MARRAKECH (MARRUECOS): LA CIUDAD ROJA

Marruecos es la puerta de África y una ventana a la cultura musulmana a sólo un paso de Europa. Con su enclave singular, enmarcada por las montañas del Atlas, Marrakech ofrece una combinación perfecta de exotismo y modernidad que la han convertido en el destino número uno del país

Por Cristina Cunchillos

La llaman la Ciudad Roja por el rosado intenso de su medina, pero el colorido de Marrakech va mucho más allá. Exóticos jardines, palacios cubiertos de espectaculares azulejos, el blanco de las cumbres nevadas del Atlas y un perfecto cielo azul completan la paleta de colores.

En sus calles, bereberes con sus chilabas se mezclan con hombres de negocios y turistas. Calesas tiradas por engalanados caballos circulan junto a ruidosas motos. Y el aroma de jazmín se alterna con otros de maderas, cuero o especias. Marrakech ofrece una auténtica experiencia multi-sensorial que se puede disfrutar a unas pocas horas de vuelo desde España y las principales ciudades europeas. Desde Latinoamérica, también se puede volar directamente desde Sao Paulo a Casablanca, y conectar allí al aeropuerto de Marrakech-Menara, actualmente en expansión.

La medina

El principal atractivo de Marrakech es sin duda la ciudad antigua. La medina es un laberinto de callejuelas rodeado por 19 kilómetros de murallas de adobe con una veintena de puertas de acceso. Y la plaza Jemaa El Fna es su corazón latente y punto de partida de cualquier visita.

Este vibrante espacio peatonal ha sido declarado Patrimonio Oral e Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Durante el día, se llena de puestos donde se vende de todo un poco, mientras encantadores de serpientes, acróbatas, narradores, astrólogos o músicos hacen las delicias del público.

Al caer la noche, se transforma en una auténtica fiesta con un sinfín de puestos de comida y espectáculos. Es fácil pasar horas embelesado observando este continuo trajín desde las terrazas de los cafés circundantes mientras se saborea un típico té a la menta. Pero la medina ofrece mucho más.

A un extremo de la plaza, el minarete de la Koutoubia es un constante punto de referencia, sobre todo cuando se ilumina por la noche. Para los visitantes españoles, esta torre de 77 metros es inmediatamente reconocible por su parecido con la Giralda de Sevilla, ya que ambas fueron construidas por los almohades hace novecientos años. A sus pies se alinean las calesas para hacer apacibles recorridos por la medina.

Algo mucho más divertido, e imprescindible en cualquier programa, es adentrarse a pie por el laberinto del zoco y perderse entre su cacofonía de voces y sus calles repletas de tenderetes. Vendedores de artículos de cuero se pelean por la atención de los turistas mientras, a la vuelta de la esquina, las lugareñas se pelean por llevarse el mejor pollo para el tajín de la noche.

Babuchas, especias, lámparas, alfombras, ropa, dulces… todo se puede encontrar en el zoco. Aquí el regateo es ley de vida y los visitantes pueden poner a prueba sus habilidades de negociación.

Otras visitas ineludibles en un tour de la medina son la Madrasa Ben Youssef, las ruinas del Palacio El Badii o el Palacio Bahía o “de la hermosa”, antigua residencia del visir y sus numerosas esposas y concubinas. Aunque sus salas están vacías, merece la pena perderse por sus patios y encontrar un rincón para relajarse escuchando el murmullo de las fuentes, además de admirar sus espectaculares techos pintados, artesonados de madera y paredes de azulejos.

Cada dos años, el Palacio Bahía acoge la Bienal de Marrakech, una ocasión incomparable para adquirir obras de arte en el marco de esta joya arquitectónica.

En el casco antiguo

En cuanto a las posibilidades de alojamiento dentro de la medina, la opción más auténtica son los riads, típicas casas marroquíes construidas en torno a un patio donde refugiarse del caos del zoco o del calor sofocante (en verano se suelen alcanzar los 50 grados).

Se estima que hay unos 3000 riads en Marrakech, desde casas humildes reconvertidas en hotel a auténticos establecimientos boutique. La mayoría ofrecen un número limitado de habitaciones, pero algunos como el Riad Imilchil, con ocho habitaciones y un completo programa de actividades, se reserva en exclusividad para grupos de pequeño tamaño.

Otra opción más suntuosa es el Riad La Sultana, junto al mausoleo real de las Tumbas Saadianas, con 28 lujosas habitaciones y una compleja decoración de estuco, madera labrada, mármol y azulejos. En su restaurante se puede disfrutar de platos típicos como el tajín, la harira o el cuscús con espectaculares vistas de la medina. Su hammam es el contrapunto perfecto a un día de regateo en el zoco.

Más moderno

No obstante, la gran mayoría de hoteles para grupos se encuentran en la parte moderna de la ciudad, en los barrios de Guéliz, Hivernage o la avenida Mohammed VI. Marrakech registra el 25% de la capacidad hotelera de Marruecos, y más de la mitad de esta oferta son hoteles de cuatro y cinco estrellas.

La Mamounia es uno de los clásicos entre los hoteles de lujo. Construido en 1923 y renovado en 2009, se distingue por la opulencia de sus jardines. Con 209 habitaciones, cuenta con spa y hammam.

Muchos hoteles de cinco estrellas recrean la tradición de los riads en su decoración y distribución de las habitaciones en torno a refrescantes patios, como por ejemplo el Kenzi Menara Palace, con 236 habitaciones, o el nuevo Mandarin Oriental, primer hotel del grupo en África, que abrió a finales de 2015. Ofrece 54 villas al estilo riad en 20 hectáreas de jardines y olivares, además de un spa de casi 2000 metros cuadrados.

Esta oferta de lujo continúa creciendo. En el barrio de Guéliz, el más chic del momento, Radisson Blu Carre Eden abrió en mayo un hotel con 198 habitaciones, spa y salas de reuniones. Pegado al Palacio de Congresos, el nuevo Movenpick Mansour Eddahbi, con 503 habitaciones, tiene prevista su inauguración en septiembre de este año.

Desde aquí, el proyecto M Avenue, una amplia avenida-jardín de 500 metros que conecta el Palacio de Congresos con los jardines de Menara, dará lugar a una nueva zona dedicada al lujo, con espacios verdes, tiendas exclusivas y apartamentos de los grupos hoteleros Four Seasons y Rotana. en 2017 el nuevo Museo Yves Saint Laurent, que incluirá 5000 artículos de alta moda creados por el diseñador.

Actividades para grupos

Rodeando la medina, el palmeral de Marrakech es un espacio de 14.000 hectáreas con más de cien mil árboles: un auténtico oasis dentro de la ciudad. Es también un destino popular donde disfrutar de paseos en calesa o actividades más activas como las excursiones en quad o los paseos en camello.

En el corazón del palmeral, el hotel de cinco estrellas Palmeraie Palace ofrece el encanto de su arquitectura típica marroquí, con pa – tios y jardines donde se escucha continua – mente el murmullo del agua. Es parte del Palmeraie Resort, que incluye también un campo de golf, centro de congresos y una animada zona de ocio con restaurantes y bares donde disfrutar de espectáculos nocturnos.

Otra opción de ocio para grupos es la experiencia folklórica marroquí Chez Ali en las afueras de la ciudad. Tribus de diferentes partes del país presen – tan su música y atuendos típicos. En el espectáculo nocturno se puede asistir a tradiciones como la danza del vientre o una demostración ecuestre. Pero lo mejor de todo es el auténtico festín de platos marroquís, digno de un sultán.

Más allá de Marrakech

La gran mayoría de los programas de incentivo en Marrakech combinan la estancia en la ciudad con excursiones por los alrededores o circuitos de más días para adentrarse en el desierto o las montañas del Atlas.

En el Alto Atlas, Widiane Suites & Spa, a las orillas del embalse Bin El Ouidiane, es un remanso de paz con una exótica decoración oriental. En el embalse y los ríos que le dan su nombre se pueden practicar todo tipo de actividades náuticas, desde esquí acuático, kayak o jetski a diferentes niveles de rafting. Los alrededores del lago se pueden explorar también a pie, terminando el día con un masaje tailandés y una cena mágica bajo un cielo repleto de estrellas en los espacios del hotel.

A media hora por carretera de Marrakech, Terres d´Amanar es un proyecto de turismo responsable donde se puede disfrutar de diferentes actividades en 10.000 hectáreas de bosque, aprendiendo sobre la cultura y tradiciones bereberes. Según sus creadores, es un proyecto que permite a unas 150 familias vivir en el mismo lugar y así evitar el éxodo rural.

Los grupos pueden deslizarse por tirolinas de 275 metros, hacer excursiones a pie y a caballo o participar en talleres de artesanía con una de las comunidades locales. Como alojamiento, dos ecolodges y una tienda para doce personas.

Las montañas del Atlas ofrecen diversas oportunidades, desde rutas de senderismo incluyendo la subida al Toubkal, el pico más alto con 4,167 metros para los más activos, o visitas a pueblos bereberes y plantaciones de azafrán en el Valle del Ourika.

Sin embargo, un viaje a Marruecos no está completo sin la experiencia del desierto. Desde Marrakech, la opción más cercana es el desierto de Agafay, apenas 15 kilómetros al sur de la ciudad. Aquí se pueden organizar excursiones en camello o un safari en vehículos todo terreno por las dunas.

Los que dispongan de más tiempo pueden vivir una aventura más auténtica cruzando el puerto de Tichkal en el Alto Atlas para adentrarse en el Sáhara, pasando la noche en jaimas, las típicas tiendas de campaña de los pueblos nómadas.

Aquí, y en los estudios de la cercana ciudad de Ouarzazate, se han filmado numerosas películas. Adentrándose en camello por las dunas, mientras el ocaso tiñe de rojo la arena, es fácil sentirse protagonista de una aventura en Technicolor…

Oro líquido

El aceite de argán se ha convertido en un producto mágico y de moda que no puede faltar en el equipaje de quien regresa de Marruecos. Sus beneficios para la piel y bienestar parecen ser ilimitados. Hidrata, nutre y regenera el cutis, aportando brillo y volumen al cabello. En el cuerpo tiene un efecto relajante y también actúa como antiséptico, además de proteger de las quemaduras solares, combatir el acné y las estrías. Regenera las uñas debilitadas al promover la renovación celular.

También es recomendable su uso en la cocina, por ser un regulador natural de los índices de colesterol. Además, es rico en vitamina E, que actúa como antioxidante, estimula la capacidad cerebral y la digestión, reduce la hipertensión y los dolores articulares y tiene efectos anticancerígenos.

Este precioso elixir se extrae de los frutos secos del argán, un árbol que crece sólo en el sur de Marruecos. Por eso las tiendas del zoco de Marrakech están repletas de versiones de este producto en forma de cosméticos y ingredientes culinarios. Se pueden visitar las cooperativas de mujeres que lo elaboran en Essaouira. Es el mejor modo de aprender cómo se elabora este oro líquido que no incluye ningún tipo de agente químico. Un souvenir inmejorable que no debe quedar velado por la adquisión de falsas imitaciones. Atención.