CUBA: PUERTAS ABIERTAS

La Perla de las Antillas es sin duda el destino de moda. Está en boca de todos, por lo que cambia y lo que no cambia. Si bien la Administración Trump parece que le pondrá freno al desembarco de grupos hoteleros americanos, ya no hay marcha atrás en el impulso que la isla ha tomado para convertirse en referente MICE.

Por Eva López Alvarez

Fotos Alejandro Martínez Notte

La política puesta en práctica por Barack Obama permitió que la bandera estadounidense ondease de nuevo en la isla, el aterrizaje de vuelos convencionales operados por aerolíneas norteamericanas y el desembarco de miles de turistas de los barcos de crucero que llegan directamente a La Habana Vieja. Sin embargo, esta política entra ahora en una fase incierta. La Administración Trump quiere reforzar el bloqueo e impedir la entrada de capitales americanos en Cuba, si bien no prohíbe el mantenimiento de los vuelos comerciales, al menos de momento.

Incertidumbre

La incertidumbre afecta desde junio al gran número de proyectos que nacieron al calor de las previsiones que apuntaban a una llegada masiva de grupos procedentes de Estados Unidos. También al interés de muchas empresas sudamericanas y europeas que sólo esperaban que Cuba mejorase sus infraestructuras y servicios para optar por el destino.

No obstante, y a pesar del frenazo que supone la visión que el actual presidente tiene de sus relaciones con la isla, todo apunta a que el impulso que Cuba ha tomado para convertirse en referente del MICE ya no hay quien lo pare. Muchos opinan que en el peor de los casos estará amenazado mientras el gobierno del país vecino no cambie de mandatario. Pero Cuba ya ha vislumbrado qué hay detrás de ciertas puertas que va a costar mucho volver a cerrar.

Cambios tangibles

La Habana es el ejemplo claro de los drásticos cambios que está experimentando el país en lo que se refiere a lo que el viajero percibe. El tráfico casi inexistente, la decrepitud del otrora cosmopolita barrio de El Vedado, el abandono de los edificios del casco antiguo… ha dejado paso a una efervescencia que se percibe en la circulación, la recuperación de los inmuebles, el arreglo de las calles… y en la alegría de muchos cubanos que reciben con aplausos una nueva economía que cada vez provoca menos debates políticos en los foros vecinales.

El Gran Hotel Manzana Kempinski de la capital simboliza a la perfección esta transición que Cuba ha empezado a vivir, al menos de manera superficial. El edificio que nació en 1894 como la primera galería comercial de estilo europeo en el país es, desde hace unas semanas, el primer hotel de lujo en el destino.

El Kempinski cuenta con un emplazamiento privilegiado en el Parque Central, con vistas al Capitolio y sirviendo de puerta de entrada a La Habana Vieja. Con 246 habitaciones y suites, las vistas son especialmente llamativas desde el restaurante de la azotea.

La vecina calle Obispo aglutina a los turistas que realizan el clásico e ineludible paseo por las diferentes y bellas plazas que hacen que el casco antiguo de La Habana tenga varios corazones. Muchos dedican algunos minutos a comprar antiguos símbolos políticos que hoy se han convertido en souvenirs sin alma.

Nuevos lujos

El grupo Accor está detrás del otro gran proyecto de lujo que se está desarrollando en la parte más antigua de la ciudad: el futuro hotel Prado Malecón, cuya apertura está prevista para 2018, goza de un emplazamiento único al final de la que quizá es la avenida más bonita de la ciudad.

La sombra de los soportales del Paseo de Prado y la música que tantas veces emana de algún rincón sigue trasladando al viajero a una Cuba feliz y romántica parada en el tiempo e indiferente a lo que sucede en el resto del planeta.

Desde las 218 habitaciones que tendrá el establecimiento se verán dos de los emblemas de la bahía de La Habana: la fortaleza que alberga el castillo de los Tres Reyes Magos del Morro. Cambie todo o nada cambie, los grupos seguirán asistiendo al cañonazo que cada día a las 9 de la noche rasga el aire y probarán la langosta local con vistas al mar.

La visita de El Morro previa a la cena es un interesante recorrido por la historia de Cuba, ya que permite a través de diferentes construcciones y objetos, conocer desde el pasado colonial a la revolución que supuso la instalación en el lugar de Ernesto Che Guevara en el que fue su cuartel militar.

En ningún programa de incentivo debe faltar tiempo para disfrutar del malecón, auténtica alma de un destino cuyo mayor atractivo es el de sus habitantes: la amabilidad y afabilidad del pueblo cubano enamora más allá de las estrategias de seducción desplegadas por los asiduos a este paseo…

Clásicos

Donde el malecón deja de pertenecer a El Vedado y comienza a asomarse al exclusivo barrio de Miramar destaca imponente la torre del Meliá Cohiba. Ofrece 462 habitaciones con vistas a la ciudad o el litoral habanero. Tres de las 22 plantas cuentan con el servicio The Level, aunque es necesario saber que todos los servicios VIP de Cuba siguen estando afectados por la escasez de muchas cosas. Es importante que el cliente sea consciente de esto ya que afecta a todas las prestaciones exclusivas de la isla y las salas VIP de los aeropuertos.

El Restaurante Bar Espectáculo Habana Café es famoso en el país por los espectáculos en vivo que reúnen a las élites extranjeras y cubana en torno a la música caribeña declinada en forma de jazz.

Junto al Capitolio, el Iberostar Parque Central fue durante muchísimo tiempo la única referencia de una gama realmente alta en la parte histórica, con 427 habitaciones de inspiración colonial repartidas en dos edificios comunicados y piscina panorámica en el último piso.

En el mismo Parque Central, el hotel Inglaterra, renovado por el grupo Marriott, debía abrir sus puertas completamente remodelado en el mes de diciembre de este año. Sin confirmación al cierre de esta edición sobre el mantenimiento de esta fecha, la incertidumbre se impone y más teniendo en cuenta que ya se anunció un retraso tras la victoria electoral de Donald Trump.

Todo parece indicar que los planes de la que fue la primera compañía americana en entrar en la isla tras la apertura promulgada por Obama pueden verse amenazados.

El paseo en “máquina” es otra de las actividades que no pueden faltar en cualquier programa de incentivo en La Habana. Los coloridos e impecables vehículos americanos de los años 50 del siglo pasado funcionan como carroza desde la que los viajeros pueden descubrir los contrastes que aún imperan en La Habana: de la recuperación de La Habana Vieja al abandono de Habana Centro, siguiendo por la remodelación de El Vedado y la ya existente exclusividad de Miramar, sin olvidar los espacios más emblemáticos, el malecón y la Plaza de la Revolución.

Trinidad

A 330 kilómetros al sureste de La Habana está una de las ciudades coloniales mejor conservadas del mundo. Reconocida como Patrimonio de la Humanidad, el gran casco antiguo de Trinidad invita a deambular por callejuelas que no han perdido ni un ápice de encanto a pesar de llevar más de 400 años recibiendo a transeúntes de todo el mundo.

En las fotografías, las coloridas casas y sus ventanales enrejados comparten protagonismo con los habitantes que asisten impasibles al incesante aumento de visitantes. La noche en la hermosa Plaza Mayor evidencia que Trinidad es el destino sin playa más turístico de la isla.

Una de las actividades que se proponen para los grupos de incentivo es la elaboración de la canchánchara, el cóctel local compuesto por ron y miel. Trinidad no sólo ofrece adentrarse en la cultura gastronómica cubana: los viajeros pueden asistir a rituales de santería, la versión cubana del vudú haitiano o el candomblé brasileño, que tiene en esta zona de la isla un gran número de adeptos.

Adyacente a la Plaza Mayor se encuentra el Templo de Yemayá, auténtico mito de la cultura afrocubana.

El mejor hotel del destino es el Iberostar Gran Hotel Trinidad, sólo para adultos con 40 habitaciones. Sin el carácter espectacular de las playas de los cayos, a trece kilómetros del hotel es posible disfrutar del mar en la playa de Ancón

Santa Clara y los cayos

El abanico de playas paradisiacas en Cuba parece infinito cuando el viajero descubre los colores de la arena y el mar en los cayos. El archipiélago cubano se compone de 1600 islas y 4000 islotes. Entre ellos, el Cayo Santa María acapara el interés de los inversores extranjeros ávidos de proponer habitaciones de lujo en una costa poco conocida y mucho más llamativa que la de Varadero. Como prueba del interés por este destino, aquí tendrá lugar la edición 2018 de la Feria Internacional de Turismo de Cuba (FIT Cuba), un salón que en las últimas ediciones vio crecer considerablemente el número de planificadores interesados por Cuba como destino MICE.

Se accede por una impresionante carretera que sobrevuela el mar a lo largo de 50 kilómetros. Conduce al conjunto de islas denominado Jardines del Rey entre las que la de Santa María es la mayor.

El Meliá Cayo Santa María es uno de los hoteles de referencia con 358 habitaciones en régimen de todo incluido. “Paradisiacas” es el adjetivo que mejor describe las playas de este área declarada Reserva de la Biosfera. Entre la isla mayor y el cayo, un islote alberga el hotel Villa Las Brujas, gestionado por el grupo hotelero cubano Gaviota: cuenta con 24 cabañas y restaurante con capacidad para 56 comensales. En las cercanías se encuentra el aeropuerto donde aterrizan los vuelos domésticos procedentes de La Habana.

Varadero

Muchos de los participantes en viajes de incentivo que visitan La Habana Vieja se alojan en Varadero, a 140 kilómetros de la capital. Para ellos existe desde abril una nueva propuesta hotelera, de momento la mayor del país: el Iberostar Bella Vista, con 827 habitaciones y ubicado en primera línea de playa, ha optado por el blanco y el minimalismo en el interior en contraposición con la colorida fachada.

Con éste son 15 los hoteles gestionados por Iberostar en Cuba y se mantiene el objetivo de llegar a los 25 antes de 2025.

La excursión a Playa Coral, a 15 kilómetros de la enorme playa de Varadero, con 22 kilómetros, hará las delicias de los amantes del snorkel. Otro clásico del programa de excursiones organizadas desde el emblema turístico de Cuba es la salida en catamarán con destino al Cayo Blanco. No puede faltar la fiesta a bordo a ritmo de reggaeton con paradas para observar los fondos marinos y el baño con delfines.

Meliá cuenta con 27 hoteles en Cuba, diez de ellos en Varadero. El más exclusivo, sólo para adultos y con 630 habitaciones, es el Paradisus Princesa del Mar, que cuenta además con una gran área para convenciones. 400 personas pueden participar de manera simultánea en una sesión de trabajo en el mayor de los espacios

Hace cinco años H10 Hotels apostó por el desarrollo turístico de la cercana reserva ecológica de Varahicacos, gestionando un complejo de cinco estrellas llamado Ocean Varadero El Patriarca. Su nombre homenajea a un cactus legendario de más de 500 años de historia. Con 420 para programas de trabajo de hasta 70 participantes. Es el segundo hotel en Varadero del grupo, que también cuenta en su cartera con un hotel en la Habana y otro en Cayo Santa María.

Un enorme filón

El objetivo de las autoridades cubanas, que han visto en el desarrollo turístico un filón que no piensan desaprovechar, contempla pasar de las 65.000 habitaciones actuales a las 103.000 en 2030. En algunas zonas como el Cayo Santa María la ampliación casi inmediata del parque de nuevos hoteles incluye seis establecimientos, imponiendo un ritmo trepidante al acelerón turístico.

El boom que está viviendo Cuba no se traslada a la población, que aunque expresa cada vez con menos complejos hasta qué punto aplaude la llegada de una nueva economía, sigue viviendo en la escasez y sin la libertad de movimientos que se impuso con la llegada de los Castro al poder.

Más allá de debates políticos, el pueblo cubano parece vivir sus penas con esa alegría tan característica que enamora al visitante. En pocos lugares del mundo la amabilidad es una moneda mucho más corriente que la que se le pueda reclamar al turista, más aún siendo un destino desfavorecido. Sin duda, ése es el gran encanto de Cuba: aunque todavía carece de mucha infraestructura, de mucha profesionalización y de muchas mejoras en el sector turístico, la calidez y respeto de los cubanos compensan cualquier falta.

La incertidumbre lleva tantos años planeando sobre la isla que, con total certeza, tampoco en esta ocasión ensombrecerá la límpida luz que emite Cuba.

El malecón de La Habana

El lugar más concurrido de La Habana es ante todo una defensa de los fuertes golpes que el mar asesta en tantas ocasiones a la capital cubana. Su construcción se inició en 1901 y su primer nombre fue Avenida del Golfo.

Actualmente es un paseo de ocho kilómetros salpicado de monumentos como el que recuerda a las víctimas del Maine, en honor a los marineros que murieron en la explosión del buque estadounidense que desencadenó la guerra entre Estados Unidos y España en 1898 y culminó con la independencia de Cuba como colonia española. Cabe destacar que al actual monumento le faltan los bustos de tres políticos estadounidenses retirados tras la Revolución: William McKinley, portavoz de la declaración de guerra; Leonard Wood, primer interventor en la isla que pasó a ser un protectorado y Theodore Roosevelt, presidente de la nación vecina en el momento de erigirse el monumento.

El malecón es además sede de la embajada de Estados Unidos, que abrió sus puertas en 2015 bajo la Administración Obama tras haber roto relaciones diplomáticas con la isla en 1961, si bien desde 1977 el edificio, que data de los años 50 del siglo pasado, funcionó como Sección de Intereses de los Estados Unidos en La Habana.