Por Alejandro Martínez Notte
Ecuador en general y Guayaquil en particular prometen dar mucho que hablar como destino de incentivos. Prueba de ello es la apuesta de las compañías aéreas por conectar capitales con este destino, considerado el centro económico del país. La última compañía en anunciar conexiones directas fue Air Europa, que comenzará a operar el próximo mes de diciembre vuelos desde Madrid.
Desde su fundación en 1538, la ciudad fue ganando en importancia hasta llegar a ser el puerto más grande de la costa oeste sudamericana. Durante el siglo pasado se consolidó como sede de las multinacionales que eligieron instalarse en el país y en los últimos quince años es fiel reflejo de la pujanza de las empresas nacionales. Ecuador cuenta con una creciente clase media ávida de consumir y esto se percibe nada más llegar al Aeropuerto Internacional José Joaquín de Olmedo, a tan sólo cinco kilómetros del centro de Guayaquil. Muchos participantes en viajes-recompensa conocen esta plataforma tras haber hecho escala en su ruta hacia las islas Galápagos. Sin embargo, la ciudad y sus alrededores cuentan con atractivos que merece la pena tener en cuenta.
Centro de Guayaquilna
ye c El país ofrece paisajes muy diversos ya que se divide geográficamente en cuatro regiones: Los Andes (conocida localmente como “La Sierra”); el bosque amazónico (El Oriente); La Costa o Litoral (con capital en Guayaquil) y las islas Galápagos.
Las iguanas son el emblema de la última región, sin embargo son también protagonistas en Guayaquil. Para comprobarlo, nada mejor que un paseo por el Parque Seminario, también llamado Parque Bolívar o Parque de las Iguanas, en la zona colonial y junto a la catedral.
Llama la atención que en pleno centro haya un espacio dedicado a la conservación de estos animales que a muchos extranjeros impresionan, y que circulen y tomen el sol con total libertad. Por eso los viajeros no pueden evitar cruzarse, y fotografiarse, con los reptiles que son en realidad los habitantes de este parque.
Muy cerca, el hotel Oro Verde es el único perteneciente a la red Leading Hotels of the World en el Ecuador continental y ofrece 236 habitaciones recientemente remodeladas. Puede albergar hasta 3000 personas en teatro en el mayor de sus 10 espacios para eventos.
El Wyndham Hotel Guayaquil es muy utilizado por los grupos de incentivo y está situado a pocos pasos del cerro de Santa Ana y el Malecón: tiene 179 habitaciones y cinco espacios para eventos que pueden albergar grupos de entre 15 y 500 personas. Las vistas del Pacífico que se aprecian desde la mayoría de las habitaciones figuran entre las mejores de la ciudad.
Ayer y hoy
Guayaquil nació en el cerro de Santa Ana, que sigue siendo hoy el mejor lugar para observar los colores de la ciudad. Ocupa una colina de 60 metros de altura y desde aquí se aprecia la unión de los ríos que dan lugar al Guayas, eje de la ciudad, al norte; el área comercial de Guayaquil al sur; la isla Santay y Durán al este y el resto de la ciudad al oeste. La subida de los 444 escalones que llevan al mirador principal se puede amenizar con una búsqueda del tesoro.
Precisamente junto al río Guayas, y en el centro urbano, se encuentra uno de los venues más llamativos de Guayaquil: el Palacio de Cristal, totalmente transparente gracias a la estructura original de hierro forjado creada en 1908, alberga cenas de gala y conciertos para los grupos más grandes.
La vida local se concentra en el Malecón, un espacio antes dominado por los cocodrilos y recuperado en 2002 para los lugareños. Son 2,5 kilómetros que homenajean a Simón Bolívar y no miran al mar sino al río Guayas: aquí se concentran hoteles, atractivos turísticos como el Hemiciclo de la Rotonda o la Torre Morisca, espacios culturales y, sobre todo, muchos locales mezclados con turistas.
Desde aquí se organizan paseos en barco en los que apreciar la costa, dibujada por la ciudad y los manglares. Es muy popular para incentivos utilizar un barco que imita el usado por el pirata Morgan a su paso por la ciudad. Guayaquil fue codiciada, y bautizada como “Perla del Pacífico”, por los muchos piratas y corsarios ambiciosos de la plata que se acumulaba en el puerto tras su paso por el estrecho de Magallanes de camino a Panamá.
Se trata de un paseo fluvial desde el que divisar el puerto Santa Ana, el Ba – rrio las Peñas o la isla Santay. El velero tiene capacidad para 160 personas y una zona exclusiva para 60 invitados, en veladas que suelen incluir las llamadas “farras piratas”: son trayectos de una hora que incluyen es – pectáculo y barra libre.
Parque Histórico
Muy cerca del aeropuerto, en el Parque Histórico Guayaquil se puede descubrir cómo era la región antes de que llegase el desarrollo urbano. Las ocho hectáreas que conforman este parque han sido diseñadas con fines educativos, culturales y medioambientales.
En la llamada Zona de vida silvestre se recrea el ambien – te natural de más de 50 especies de aves, mamíferos y otros animales, algunos en peligro de extinción. Los visitantes pueden observar papagayos, águi – las, tucanes, perezosos, ocelotes, monos araña o tapires. En otra área del parque, situados en el contexto de la época llamada “La Pepa de Oro” por la bonanza del cacao, los grupos descubren una hacienda de producción que incluye una inmersión en el proceso de elaboración del chocolate.
En bicicleta
A 800 metros del centro de Guayaquil está la isla Santay y la mejor manera de descubrirla es organizando un recorrido por la misma en bicicleta: durante el trayecto se pueden observar mamífe – ros, reptiles, aves tropicales y especies vegetales locales típicas del paisaje de manglar.
La Cocodrilera es una gran área pre – sidida por la laguna que alberga co – codrilos, boas, iguanas, mapaches y osos hormigueros, entre otros habitantes. Sorprende que tan cerca del centro los grupos pue – dan sentirse en plena naturaleza tropical.
Galápagos
La guinda del pastel que es la vi – sita de Guayaquil en un viaje de incentivo será el viaje a las islas Galápagos. Al hogar de iguanas, leones marinos, tortugas gigantes y tiburones se llega en avión tras dos horas de vuelo desde Guayaquil, situado a casi 1000 kilómetros de distancia. Los aeropuertos de Baltra y San Cristóbal reciben a los grupos que una vez allí podrán admirar los paisajes, fauna y flora del segundo archipiélago con mayor actividad volcánica del planeta.
Otra opción, la mejor para visitar los lugares más recónditos y menos masificados, son los cruceros que suelen durar cuatro o cinco noches.
Durante el trayecto, además de realizar submarinismo en paisajes volcánicos que quedarán para siempre en la retina de los participantes, los más afortunados observarán durante las inmersiones en el mar y laguna interiores especies únicas como las iguanas marinas y los llamados “cactus de lava”, además de las famosas tortugas gigantes y, cómo no, las omnipresentes iguanas que son la imagen de toda la iconografía relacionada con el destino.
El Finch Bay Eco Hotel es el más premiado de los establecimientos del archipiélago, frente a la bahía de Puerto Ayora en la Isla Santa Cruz, y cuenta con su propia oferta de programas para descubrir la superficie tanto submarina como terrestre.
Las rutas de senderismo son otras de las actividades más programadas, con ascensos a volcanes y pingüinos, halcones y otros animales que decoran un marco único.
Guayaquil y Galápagos son un combinado de ciudad y naturaleza litoral único en el mundo: la efervescencia del destino urbano y la magnificencia de las islas volcánicas son los ingredientes perfectos para un incentivo de los que, sin ninguna duda, dejan la boca abierta.
El “sombrero panamá”
Al contrario de lo que muchos creen, el llamado “sombrero panamá” tiene como nombre original “sombrero de paja toquilla”, por la hoja de la palmera con la que se fabrica, y su origen es ecuatoriano. La razón que llevó a asociarlo con Panamá es la gran importación que se hizo de este complemento durante la época de construcción del Canal.
Se dice que comenzó a ser creado en el litoral ecuatoriano, por eso en Guayaquil hay muchos comercios donde adquirirlo y algunos talleres donde los grupos pueden observar el proceso de elaboración. La mayoría se fabrican en las regiones de Montecristi y Cuenca.
La calidad viene dada por la finura del sombrero: a mayor finura mayor valor comercial y más fibra utilizada por centímetro de pieza. El color de la paja original es el más demandado, aunque existen cada vez más versiones que incluyen tintes del hilo de palmera de todos los colores.
Es todo un emblema del país y ha sido reconocido por la UNESCO como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Una actividad de incentivo asociada al sombrero de paja toquilla es personalizar la tira de tela que lo decora y es, como no podía ser de otra manera, el souvenir más solicitado.




