La productividad en el trabajo es uno de los objetivos más buscados por las aplicaciones, que proponen desde bloquear contenido que no esté relacionado con lo que se está llevando a cabo, a programar descansos o facilitar la gestión de las tareas. Estas se pueden también realizar más rápido gracias a estas herramientas.
Gracias a las apps, el smartphone se convierte en la llave que abre muchísimas puertas, desde las que conducen a mejorar idiomas o llamar al extranjero a precios asequibles cuando el receptor no tiene Internet; aglutinar información sobre los contactos; ordenar las suscripciones o reunir todas las tarjetas de fidelización en un mismo lugar.
Las aplicaciones de productividad no solo facilitan la vida sino que ayudan a una mejor gestión de las tareas. Si resulta estresante llevarlas a cabo, una app puede ayudar a relajarse y aprender a meditar, mientras que otra puede avisar del clima exactamente allí donde el usuario se encuentre: pocas cosas escapan a las apps.
En un universo tecnológico que parece ofrecer de todo aún queda mucho por hacer para que el cliente pueda prescindir de la experiencia y saber hacer del especialista en organizar.
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