Por Eva López Alvarez
Fotos E.L.A.
Israel es el país de las pasiones y no sólo la de Cristo. Jerusalén alberga algunos de los principales símbolos de la religión cristiana, en lugares emblemáticos de la Ciudad Vieja
Desde Getsemaní, el barrio donde se ubica el Monte, se puede admirar esa ciudad amurallada antigua y santa que esconde el lugar de reflexión de referencia para el judaísmo: el Muro de las Lamentaciones. Es una de las paredes que sustentan la explanada de las Mezquitas, espacio de culto para la religión musulmana por albergar la roca desde la que Mahoma subió al cielo… Más allá de las creencias, nadie desconoce los conflictos derivados de la concentración de tantos símbolos religiosos en un solo lugar y la realidad geopolítica de Oriente Medio.
Por eso, Israel aplica increíbles medidas de seguridad a cualquier viajero con destino al país, con el consiguiente tiempo de antelación requerido para los controles en el aeropuerto de salida y revisión de los bultos en los diferentes establecimientos. Una vez superadas las barreras, el país origen de tantas cosas es uno de los más interesantes del mundo. Y sin duda el que más para los interesados en la historia de las religiones y la actualidad más candente
País de contrastes
Israel sorprende ya desde el avión: judíos ortodoxos y modernos extravagantes se mezclan con el resto de locales y viajeros que aterrizan en el aeropuerto internacional Ben Gurion, a 14 kilómetros de Tel Aviv. La capital cuenta con un segundo aeropuerto -Dov- utilizado para los vuelos chárter con destino a Eilat, al borde del mar Rojo.
Nada de sinagogas, iglesias, o mezquitas. La primera impresión que recibe el turista de Tel Aviv es la de una ciudad moderna y pujante coronada por los rascacielos que dominan
las largas playas de arena fina. El antiguo puerto mediterráneo es hoy una zona de ocio rebosante de terrazas desde las que asistir a las partidas del popular matkot -tenis de playa- que tanta afición despierta entre los habitantes de la ciudad. El ruido de las pelotas rebotando en las palas de madera a una velocidad sorprendente se hará un hueco en la memoria del viajero junto al bullicio de las calles y mercados como el del Carmel.
Tel Aviv
Es la ciudad más nueva -apenas supera los 100 años- y vanguardista de Israel, aunque también forma parte de su historia ser una de las más antiguas, ya que es fruto del crecimiento de Yafo (Jaf fa para los anglosajones), primera urbe hebrea mencionada en la Biblia y que hoy es el barrio en el que culmina la playa urbana.
El distrito Neve Tzedek es el más animado y cosmopolita. Por el día, el glamour se vende en las tiendas de diseño mientras que por la noche bares y restaurantes rebosan de vida, en muchos locales asociados a la etiqueta gay friendly. Calles como Shenkin, Lilienblum o el bulevar Rothschild son el corazón de esta zona burguesa y bohemia a la vez.
Y es que Tel Aviv se vive principalmente de noche: en la zona del puerto viejo, en cualquier bar de Neve Tzedek o el Sublet Roof Bar, un famoso club nocturno con magníficas vistas del paseo marítimo desde la terraza.
Tel Aviv es además el centro financiero de Israel y la economía nacional se mueve en el barrio de Kiriá. Entre los hoteles de referencia se encuentra el Crowne Plaza City Center, inaugurado en 2008. Ocupa los doce pisos -11 a 23- de una de las torres cercana al centro de convenciones -a media hora por carretera de la playa- y presume de ofrecer acceso al gimnasio mejor equipado de Tel Aviv, ubicado en el mismo edificio. Con 273 habitaciones, el establecimiento dispone de cuatro salas de reuniones, todas con luz natural. La mayor de ellas tiene capacidad para 100 personas
Frente a la playa, el hotel Dan Panorama Tel Aviv es uno de los clásicos: la torre de 18 pisos cuenta con 483 habitaciones. No tiene acceso directo a la arena pero sí uno de los mejores desayunos del país. Pertenece a la cadena local Dan Hoteles, con 13 establecimientos en Israel.
El David Intercontinental es un gigante de 555 habitaciones y 39 suites y una auténtica institución en cuanto a vistas, lujo y emplazamiento, en el barrio de Neve Tzedek.
El establecimiento que goza de mejor ubicación para disfrutar del Mediterráneo es el Renaissance: las 338 habitaciones en 16 pisos tienen balcón privado y acceso a la playa.
Jerusalén
A tan sólo a 60 kilómetros de Tel Aviv, es lo más opuesto que uno pueda imaginar. Lugar sagrado para judíos, musulmanes y cristianos, goza de una atmósfera única en la que la religiosidad impregna cada piedra de la Ciudad Vieja.
El rey de los hoteles más emblemáticos es el King David, testimonio vivo de la historia de Israel. Personajes célebres de todo el mundo se han alojado en él, tal y como demuestra la colección de fotografías que decora los pasillos y 233 habitaciones. Tiene el jardín privado más grande de la ciudad para cenas de hasta 60 comensales. Cada uno de los seis espacios para reuniones son pequeños museos donde organizar eventos para grupos de hasta 360 personas en formato teatro.
Entre los establecimientos de más reciente apertura está el Mamilla, junto a la Ciudad Vieja y la avenida comercial Alrov.
Mamilla. Combina vanguardia y tradición inspirada en la piedra local en las 194 habitaciones. Las vistas desde la terraza impresionarán a los 100 comensales que pueden disfrutar de una cena de gala que termine en fiesta dominando el casco antiguo.
En los últimos años fueron renovados otros hoteles de cinco estrellas, como el Cotitel David, del mismo grupo Alrov. Además de su excelente ubicación junto a la entrada de la ciudad amurallada, también cuenta con una terraza para eventos con las murallas del viejo Jerusalén como telón de fondo. Una gran sala en el piso bajo se utiliza para recepciones de hasta 700 personas.
Aunque sea una ciudad profundamente religiosa, Jerusalén
se ofrece a los organizadores internacionales como un destino en el que utilizar el pasado para lanzar mensajes impresionantes. Por ejemplo, se pueden realizar proyecciones sobre la fachada de piedra de la Torre de David. Es una fortaleza medieval a la entrada de la ciudad amurallada donde se pueden organizar cenas de gala con impresionantes panorámicas tras la visita del museo.
Ciudad Vieja
No hay nada más atractivo en Jerusalén que la visita de la Ciudad Vieja, con sus barrios árabe, cristiano, judío y armenio. Asistir en directo a la actividad en el Muro de las Lamentaciones no sólo sirve
para aprender un poco más sobre el judaísmo sino también para admirar los vestigios del Templo de Jerusalén, dos veces destruido y emblema del reinado de David. Justo encima de una de las paredes laterales que sirve de Muro de las Lamentaciones está la Roca Fundamental, el lugar en el que Abraham fue sometido a la prueba divina de sacrificar a su hijo y desde donde Mahoma ascendió al cielo en un animal mitológico según la creencia islámica.
El lugar está coronado por la deslumbrante Cúpula de la Roca que gracias a su cubierta dorada parece iluminar la ciudad como una
suerte de sol. Junto a ella se yergue la mezquita de Al-Aqsa, el tercer lugar santo de los musulmanes después de La Meca y Medina. La visita de la Explanada de las Mezquitas está restringida a determinadas horas del día.
Uno de los emblemas del cristianismo también está en el interior de la Ciudad Vieja, en la Iglesia del Santo Sepulcro. Siguiendo las 14 etapas de la Vía Dolorosa -Vía Crucis recorrido por Cristo según la Biblia- el viajero accede al lugar donde se produjeron su crucifixión y entierro.
El peso de la historia israelí se hace tangible en el museo Yad Vashem, fuera del casco antiguo y dedicado al Holocausto. Es una de las visitas obligadas para comprender un pasado lleno de dolor en lo que hoy es un remanso de paz y memoria entre los pinos y abetos del Monte Herzl. También alberga el cementerio nacional donde están enterrados los políticos y héroes que conforman la historia de Israel.
Para aligerar el peso de la historia y la religión, nada mejor que un paseo nocturno por Nahalat Shiva, en la parte moderna de la ciudad. Este barrio que aglutina la mayor cantidad de restaurantes, bares y discotecas de la ciudad atestigua que en Jerusalén no sólo se reza.
Mar Rojo
Los 20.770 kilómetros cuadrados de Israel permiten que los organizadores puedan ampliar la inmersión en los dos corazones del país con actividades en el mar Rojo y el mar Muerto. Cuatro horas por carretera separan el Mediterráneo de Tel Aviv del mar Rojo, en la con – fluencia de las fronteras israelí, jordana y egipcia.
Eilat es una ciudad de vacaciones en la que se puede disfrutar el mismo día de un paseo en ca – mello por el desierto, un baño con delfines o el buceo en la barrera de coral. El clima es muy suave durante el frío europeo, de noviembre a marzo, con 20 grados de media.
La terraza panorámica del piso 16 del Ro – yal Beach Isrotel acoge numerosos even – tos con vistas del mar Rojo y las montañas que lo rodean. El hotel tiene acceso directo a la playa y parte de las 363 habitaciones han sido renovadas.
Las montañas desérticas que enmarcan Eilat se prestan para lo que los receptivos locales llaman el “viaje mágico”: los participantes reciben como única consigna la vestimenta que deben llevar.
Entre las actividades posibles, de – gustaciones de vino y paseos en camello, pasando por presentaciones en una tienda del desierto acompañadas de té, componen programas que culminan en fas – tuosas recepciones en el desierto. La práctica de deportes relacionados con la playa es otro de los alicientes de la ciudad: des – de windsurf al kayak, las compe – ticiones en moto acuática o los paseos en yate.
Mar Muerto
A tan sólo dos horas en coche del mar Rojo, siguiendo el camino de Arava hacia la frontera con Jordania, está el mar Muerto. De camino, la travesía del desierto de Neguev es la excusa para admirar un paisaje que parece más lunar que desértico.
Adentrarse en el lugar más bajo del planeta, a 420 metros bajo el nivel del mar, es una experiencia inolvidable: la elevada densidad del agua provoca que no se pueda nadar, sólo flotar. Se recomiendan baños de corta duración debido al alto componente salino.
Entre las actividades propuestas por los receptivos están los desayunos flotantes, o lo que es lo mismo, los bañistas pueden “posar” sus bandejas sobre el agua. Las cálidas temperaturas permiten programarlos incluso en los meses del invierno local. Los grupos pueden disfrutar durante más tiempo de las propiedades de la tierra mediante tratamientos de barro.
La mayoría de los hoteles están en Ein Bokek y son varios los complejos con spa y tratamientos. Esta localidad es el punto de partida de las excursiones a Masada, el lugar arqueológico donde se hallaron los manuscritos del mar Muerto.
En la reserva natural de Ein Gedi se pueden admirar increíbles paisajes y pernoctar en un kibbutz para una total inmersión en la cultura rural.
La diversidad y la cercanía entre lugares muy diferentes caracteriza la oferta de un país en el que todo está impregnado de pasión, ya sea por la manera en la que se viven las religiones presentes o la manera de huir de ellas que se percibe en Tel Aviv.
Israel es modernidad y tradición, futuro y pasado, vanguardia y arcaísmo… una mezcla insólita dentro de un mundo que parece infinitamente viejo y sorprendentemente nuevo según dónde se mire.
Gastronomía de fusión
Israel está habitado por hebreos que desde muchos países del mundo viajaron a la tierra de sus orígenes tras la creación del estado judío en 1948. Resultado de procedencias muy diversas es la gastronomía, que aúna influencias de todo el mundo. Cabe destacar la importancia que se le da al desayuno, tan copioso y completo que muchas veces sustituye a la comida. Incluyen gran variedad de panes, bollos, mermeladas caseras, frutas y frutos secos que se acompañan de ensaladas, huevos, pescados, quesos y se completa con el halva, dulce típico israelí calórico y energético.
Varias recetas típicas de Medio Oriente protagonizan la gastronomía nacional, como el falafel (bolas de garbanzos y sésamo rebozadas en harina y huevo); el humus (puré especiado de garbanzos); la ensalada de perejil, frutos secos, ajo y tomate y la shakshuka (huevos revueltos con tomate y perejil). La religión judía impone una serie de preceptos que regulan el tratamiento que se da a los animales a la hora de la matanza así como la combinación de los alimentos. Los restaurantes y platos que se amoldan a estos rituales van siempre acompañados de la palabra kosher, que certifica -con la firma de un rabino- la correcta manipulación de lo servido.
En Israel se produce vino, siendo cada vez más famosos los caldos de uva cabernet sauvignon que se producen en Golán.




