones, incluyendo el penthouse del piso 34, con 300 m2 destinados a eventos exclusivos.
El hotel El Panamá by Faranda, en la siempre concurrida Vía España, ofrece la solera de sus 66 años de historia. Es una de las instituciones hoteleras de Ciudad de Panamá. Las 344 habitaciones en 99 pisos incluyen 59 habitaciones en torno a la piscina, la más grande de la ciudad. Cuenta con el centro de convenciones Vasco Núñez de Balboa anexo, con ocho salones y capacidad para 3.000 delegados en el más grande. Más salones en el hotel completan un abanico de 26 salas para eventos.
En el futuro
La ciudad no para y nuevos espacios llegarán de la mano de la extensión de la Calzada de Amador, levantada con los restos extraídos del canal en su expansión más reciente. Albergará el futuro centro de convenciones cuya apertura está prevista para finales de 2018. Si bien será la gran novedad para grandes congresos y eventos en el destino, con capacidad total para 25.000 participantes, Atlapa y sus 10.000 plazas seguirán estando operativos tras la inauguración.
Grandes contrastes
Visitar a la comunidad Emberá, que habita a una hora por carretera de Ciudad de Panamá, es un viaje al exotismo más puro. Parece irreal pasar tan rápidamente del bullicio urbano al agradable trayecto de 20 minutos en canoa que conduce al poblado.
Los grupos, de hasta 50 personas, son recibidos por una comunidad indígena orgullosa de utilizar el turismo para preservar y mantener su identidad y cultura. Las mujeres artesanas realizan canastas de palma, su artesanía típica. Hasta 30 personas pueden pasar una noche en choza y disfrutar de las explicaciones de los curanderos sobre los poderes de la naturaleza y la esencia de una vida gobernada por ella.
fuera de la ciudad. En septiembre, octubre y noviembre los organizadores de viajes y eventos pueden gozar de mejores precios, pero peor clima.
San Blas
El archipiélago de San Blas es otra de las grandes sorpresas que depara Panamá. Se puede acceder en avión, en trayectos de media hora desde el aeropuerto de Albrook con destino a la isla de El Porvenir, o en una excursión de un día que obliga a circular en 4×4 con cinco horas de recorrido sumando la ida y vuelta desde la capital. La comunidad Guna Yala que habita la zona no ofrece la posibilidad de alojarse in situ por lo que la visita nunca ocupa más de un día.
El archipiélago se compone de 365 islas, 50 de ellas habitadas, con playas de suave arena blanca, agua transparente y estrellas de mar decorando el fondo: pocos viajeros imaginan que Panamá alberga playas que no tienen absolutamente nada que envidiar a las de las postales más conocidas. Para los grupos de incentivo es posible privatizar a través de las autoridades locales islotes completos para un día de actividades con barbacoa sobre la arena.
Chiriquí
El mar en Panamá no sólo esconde playas paradisiacas, también actividades únicas. Uno de los mejores lugares para comprobarlo es Chiriquí, provincia conectada por avión con la capital a través del aeropuerto de David (35 minutos de vuelo desde Albrook). A una hora por carretera los grupos pueden observar ballenas jorobadas y tiburones ballena en los meses de agosto, septiembre y octubre. Desde Boca Chica, en la costa del Pacífico, parten las excursiones de medio día durante las que admirar a estos gigantes del océano.
El hotel Bocas del Mar se ofrece como base para el descubrimiento del Parque Nacional Marino Golfo de Chiriquí, con 20 bungalós y junto al mar. El amplio abanico de actividades propuestas por el establecimiento incluye la visita de la zona cafetalera de Boquete. Pocos saben que en Panamá se produce el café Geisha, entre los más caros del mundo.
En espacios de producción como Boquete Tree Trek los grupos pueden degustar esta joya local y recolectar el grano de café convencional de noviembre a marzo. El lugar, a 1.700 metros de altura y a los pies del volcán Barú, aglutina varias propuestas lúdicas que incluyen tirolina o paseos durante los que aprender a distinguir los diferentes tipos de café.
También en torno al café, Finca Lérida ofrece actividades y alojamiento. Con 21 habitaciones, este oasis de piedra y madera en pleno bosque ofrece una refinada experiencia en torno a la producción cafetalera.
La Hacienda Los Molinos forma parte de un exclusivo complejo residencial sobre un risco natural y con vistas al volcán. Pequeños grupos de incentivo pueden ocupar las seis habitaciones de la casona principal, que también cuenta con un espacio para banquetes amenizados por las vistas. Un proyecto de ampliación en curso añadirá 35 habitaciones más, atendiendo a la demanda que llegará de la mano del nuevo centro de convenciones que se está construyendo en las cercanías y cuya inauguración está prevista para 2019.
La región de Chiriquí goza de un enorme potencial para programas de incentivo que incluyan sesiones de raf ting, rutas en quad, paseos por la montaña a pie o a caballo, actividades marítimas en el Pacífico y también en el Caribe, ya que al norte de la provincia se encuentra la cada vez más turística área de playas de Bocas del Toro.
Valle de Antón
Río Hato es el punto de partida para descubrir destinos muy diversos como el Valle de Antón, en el interior; la Península de Azuero, que también contará próximamente con centro de convenciones o La Pintada, localidad famosa por sus artesanos de la sombrerería.
A los pies del Pacífico se encuentra uno de los hoteles más exclusivos de Panamá: JW Marriott Panama Golf & Beach Resort cuenta con campo de golf de 18 hoyos, con asador en el campo, 118 habitaciones y once espacios para eventos con capacidad para 800 personas en el mayor.
Team building en Panamá
Trenzado artístico
Descubrir las posiciones en las que se puede llevar el sombrero pintado puede servir para un divertido teambuilding en el que los participantes simulen a los artesanos capaces de crear un sombrero de hasta 22 vueltas a partir de una sola tira trenzada.
De mercado
El mercado de mariscos, carnes y verduras que tiene lugar en la entrada del Casco Viejo cada mañana es el lugar ideal para procurarse los ingredientes de la clase de cocina panameña que tenga lugar en hoteles como el Westin Playa Bonita.
Expertos en café
En una de las ocho fincas turísticas del área de Boquete los participantes pueden aprender a diferenciar por olor, sabor y características de la taza los distintos tipos de café panameño. También recolectar el grano de noviembre a marzo.
Aventura en el río
Panamá es uno de los destinos en los que poner a prueba distintas capacidades mientras se practica un deporte de riesgo como el rafting: el miembro más seguro liderará un equipo que conseguirá llegar a la meta sin que nadie caiga al agua.
En el interior, la localidad de La Pintada es famosa por la elaboración de los sombreros pintados que en realidad son tintados: son auténticas obras maestras elaboradas a partir de una sola tira de fibras que se tiñen para generar distintos motivos. De tres días a tres meses hacen falta para elaborar estos sombreros que son los realmente típicos de Panamá.
Los grupos pueden divertirse en un incentivo que incluya distinguir los diferentes mensajes que se pueden transmitir a través del sombrero: con el ala levantada el portador busca pelea; cuando se levanta por detrás, busca pareja…
El hotel Los Mandarinos, de inspiración toscana, ofrece 70 habitaciones en cuatro edificios, dos de ellos en torno a la bonita piscina. Tres salones, el mayor con capacidad para 100 personas, se destinan a eventos en un marco que invita al disfrute de la serenidad y la calma que parece emitir la montaña vecina, conocida como La India Dormida. Hasta su cima se puede llegar en excursiones en jeep.
Panamá sorprende por su variedad: en pocos destinos se puede pasar del ritmo frenético de una capital bulliciosa a la paz que transmite una comunidad indígena que preconiza una vida ligada a la naturaleza; de playas de aguas transparentes a pueblos de montaña en los que se mantienen costumbres ancestrales en forma de sombreros que transmiten mensajes… de un canal que comunica dos océanos a senderos de café que generan sabores únicos en el mundo… Panamá es un universo que nació hace tres millones de años cuando dos continentes se unieron.
El mejor café del mundo
El kilo de café Geisha se cotiza en el mercado a más de 1.200 dólares. Los expertos cuentan que nadie es capaz de discernir su valor en una primera degustación, ya que ni siquiera tiene la sensación de estar probando café. De hecho, es cierto que la primera impresión del paladar al probar el ya mítico café se parece más a la que sugiere el té negro que el café.
El origen se encuentra en los alrededores de un pueblo etíope llamado Gesha. Hace ya casi cien años que empezó a cultivarse en las alturas de Panamá y se puede distinguir por las hojas más alargadas que caracterizan a la planta en relación a otras variedades como la arábica o la rústica. La calidad del Geisha, ya de por sí muy alta.
Fue en 2004 cuando saltó a la fama, en una convención de la Asociación de Cafés Especiales de Estados Unidos (SCAA). Tras una serie de descalificaciones en torno al “no sabe a café”, acabó conquistando a todos los expertos gracias a esas cualidades, hasta el momento valoradas en el té, del tipo de suavidad, aromas y notas cítricas: elegante, refinado, delicado y, sobre todo, perfumado, son rasgos que caracterizan a una bebida única en el mundo., mejora considerablemente cuando más se asciende en altura.




