LISBOA: MÁS QUE UNA CIUDAD

La capital portuguesa es un destino en pleno despertar que cada día gana en atractivo. Y no sólo la ciudad: el “Triángulo de los Incentivos” seduce a cada vez más organizadores de convenciones e incentivos. El clima, la gas- tronomía, la cultura y un patrimonio excepcional accesible para el sector contribuyen a este renacer, en torno siempre a la flexibilidad y amabilidad de los locales, que saben generar la impresión real de que todo es posible.

Por Vincent Richeux

Fotos: Alexandre Da Silva

La capital portuguesa es la puerta de entrada a Europa desde Latinoamérica y de salida para los europeos. Sin embargo, goza de un gran potencial para que los organizadores de convenciones e incentivos la consideren como destino final. Lisboa y sus alrededores ofrecen una interesante mezcla de tradición y modernidad, de nostalgia y confianza, que se percibe en la oferta de venues históricos y hoteles en los que disfrutar además de la hospitalidad portuguesa.

Tap Portugal

La compañía nacional ofrece conexiones entre Lisboa y 76 destinos internacionales, 26 de ellos europeos. Madrid y Barcelona están unidas a Lisboa con seis vuelos diarios. Desde la integración de Portugalia en 2007, TAP ofrece además vuelos directos desde A Coruña, Bilbao, Valencia, Málaga, Sevilla y Asturias. De hecho, la apuesta de la compañía por comunicar Portugal y España es evidente: en 2013 las conexiones aumentaron un 6%. Lisboa también es un hub continental: Tap ha incrementado el número de rutas a Brasil con refuerzos en Río de Janeiro, Salvador de Bahía, Belo Horizonte, Porto Alegre y Natal, además de contar con dos nuevos destinos: Manaos y Belém. Este año se comenzó a operar la ruta Lisboa-Colombia-Panamá, ampliando los enlaces con la América hispanohablante, que habían comenzado con los vuelos a Caracas.

Air Europa, Air France, Iberia, KLM, Vueling y Ryanair también operan en el aeropuerto internacional, situado a tan sólo siete kilómetros del centro, en el noroeste de la ciudad.

Renacimiento

Durante los últimos años, Lisboa está recuperando un poder de atracción que en algún momento pareció perdido. Hoy por hoy no queda duda del despertar que está viviendo la capital portuguesa: sólo hace falta observar la cantidad de turistas que visita los barrios históricos del centro de la ciudad, dominados por las murallas del Castillo de San Jorge.

Frente al río Tajo, la gran Plaza del Comercio también ha recobrado sus colores y es uno de los lugares más frecuentados. Desde este espacio inevitable del barrio Baixa-Chiado, o Ciudad Baja, tanto visitantes como habitantes pueden disfrutar hoy en día de las riberas rehabilitadas de un río al que durante demasiados años la ciudad dio la espalda: el mismo Tajo donde atracaron durante siglos los buques mercantes que regresaban de las colonias en los años del pasado portugués más glorioso.

En cada una de las siete colinas de Lisboa los barrios vuelven a revelar sus encantos, siempre marcados por una historia y cultura que genera en ocasiones esa impresión tan portuguesa de tiempo suspendido.

Destino MICE

La renovación del patrimonio lisboeta está detrás del creciente atractivo de la ciudad como destino turístico. Ese esfuerzo, iniciado en la capital, no sólo está dando resultados de cara al turista vacacional: cada vez más empresas apuestan por organizar convenciones e incentivos en el centro de Portugal. Como prueba, Lisboa ascendió en 2013 seis puestos en el ranking de la International Congress and Convention Association (ICCA), hasta lograr el noveno puesto en la clasificación mundial de destinos que organizaron eventos con carácter internacional.

La ciudad tiene muchos atractivos sobre los que apoyarse para su promoción. Entre los más importantes figura el hecho de que se trata de un destino que resulta barato en relación a la calidad que ofrece. Este factor compite en atractivo con el clima, benigno la mayor parte del año; la gastronomía y la cultura, especialmente musical. Todo está detrás de actividades de incentivo que completan cualquier programa cuyo eje principal será sin duda el descubrimiento del excepcional patrimonio heredado de la época dorada de los descubrimientos. Lo más destacado es que muchos ejemplos de esta herencia son hoy en día venues en los que organizar eventos de empresa.

En esta red de espacios históricos y culturales con diferentes capacidades se integran infraestructuras modernas que hacen que Lisboa pueda satisfacer las exigencias de cualquier organizador. Y aún hay más: la oferta de espacios y actividades destinadas al sector MICE no se limita a la capital, sino que incluye otras tres ciudades situadas a 25 y 30 kilómetros de la capital: Estoril y su vecina Cascais, frente al océano Atlántico, y Sintra ,que reúne palacios de la antigua monarquía portuguesa sobre una sierra que genera un paisaje completamente diferente.

 “El Triángulo de los Incentivos”

Estas ciudades conforman lo que se conoce como “Triángulo de los Incentivos” y se ofertan como complemento a la capital. De hecho, afirman los locales que no se puede conocer realmente Lisboa sin pasar por Sintra. Ambos destinos están íntimamente ligados por su historia y casi se podría decir que los venues más interesantes de Lisboa están en Sintra. Situados entre el océano y una pequeña sierra, se reparten en una zona considerada por la Unesco como Patrimonio de la Humanidad.

En el camino que une las dos ciudades está el Palacio Nacional de Queluz: de estilo rococó y neoclásico, este castillo fue residencia real de dos generaciones de monarcas en los siglos XVIII y XIX. El interior alberga grandes salas de aparato que se siguen utilizando para recepciones de estado. Tres de ellas se ofrecen para eventos privados, con capacidad para 200 comensales en una cena de gala dentro de la mayor.

Los tres espacios tienen acceso directo a los jardines, ideales para organizar un cóctel que recuerde la fastuosidad del lugar hace tres siglos. Hasta 500 personas pueden disfrutar de una recepción en este lugar privilegiado en el que comediantes reciben a los asistentes con trajes de época durante veladas que pueden estar amenizadas con espectáculos de la Escuela Portuguesa de Arte Ecuestre, que tiene su sede en el Palacio.

En el centro de Sintra se encuentra un segundo edificio real: el Palacio Nacional, fácilmente reconocible por sus dos torres gemelas y blancas. Fue habitado durante ocho siglos por la familia real portuguesa, especialmente durante la Edad Media. Las recepciones más exclusivas se organizan en las salas decoradas con una interesante mezcla de arte cristiano y musulmán. En total, tres salas pueden acoger eventos para entre 80 y 200 personas en banquete.

Pena por encima de todo

Dominando Sintra, y en el punto culminante de una sierra cubierta de bosques, se sitúa el palacio más reciente y también más emblemático: el de Pena. Desde allí, cuando la bruma no oculta las vistas, se disfruta de una vista panorámica sobre la costa atlántica y el río Tajo. Merece la pena ascender caminando desde el centro de Sintra. La caminata, que puede formar parte de un incentivo, atraviesa una parte de vegetación que recuerda esencias tropicales antes de llegar a las ruinas del antiguo castillo de los Mauros.

Construido hace dos siglos para los últimos representantes de la monarquía portuguesa, el palacio de Pena está considerado como el primer y mejor ejemplo palatino de estilo romántico en Europa. De color amarillo y rojo, integra con fantasía muchos estilos arquitectónicos, incluido el manuelino o gótico portugués, inspirado en los logros de los marinos nacionales.

Este palacio real también puede ser utilizado para eventos corporativos. Cualquier formato estará impregnado de la atmósfera victoriana, herencia de las relaciones entre Portugal y el Reino Unido. El salón noble puede acoger cócteles de hasta 80 invitados. Para grupos más grandes se ofrece la Sala dos Arcos, donde organizar cenas de gala para 200 comensales.

Estos venues excepcionales están gestionados por la empresa pública Parques de Sintra-Monte da Lua (PSML), que integra también en su abanico de espacios el Palacio de Montserrate, otro ejemplo de la arquitectura romántica de Portugal.

Cascais: el Atlántico

Lisboa parece refugiarse del océano en la desembocadura del Tajo, que se abre a la inmensidad del Atlántico en Cascais. Muchos incentivos incluyen la estancia en la ciudad como excusa para descubrir el mar y todas las actividades asociadas a él.

Las playas atlánticas y Cascais están a 30 kilómetros al oeste de Lisboa, muy bien conectada con la capital por carretera y tren urbano, que recorre la distancia en media hora. Los grupos también pueden ser trasladados en barco siguiendo el curso del Tajo. La empresa GroupWaterX dispone de una amplia flota que incluye speed boats. Una “carrera” hacia Cascais es un incentivo que permite descubrir las riberas del Tajo.

Las ciudades balnearias de Cascais y Estoril, que atrajeron durante siglos a la nobleza portuguesa y europea, son los principales destinos de playa y cada una cuenta con puerto deportivo. La primera percepción del visitante apunta a que la zona está muy, quizá demasiado, urbanizada. Pero no hay que alejarse mucho para disfrutar de un litoral más salvaje en el que se alternan calas rocosas y playas de dunas donde organizar barbacoas o actividades de teambuilding.

A diez minutos por carretera de Cascais están las playas de Guincho, famosas por sus olas y su viento. Este lugar es perfecto para organizar cursos de iniciación al surf, el windsurf o el kitesurf.

 

Grandes espacios

Sobre esta costa se ubican los hoteles de alta gama y los mejores restaurantes donde saborear los pescados y mariscos locales. Algunos espacios son referencia del mejor alojamiento y la mejor cocina, como el hotel Grande Real Villa Italia. Inaugurado en 2007, el establecimiento es en realidad la antigua residencia del último rey de Italia, Humberto II, que vivió aquí durante su exilio.

El hotel dispone de 124 habitaciones que incluyen diecinueve suites y dos penthouses. Cuenta con catorce salas para reuniones, las más pequeñas destinadas a eventos que aglutinen un máximo de 20 personas. La capacidad de la más grande es de 400 asistentes. Los balcones y la posibilidad de organizar pausas en ellos garantizan agradables breaks frente al océano con vistas a la residencia real. El belvedere, elemento central del hotel, es el mejor lugar para disfrutar de la vista. Un centenar de personas pueden participar en un cóctel organizado en este espacio.

Muchas grandes convenciones tienen lugar en el hotel Cascais Miragem, situado en los aledaños del puerto deportivo. En este hotel vanguardista de 200 habitaciones, cuya arquitectura juega con la profundidad de los espacios, hasta 650 profesionales pueden compartir sala en formato teatro, 800 en cóctel. En total, y gracias a sus dieciocho salas de reuniones, el establecimiento puede albergar eventos de hasta 1.500 personas.

Lisboa: tradición y modernidad

El “Triángulo de los Incentivos” es cada vez más demandado para eventos y no sólo por su oferta, excelente conexión con la capital y cercanía al aeropuerto internacional. También porque muchos organizadores se encuentran con el cartel de “completo” en los hoteles y venues de la capital.

Lisboa gana puestos entre los destinos de convenciones y programas lúdicos para empresas porque se trata de una ciudad pequeña, en la que todo parece estar a mano; las diferentes propuestas en cuanto a espacios están bien comunicadas y la buena disposición de los portugueses hace que casi cualquier formato o actividad sea posible.

Hasta desplazarse de un punto a otro es fácil en esta capital que no sufre de grandes problemas de tráfico. Se puede elegir entre el barco, el tren, el autobús, el taxi -más barato que en cualquier otra capital- y hasta el tuktuk, un triciclo motorizado que se ha multiplicado durante los últimos años como propuesta original para salvar los importantes desniveles que caracterizan a la ciudad. Obviamente, el tranvía amarillo, cuyos modelos más antiguos no sólo transportan al visitante a otros lugares y a otras épocas, es otra opción. También se ofrece para incentivos privatizando su interior.

Belém es el barrio más emblemático de Lisboa. De sus riberas partían los barcos que condujeron a los grandes descubrimientos, aquéllos sobre los que se construyó la grandeza de Portugal hace 600 años. Entre los monumentos que testimonian esa época dorada, el Monasterio de los Jerónimos, de estilo manuelino, es el mejor ejemplo. Puede ser utilizado para eventos: ya se han organizado cenas de gala para grupos de hasta 1.000 comensales en el claustro.

El otro gran monumento del distrito es la Torre de Belém, con su magnífica terraza en la que organizar cócteles para 500 invitados. Las vistas del Tajo al terminar el día no hacen sino reforzar ese carácter meláncolico de la ciudad, que parece mirar hacia el pasado con cierta resignación ante lo que fue y ya no es, siempre con una sonrisa en la cara del que recibe que también transmite confianza en el futuro. Porque el movimiento de las aguas recuerda cada día que la vida sigue…

Junto al Tajo

Siguiendo el curso del río, alineados frente al puerto marítimo, se encuentran algunos de los restaurantes de referencia en la ciudad. Todos ofrecen la vista del Puente del 25 de abril que atraviesa el estuario, bautizado con esa fecha para rendir homenaje al día de la revolución que acabó en 1974 con la dictadura más larga de Europa.

Para admirar este puente, que muchos comparan con el Golden Gate de San Francisco por su similitud, es mejor elegir lugares alejados y con excelente cocina como el restaurante Kais, que tiene capacidad para 1000 personas en bufé. Antiguamente una fábrica, el restaurante mantiene un original estilo, calificado como “industrial chic”. Conserva las estructuras depuradas de la fábrica en un único espacio, iluminado cada noche con la luz de 500 velas. En el sótano ha sido habilitada una gran taberna dedicada a los amantes del vino.

Entre los hoteles especializados en grupos corporativos de la capital portuguesa, el Corinthia Hotel es el que dispone del mayor espacio para eventos profesionales. Con 518 habitaciones y suites, hasta 800 personas se pueden reunir en un mismo lugar acondicionado como teatro. En 2015, una nueva sala completará las quince existentes, siguiendo el proyecto que incluye la construcción de una terraza que ampliará las posibilidades para cenas de gala y cócteles. Hoy por hoy, el hotel ya ofrece en las últimas plantas un precioso panorama sobre la ciudad y el río.

En la misma zona, y situado entre el aeropuerto y el casco antiguo, está el hotel Sheraton Lisboa, que ofrece 369 habitaciones y un spa. El centro de convenciones propio incluye dos plantas con doce salas donde se pueden reunir hasta 600 personas durante un mismo evento.

El hotel Sana Metropolitan, renovado a principios de este año, ofrece once salas para grupos profesionales más reducidos. El grupo Sana, referente en la hotelería portuguesa, cuenta con un total de nueve hoteles en Lisboa. También integra un establecimiento de 97 habitaciones en Estoril, con dos sa

Cerca del Puente del 25 de abril y del Centro de Congresos de Lisboa, el Pestana Palace es una de las joyas de otro de los grupos emblemáticos de la hotelería portuguesa y referencia de la más alta gama nacional. Catalogado como Monumento Nacional, este hotel fue construido en el siglo XIX en estilo neoclásico. Hoy ofrece cuatro cuatro suites reales y salones para eventos siempre dotados de prestigio.

En un ala más contemporánea, con acceso al vasto parque central, están las 177 habitaciones y siete salas de reuniones que también se ofrecen. Hasta 480 personas pueden participar en una convención en estilo teatro. En un segundo edificio, dentro de la parte más antigua del recinto y que en sus orígenes eran las caballerizas, hay ocho salas más entre las que se incluyen los boxes que ocupaban los caballos. Hoy han sido reconvertidos con exquisito gusto hasta crear originales espacios donde organizar pequeños cócteles o reuniones con un carácter más íntimo.

En la cima del Barrio Alto

Uno de los mejores lugares para sentir cómo late el corazón de la capital es el hotel Sofitel Lisboa, situado en la Avenida de la Libertad. Este establecimiento de 167 habitaciones es muy demandado para convenciones de hasta 150 asistentes en teatro. También es un punto de partida muy recomendable para recorrer el Barrio Alto, o séptima colina de Lisboa, allí donde se concentran tiendas, restaurantes y bares de moda.

Una original opción se ofrece para quienes no quieren caminar o, simplemente, prefieren disfrutar de una de las maravillas que genera un urbanismo como el de Lisboa: los ascensores. La subida en el antiguo elevador de Glória es como un viaje en el tiempo durante el que admirar algunos de los mejores ejemplos de la modernidad lisboeta: las autoridades municipales han dejado espacio al arte callejero y esto atrae a artistas de todo el mundo que han dejado su impronta sobre muros y fachadas. Como prueba de que el street art forma parte del carácter de la ciudad, varios artistas locales se ofrecen para asesorar a los grupos de incentivo en sesiones presididas por la creatividad y el color.

Múltiples actividades

Descubrir Lisboa a través de las actividades que se pueden organizar para los grupos es otra manera de percibir el dinamismo de la capital como destino de convenciones e incentivos. Abreu, con oficinas en Portugal, España y Brasil, ofrece servicios de receptivo y organizador de congresos, convenciones e incentivos. Más allá de la cena de gala amenizada con fado, que siempre gusta, se pueden programar fiestas a bordo de un yate de lujo que traslade los grupos hacia Cascais o cursos de cocina en torno al ineludible bacallau, base de algunas de las mejores recetas portuguesas.

Éstas son algunas de las propuestas más clásicas. Sin embargo, abundan las ideas originales, siempre con esa sensación de que el portugués está continuamente dispuesto a adaptarse a los deseos del cliente. Si es importante darle una impronta ecológica al programa, con los ecotuks se puede visitar Lisboa a bordo de originales vehículos que acercan a los visitantes a los artistas locales o a sesiones de degustación de delicatessen .

Las veladas con temática vintage están de moda: además de desplazarse en motos o vehículos de los años 50, los invitados descubren el ambiente de la Lisboa de mediados del siglo pasado en locales ambientados expresamente. La capital tiene hasta fantasmas. Varios receptivos organizan salidas nocturnas con el objetivo de localizarlos… o al menos conocer algunas de las historias tenebrosas que han marcado la cultura popular de la ciudad.

El Tajo no sólo se presta para organizar regatas: el estuario es una reserva natural en la que se pueden organizar cursos de pesca y salidas para la observación de aves.

Las sesiones de golf también forman parte de los productos más demandados para incentivos: en los alrededores de Lisboa hay nada menos que diecisiete campos, en su mayoría de dieciocho hoyos.

En la parte alta de la capital está el mirador de San Pedro de Alcántara, que ofrece un panorama único sobre el castillo y la Ciudad Baja. Pocas cosas hay tan agradables en Lisboa como admirar el crepúsculo desde este lugar antes de explorar la intensa vida nocturna del Barrio Alto. Restaurantes como el Silk Club se ofrecen para grupos que buscan un ambiente tranquilo o quieren disfrutar de una copa con magníficas vistas. Desde el último piso del edificio se aprecia una panorámica que abarca desde el castillo, al este, hasta el Puente del 25 de abril, al oeste.

Al frente, y al otro lado del Tajo, un Cristo monumental semejante al de Río de Janeiro parece abrazar al visitante. Con cada amanecer también parece saludar a una Lisboa que se despierta cada día un poco más.

Eventos en el tranvía

La visita de Lisboa no puede ser completa sin un trayecto a bordo del tranvía amarillo, un símbolo que la ciudad ha sabido cuidar y que actualmente se ofrece como producto para eventos e incentivos, Tirados por caballos, los primeros tranvías empezaron a funcionar en 1873. En 1905, los animales fueron sustituidos por motores eléctricos hasta su modernización completa en 1990. Sin embargo, el interior de madera sigue recordando a los vehículos originales que ayudaban a los habitantes a sobrellevar las escarpadas cuestas de la ciudad.

Hoy en día comparten raíles con otros vagones más modernos a través de cinco líneas, siendo la 28 la más conocida ya que atraviesa los barrios históricos del centro de la ciudad. Su utilización para transfers fuera de una privatización puede resultar difícil ya que en ocasiones son víctima de su propio éxito y es difícil encontrar espacio: conviene tenerlo en cuenta si se recurre al tranvía como medio para desplazar un grupo que quiera entrar en contacto con el usuario local.

Muchos organizadores de incentivos los privatizan para trayectos de 45 minutos que comienzan en la basílica de Estrella y terminan en los alrededores del castillo de São Jorge. Varias animaciones pueden ser organizadas a bordo, como un recital de fado en vivo, degustaciones de vino o de los famosos pasteles de nata.