Por Eva López Álvarez
Fotos Alejandro Martínez Notte
La Perla del Caribe es desde este año más paraíso que nunca: la reanudación de relaciones diplomáticas con Estados Unidos no solamente aviva el deseo de muchos estadounidenses de conocer la isla. Inversores de todo el mundo ansían entrar en un destino que ya dispone del atractivo necesario para convertirse en uno de los lugares más visitados del mundo. Sin embargo, Cuba aún adolece de infraestructuras que permitan recibir un turismo masivo. Y no sólo eso, la profesionalización del sector sigue siendo una asignatura pendiente en muchos aspectos.
Hospitalidad innata
Pocos pueblos en el mundo son tan sociables y hospitalarios como el cubano y eso se percibe desde el mismo aeropuerto internacional José Martí de La Habana, principal puerta de entrada al país. Situado a 15 kilómetros al sureste de la capital, es operado por las compañías aéreas de referencia a nivel internacional. Air France es la que más conexiones ofrece entre el país y Europa, con once vuelos semanales. La francesa ha añadido una frecuencia en los meses del invierno europeo en previsión del aumento esperado en la demanda. Solamente en el primer semestre de 2015 el número de visitantes con origen en el Viejo Continente aumentó en torno al 25%.
La ampliación de vuelos no sólo afecta al mercado europeo: el americano, tanto desde el Norte como desde el Sur, también gozará de más opciones para llegar a Cuba. Y no sólo en avión: las compañías de cruceros apuestan por un destino que vende una identidad propia, playas de ensueño y un carácter impregnado de música, alegría y ritmo caribeños.
La Habana
Los programas de incentivo en el país empiezan o terminan en la capital, ineludible para todo aquél que quiera sumergirse en la Cuba actual. El malecón es el testimonio vivo de una realidad en la que conviven los nostálgicos de la Revolución y jóvenes ávidos de novedades. El atardecer es el mejor momento para disfrutar de esa luz propia que tiene La Habana.
Precisamente en el inicio del malecón, al comienzo del paseo de cinco kilómetros que culmina en La Habana Vieja, está uno de los hoteles de referencia para los organizadores de viajes de recompensa con destino en Cuba: el Meliá Cohiba, en el barrio de El Vedado, ofrece 462 habitaciones con vistas a la ciudad o el litoral habanero. Tres de las 22 plantas –de la 18 a la 21– cuentan con el exclusivo servicio The Level.
Es uno de los establecimientos más utilizados para conventives (convención + incentivo) gracias a su salón con capacidad para 1000 personas. La sala de fiestas Habana Café propone espectáculos en vivo muy apreciados por los expatriados que conviven con la élite cubana.
El Parque Central
Es el corazón de la capital: la plaza que sirve de frontera entre los distritos de Habana Centro y Habana Vieja reúne los mejores testimonios de la aristocrática arquitectura que otorga a la ciudad cierto aire parisino. A pesar de la decrepitud que los rodea, edificios como el del Capitolio o el Centro Asturiano comparten espacio con los mejores hoteles del centro.
A la espera de que abran sus puertas algunos de los referentes del lujo que ya han comenzado a restaurar varios inmuebles de la plaza, el Iberostar Parque Central goza de uno de los mejores emplazamientos y es referencia del lujo en el país. Tiene 427 habitaciones de inspiración colonial repartidas en dos edificios comunicados y piscina panorámica en el último piso.
En la misma plaza, el hotel Inglaterra deleitará a los amantes de los establecimientos con solera: inaugurado en 1875, la magnificencia de su interior convive con la dejadez que impregna la mayoría de las casas de La Habana.
La Habana Vieja se llena al atardecer de turistas y cubanos deseosos de recibir cualquier cosa que proceda del extranjero. Este ambiente se concentra en la calle Obispo y las cuatro plazas restauradas cuya visita no puede faltar en cualquier paseo por el barrio: la de Armas, la Plaza Vieja, la de la catedral y la de San Francisco abren un urbanismo de callejuelas que albergan locales míticos como La Floridita, famoso por sus daiquiris, o La Bodeguita del Medio, templo del mojito cubano.
Por doquier, souvenirs ligados a los personajes de la Revolución y literatura que ensalza un régimen político obsesionado por justificar su existencia.
Paseo en “máquina”
Un programa de incentivo que se precie incluirá el famoso paseo en “máquinas”: esos coches americanos de los años 50 que quedaron como evidencia de un pasado en el que las postales La Habana reflejaban imágenes de mafia y excesos.
La mayoría de quienes tienen el privilegio de poseer uno de estos vehículos lo cuida con esmero para utilizarlo como taxi. Los más llamativos esperan a los turistas en el Parque Central para conducirles a ese alma cubana que es el malecón, el exclusivo barrio de Miramar o los fuertes que cierran la bahía.
El más emblemático es el Castillo de los Tres Reyes Magos del Morro. Cada noche muchos grupos de extranjeros se desplazan para admirar las vistas de la ciudad y escuchar el tradicional cañonazo de las nueve: precede generalmente a la degustación de la famosa langosta cubana en uno de los dos restaurantes con animación musical que alberga.
El tiro del proyectil se realiza desde la vecina fortaleza de San Carlos de la Cabaña, cerrando la entrada a la bahía de La Habana. Además de su interesante historia –es la mayor construcción militar levantada por los españoles en América y tras la Revolución albergó la residencia del Che Guevara– su amplio patio de armas se presta a eventos multitudinarios.
Trinidad
A 330 kilómetros al sureste de La Habana está una de las ciudades coloniales mejor conservadas del mundo. Declarado Patrimonio de la Humanidad, el gran casco antiguo de Trinidad invita a perderse por las callejuelas intactas desde hace 400 años.
Las casas coloridas son tan características como los habitantes que observan impasibles el paso de los transeúntes detrás de las rejas. Por el día parece que el tiempo se haya detenido en Trinidad. Sin embargo, la noche en torno a la Plaza Mayor es claro reflejo de que es el destino interior más turístico de la isla. En realidad, la costa está a tan sólo siete kilómetros.
Los grupos pueden aprender a elaborar la canchánchara, un cóctel típico local a base de ron y miel. El lugar más emblemático para degustarlo es el restaurante del mismo nombre que ocupa una antigua hacienda. Es uno de los vestigios de una economía que, en torno a la explotación de la caña de azúcar, recurrió durante muchos años a la esclavitud de prisioneros procedentes de África. Una sesión de coctelería es la excusa perfecta para conocer la historia de Trinidad y la influencia que esta población ejerce aún hoy en Cuba. Los viajeros pueden asistir a rituales de santería, una declinación cubana del vudú haitiano o el candomblé brasileño.
Iberostar goza de nuevo en Cuba de un emplazamiento único: en pleno centro, el Iberostar Gran Hotel Trinidad es un hotel sólo para adultos con 40 habitaciones.
De camino entre la capital y Trinidad, Santa Clara alberga un gran mausoleo en homenaje al Che Guevara que es además su lugar de enterramiento. Un pequeño museo describe a través de imágenes y objetos la vida de este argentino de referencia en Cuba.
Los cayos
Las playas son uno de los escenarios más utilizados para programar cursos de salsa. Lo difícil es elegir en cuál, ya que el abanico de playas paradisiacas es enorme. Las mejores se encuentran en los cayos y Cuba se compone de 1600, además de 4000 islotes. Obviamente sólo unos pocos cuentan con infraestructura turística: Cayo Guillermo, Cayo Coco o Cayo Largo figuran entre los más famosos, junto al Cayo Santa María.
A este último se puede acceder por carretera desde Santa Clara siguiendo la ruta de 56 kilómetros que conecta con la costa. Una vez frente al Caribe, un puente de casi 50 kilómetros comunica la isla mayor con el Cayo Santa María. De camino, un islote alberga la Villa Las Brujas, perteneciente al grupo hotelero cubano Gaviota: cuenta con 24 cabañas y un restaurante con capacidad para 56 comensales. Junto al hotel, un pequeño aeropuerto recibe vuelos con origen en La Habana.
Por la cercanía con el archipiélago de las Bahamas, las playas compiten en belleza. El Meliá Cayo Santa María, con 358 habitaciones, es uno de los hoteles de referencia. Además de las tres piscinas, el establecimiento cuenta con acceso directo a una playa de diez kilómetros donde organizar torneos para grupos, sesiones de baile o masajes en el área de spa.
Varadero
Muchos organizadores eligen Varadero para alojar a los grupos debido a la mayor oferta hotelera y su situación geográfica. Sobre la costa norte de la mayor de las Antillas, permite viajar durante una larga jornada a Santa Clara, Trinidad y Cienfuegos. En una excursión de diez horas se puede programar la visita de La Habana incluyendo el paseo a pie por La Habana Vieja.
En nueve horas, los receptivos proponen safaris en jeep por zonas rurales mientras el grupo aprende sobre la historia local, con una sesión de snorkel en la playa Coral y la visita de la ciudad de Matanzas. Esta jornada puede incluir el paso por una finca donde los participantes aprenden a elaborar el afamado mojito.
Otro clásico es la salida en catamarán con destino al Cayo Blanco que incluye, además de las fiestas a bordo durante los trayectos, paradas para hacer snorkel y el baño con delfines.
Submarinismo
Aunque aún no están muy explotados turísticamente, los fondos marinos de Cuba no tienen nada que envidiar a los spots de fama mundial. En el extremo suroeste de la isla, el hotel Villa María la Gorda es en realidad un centro internacional de buceo y ofrece salidas con horarios adaptados a los grupos. Los expertos opinan que los mejores corales de Cuba se observan en esta zona. Quienes prefieran disfrutar de la costa, tienen a su disposición playas de postal en un entorno virgen, tan sólo ocupado por los edificios que aglutinan las 55 habitaciones que componen el recinto, a las que se añaden dos restaurantes y un bar.
La mejor manera de acceder a María la Gorda, dentro del Parque Nacional y Reserva de la Biosfera Guanahacabibes, es volar de La Habana a Pinar del Río.
La Perla del Caribe tiene mucho que ofrecer y sus atractivos serán sin duda más accesibles para los organizadores de viajes de incentivo a medida que las infraestructuras y el servicio se desarrollen. Sin embargo, los clásicos del destino ya gozan de todo lo necesario para garantizar el deleite. Cuba es un valor seguro para programas en los que el disfrute de la playa y el ritmo caribeños se acompañen del aprendizaje de una historia apasionante y la aproximación a una cultura rica como pocas.
De noviembre a abril se extiende la estación seca y hay menos lluvias, por lo que se recomienda viajar en esta época en la que hay además menos riesgo de huracanes. La temporada se extiende de julio a principios de octubre si bien no todos los años son activos.
La situación política de Cuba hace prever que numerosos cambios acaecerán en los próximos años. Prueba de ello son los inversores que a diario llegan a la isla, muchos de ellos del sector turístico. Los cambios no se percibirán a corto plazo, pero a medio se avecina una explosión de posibilidades.
Puros habanos
Aunque el puro elaborado en La Habana se hizo famoso como “habano” en el extranjero, los cubanos presumen de su “tabaco” y es algo que ofrecen de manera incesante a los turistas.
La principal zona de cultivo se sitúa al Este de La Habana, donde proliferan los secaderos que el viajero puede visitar. Sin embargo, no hace falta salir de la capital para mostrar a los grupos el proceso de elaboración de este tesoro nacional. Sorprende la minuciosidad con la que se trabaja cada unidad. Partagás es una de las fábricas que se puede visitar, junto a La Habana Vieja, y su producción figura entre las más famosas junto a las de las fábricas Montecristo, Cohiba y Romeo y Julieta.
Según los locales esta última marca es “más femenina”, mientras que la única diferencia entre Montecristo y Cohiba es que la primera fue fumada por el Che Guevara y la segunda inventada por Fidel Castro… anécdotas aparte, los puros cubanos figuran entre los mejores del mundo y sin necesidad de ser fumador se puede apreciar el proceso de creación. Es además uno de los souvenirs más populares y una de las maneras más sencillas de entrar en contacto con la población local, siempre dispuesta a encontrar un proveedor. Pero se recomienda prestar atención, ya que circulan muchas falsificaciones.




