Por Alejandro Martínez Notte
Fotos Eva López Alvarez
El país más pequeño de Centroamérica y único con salida solamente al Pacífico es un concentrado de colores en forma de playas de arena negra, templos que recuerdan el pasado maya, centros de producción de flores y café y coloridas fachadas en pueblos coloniales. La mejor red de carreteras de la región hace que el destino pueda ser recorrido en programas de cuatro o cinco días: poco países pueden ser descubiertos en tan poco tiempo. El Salvador forma parte del grupo de destinos desconocidos que después de una historia dura lucha por hacerse un hueco en el mapa internacional para incentivos en grupos de tamaño reducido. Pequeños hoteles con encanto en bellos espacios naturales se prestan para ser utilizados para viajes de recompensa ideados para clientes ávidos de propuestas menos manidas.
Hub continental
A raíz de la integración de TACA y Avianca, el centro de operaciones de la compañía salvadoreña pasó a formar parte de los tres hubs de la colombiana, junto a Bogotá y Lima: el aeropuerto internacional Comalapa está conectado con 29 destinos internacionales, entre los que figuran Bogotá, Ciudad de México, Ciudad de Panamá y Lima. Iberia conecta el país de los volcanes con España como parte del vuelo triangular Madrid-Ciudad de Guatemala-San Salvador.
Del pasado al presente
Tras la cruenta guerra civil que asoló el país en la pasada década de los 80, la paz se hizo oficial en 1992. Poco a poco se han ido cerrando las heridas de un destino en el que la amabilidad de los locales esconde el sufrimiento pasado. Bellas iniciativas corresponden al empeño por superar lo vivido, como las rutas por los escenarios del conflicto, que son en realidad bellos parajes naturales, guiadas por antiguos guerrilleros.
La primera pregunta que se plantea cualquier organizador se refiere a la seguridad del destino. Evidentemente es un país en el que es imperativo evitar los lugares de riesgo, aunque éstos no se corresponden con los lugares turísticos. Los propios habitantes se preocuparán por alertar a los dispersados que quieran curiosear por zonas en las que estén presentes las famosas maras, esas tribus urbanas nacidas con el conflicto y cuya existencia es prueba de que socialmente el país sigue teniendo problemas que resolver.
Los espacios más visitados están siempre vigilados por la policía. A pesar de todo se recomienda prestar atención a los efectos personales y no adentrarse solo en las zonas de selva. En realidad es recomendable tener sentido común.
Los 20.000 miembros de la policía turística proceden de la antigua guerrilla, del ejército y de las capas sociales más desfavorecidas que intentan escapar a la atmósfera de violencia que aún perdura en los barrios más pobres. Pueden acompañar a los grupos durante toda su estancia previa petición a la Corporación Salvadoreña de Turismo, que ofrece este servicio de manera gratuita. A veces son los mejores días porque amablemente se prestan a atender la curiosidad de los viajeros con respecto a su realidad cotidiana y compartir su visión sobre la situación del país.
San Salvador
No sólo de la red viaria y de la amabilidad de los salvadoreños presume el país. Las grandes cadenas internacionales especializadas en la clientela de negocios y los grupos de restauración más conocidos del continente americano están en San Salvador. El motivo es que muchas grandes empresas centroamericanas, y algunas extranjeras, tienen sede en la capital.
Aunque esto provoca que a nivel de precios El Salvador sea el país con los precios más altos de Centroamérica, la distancia con los países vecinos se recorta cada día.
La mayoría de cadenas americanas internacionales referentes de la alta gama cuentan con establecimientos en la capital. Uno de los más utilizados es el Hilton Princess por su ubicación en el barrio Zona Rosa, con la mayor oferta de restaurantes, discotecas y centros comerciales de la capital.
Entre las próximas aperturas hoteleras figura el Fairfield by Marriott, con 130 habitaciones, junto al centro comercial Gran Vía en 2016.
San Salvador no se caracteriza por su belleza. No obstante, la catedral metropolitana y la tumba de Monseñor Romero merecen la visita. Es la excusa perfecta para conocer la labor de este mártir de la paz en favor de la reconciliación.
Los Volcanes
Lo mejor de la capital es su situación en un valle rodeado de volcanes. A una hora del centro los viajeros pueden disfrutar de vistas de postal. En un mismo día se puede visitar el centro y disfrutar de la jungla tropical en la cordillera de Apaneca dentro del Parque Nacional Los Volcanes con Cerro Verde, Izalco y Santa Ana.
La subida al Cerro Verde incluye magníficas vistas del lago de Coatepeque. Es una caldera volcánica en la que se puede practicar submarinismo, observando bajo el agua los llamados “jardines de lava”. Varios clubes de windsurf y jetski se ofrecen para la organización de cursos de aprendizaje o la realización de carreras acuáticas.
Antes de iniciar las rutas de senderismo el Izalco se muestra ante las retinas y las cámaras como el volcán perfecto. Es conocido como “el faro del Pacífico”. El mejor panorama se divisa desde los restos de un antiguo hotel construido para observar las erupciones. Éstas fueron ininterrumpidas a lo largo de 200 años… hasta la semana previa a la inauguración del establecimiento, lo que provocó su abandono. Actualmente acoge algunos puestos de artesanía local.
Esta excursión permite descubrir el ecosistema del bosque nublado, habitado por armadillos, zorros, venados, serpientes e infinidad de aves. Se puede programar la subida al cráter para observar su interior. Hay otro volcán más cercano a la capital: el de San Salvador, donde es más sencillo organizar un paseo en torno al cráter.
Ruta de las Flores
Es la más conocida del país, hacia el oriente de la capital: a lo largo de 30 kilómetros se visitan los pueblos de Nahuizalco, Salcoatitán, Apaneca y Juayúa. Durante el recorrido sorprende la cantidad de casas decoradas con llamativos colores y motivos y la infinidad de viveros de flores. Las fábricas de café se ofrecen como puntos de parada durante el trayecto para conocer los procesos de elaboración del que muchos colocan entre los mejores cafés del mundo.
Juayúa es un pequeño pueblo con encanto en el que adquirir la colorida artesanía local. Es además uno de los lugares más activos del país desde el punto de vista cultural, con festivales gastronómicos y exposiciones frecuentes. Como en todos los pueblos salvadoreños, las mujeres acuden al viajero para invitarle a degustar los dulces típicos: maría luisas, semitas de piña, peperechas…
Entre Sonsonate y Apaneca el hotel Santa Leticia, en lo que era una finca presidencial, ofrece bungalós y la infraestructura necesaria para organizar escalada, tirolina y paseos a caballo, además de ofrecer visitas guiadas y degustación de café en la plantación propia.
En Salcoatitán está Los patios, un restaurante que figura entre los mejores del país, no sólo por la calidad de sus platos a base de productos locales de temporada y helados artesanales, sino por las obras de arte de la propietaria. La colección de flores y plantas de la familia terminan de decorar el entorno.
Como parte de la Ruta de las Flores también se puede descubrir lo alto de la jungla en tirolina: Salvadorean Tours propone catorce tramos con alturas que alcanzan los 150 metros.
Arqueología maya
De camino a Suchitoto se conservan los vestigios mayas más famosos de El Salvador, conservados gracias a permanecer sepultados tras la erupción del volcán Ilopango hasta 1976. Precisamente por haber estado 1.400 años bajo las cenizas las estructuras están bastante dañadas, por eso más de uno puede resultar decepcionado si atiende a la denominación local de “Pompeya de América”.
No obstante, a pesar de no gozar de la magnificencia de Tikal (Guate – mala) o Chichen Itzá (México), su valor arqueológico es incalculable ya que se trata de vestigios de un poblado maya y no de una zona ceremonial. La zona fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1993 por ser los únicos ejemplos que existen en el mundo de la arquitectura doméstica construida por esta civilización.
En torno a Santa Ana, segunda ciudad del país, se encuen – tran los restos de recintos ceremoniales: San Andrés, Tazumal y Casablanca. En este último lugar destaca la escuela-taller en la que se recuperan prácticas ances – trales de tinte con añil. Para los grupos se pueden organizar sesiones de teñido de tela pudiendo ser los participantes quienes diseñen los motivos.
Pasado colonial
Santa Ana tiene un centro histórico bastante bien conservado, superviviente de los nume – rosos terremotos de la zona. El Salvador ha perdido, a consecuencia de ellos y la gue – rra, prácticamente toda su arquitectura hispánica. Suchitoto es la excepción. En este pueblo del oriente salvadoreño está uno de los mejores hoteles del país. Los almendros de San Lorenzo ocupa una antigua hacienda reconvertida en hotel boutique con dos suites, seis habitaciones y dos suite-apartamento. Es un establecimiento de lujo en el que disfrutar además de las delicias de su restaurante y las vistas del lago de Suchitlán.
Playas de referencia
Las playas de El Salvador son volcánicas y referente para la práctica del surf. La mejor vista del litoral se aprecia desde el volcán Conchagua, que domina el gol – fo de Fonseca y las costas de El Salvador, Honduras y Nicaragua.La actividad más solicita – da es la iniciación al surf para principiantes o el tiempo libre para deleitarse con las olas entre los que ya tienen experiencia.
Punta Roca en La Libertad es para Lonely Planet uno de los mejores spots del mundo: la razón es que en esta playa las olas rompen hacia la derecha. Varias empresas ofrecen clases.
En la playa San Blas se pueden recibir cursos personalizados durante dos horas. El mejor hotel de la zona es Las Flores Resort Oriente Salvaje, con quince habitaciones, un pequeño spa y la posibilidad de organizar clases de yoga frente al océano.
Ruta de la Paz
Aunque la guerra terminó hace 23 años, las consecuencias sociales del conflicto siguen estando muy presentes. Los habitantes del cerro de Gozapa, en su mayoría antiguos guerrilleros, no han conseguido superar la pobreza generada por los seis años de batallas que se libraron en la zona. En sus propias palabras, la Ruta de la Paz es “un modo de ingresar dinero, dar trabajo a los jóvenes y mantener la memoria”.
Aquellos interesados en el conflicto salvadoreño no deben dejar de visitar el Museo de la Revolución Izquierdista de Perquín, cerca de la frontera con Honduras. Es un homenaje a los considerados héroes y mártires por los locales y una interesante visión de una de las partes. Antiguos combatientes se prestan a acompañar a los grupos que pueden recorrer a caballo los paisajes circundantes y divisar los testimonios tangibles de la guerra.
El Salvador no es tan espectacular como sus vecinos Guatemala y Honduras pero esto no le resta atractivo entre quienes buscan destinos más vírgenes dentro del mapa de los incentivos. La infraestructura hotelera y las propuestas de los receptivos locales hacen del país un lugar a tener en cuenta para grupos de tamaño reducido deseosos de vivir la aventura de descubrir un sitio desconocido para tantos.
Y es que la negrura de las playas del Pacífico, los verdes de la jungla y los colores de las flores y el café durante sus diferentes etapas combinan a la perfección con la amabilidad del salvadoreño, inversamente proporcional al tamaño del país.
Para los amantes del café
Todos los países centroamericanos se vanaglorian de ofrecer el mejor café: en realidad, y gracias a las condiciones climatológicas en las que se produce, en todos se elaboran excelentes cafés que además son muy diferentes entre ellos. Más allá de las cuestiones de gusto, el de El Salvador figura en la lista de cafés gourmet del mercado internacional. De variedad arábica, se produce en cafetales situados entre 900 y 1.200 metros de altura.
El café no sólo produce beneficios. Los centros de producción reciben el mismo nombre. En la Ruta de las Flores, el beneficio El Carmen en Ataco es un lugar muy interesante para conocer el proceso de elaboración. Se pueden organizar degustaciones para grupos: son la mejor manera de conocer las propiedades y el llamativo aroma del café salvadoreño. Aunque muchos ya lo habrán probado ya que varios cafetales destinan prácticamente toda su producción a la cadena Starbucks.
Entre los beneficios para la salud revelados por los científicos, que no ocultan las sombras derivadas de un consumo excesivo, figuran la estimulación de la memoria y los aportes de nutrientes y antioxidantes, así como sus propiedades para reducir el riesgo de diabetes y enfermedades neurodegenerativas.




