Por Eva López Alvarez
Fotos E.L.A. / VisitScotland Business Tourism
La mayor parte de la planta hotelera de Escocia se encuentra en el sur, allí donde se concentran las ciudades evitando el duro clima del norte de la nación. Solo una hora de trayecto separa los dos centros neurálgicos escoceses: Glasgow y Edimburgo. Aunque la primera sea más grande, la segunda es capital del país desde el siglo XV. A poco más de una hora de vuelo desde Londres, su auge se produjo de la mano de la Universidad.
Edimburgo
Goza de gran efervescencia cultural, coronada por el Festival de Edimburgo que se celebra en el mes de agosto. Sin embargo, no deja de ser una ciudad que desprende tranquilidad junto al estuario del río Forth. Tiene cierto aire fantasmagórico que se refuerza en los días de niebla. Son muchos al año, y no por ello el destino pierde atractivo, sino todo lo contrario. Generan una atmósfera que invita a degustar el whisky o disfrutar de las delicatessen locales mientras se recorre el casco antiguo durante una visita amenizada con leyendas medievales, historias de vecinos tenebrosos y cuentos de alcoba: cuántos secretos encierran los patios escondidos…
Edimburgo es una ciudad construida sobre colinas de basalto que dan lugar a una geografía llena de desniveles, con varios miradores desde los que disfrutar de las vistas panorámicas, ya sean hacia lo alto o hacia abajo. Llama la atención la altura de algunos edificios medievales: hasta siete pisos, contribuyendo a ese carácter intrigante que tanto suele agradar al visitante.
Lugares para eventos
Coronando la ciudad solo podía estar el castillo de Edimburgo, un lugar ideal para organizar una cena de gala: la oferta incluye varios salones, pero el de la Reina Ana es el más demandado para banquetes hasta 120 comensales. La visita de las salas, entre las que se encuentran las joyas de la Corona y la piedra sobre la que se reconocía a los reyes, se puede incluir como actividad previa al banquete.
En la abuhardillada Jacobite Room, dominando la ciudad, se pueden organizar comidas para 100 personas en un entorno más intimista. En verano, utilizando los patios exteriores, los eventos pueden aglutinar hasta 1.000 invitados. Desde todo el recinto se puede disfrutar de magníficas vistas de la capital y la Milla Real, la calle comercial más concurrida por los turistas.
Otro lugar del centro histórico que impregnará cualquier acto de elegancia y solemnidad es la Signet Library. Cuando Jorge IV la visitó dijo que era uno de los espacios interiores más bonitos de toda Europa: sin duda lo es. El recibimiento con gaitas será solo el preludio a la admiración que sentirán los invitados en el interior. La posibilidad de jugar con las luces durante un espectáculo con música y baile hacen que sea un lugar recomendable para una cena de cierre.
Entre las dos bibliotecas destaca la superior, donde se pueden organizar cenas de gala hasta 220 comensales.
Hoteles
The Balmoral, miembro de la colección Rocco Forte, es un hotel emblemático no solo en la ciudad sino en todo el Reino Unido. Dispone de 188 habitaciones y siete salas para eventos, la mayor con capacidad para 350 delegados en estilo teatro. Todos los espacios gozan del mismo prestigio que el restaurante Number One, con una estrella Michelín. En el bar, con más de 400 variedades de whisky, se pueden organizar degustaciones para grupos en las que aprenderán a diferenciar los matices del oro local.
The Georges Hotel, también en la parte baja de Edimburgo y muy cerca de los Jardines de Princesa, es buen punto de partida para descubrir la ciudad más moderna y con las mejores opciones de shopping, siempre cerca del casco antiguo. Cuenta con 249 habitaciones en los siete pisos de un edificio del siglo XVIII. Para reuniones y eventos ofrece nueve salones, algunos con vistas panorámicas. Para grupos más pequeños, la Panorama Suite es una opción original gracias a su terraza. No son muchos los que organizan en Edimburgo sesiones de trabajo al aire libre, sin embargo hay días en el año en los que es posible hacerlo.
Glasgow
La ciudad industrial escocesa por excelencia ha sabido mantener sus pasados obrero y victoriano sin renunciar a la modernidad más vanguardista. Edificios como el SECC (Scottish Exhibition and Conference Centre), a orillas del río Clyde, simbolizan la transformación de la urbe. El hotel Crowne Plaza está a tan solo unos minutos y tiene 293 habitaciones.
Glasgow rebosa dinamismo y merece la pena tener en cuenta el programa de actividades culturales coincidente con el viaje, ya sea de incentivo o de trabajo. Los eventos organizados cada día son otra vía para descubrir que es una ciudad en la que todo se mezcla, pero siempre con el carácter más progresista del país como hilo conductor.
Un ejemplo del sentido ecléctico local es la House for an Art Lover, allí donde Charles R. Mackintosh defendió los preceptos del art nouveau en una sociedad concentrada en la industria y muy poco receptiva a aquella estética. A diez minutos del centro, está situada dentro del parque de Bellahouston y se presta para cócteles y banquetes, combinados con la visita de las salas.
Sueño de diseño
Una buena opción para un viaje de incentivo en Escocia es que los grupos descansen disfrutando del clasicismo de Edimburgo y esto se combine con la modernidad que desprenden Glasgow y sus hoteles. La capital futbolística de los Celtics y los Rangers cuenta con establecimientos de diseño, muy en sintonía con su atmósfera.
El CitizenM es buen ejemplo de ello: en el centro de la ciudad, cuenta con 198 habitaciones en las que dominan los blancos, rojos y negros. Las líneas curvas y la iluminación de espacios tan llamativos como la escalera rompen con la estética lineal de la mayoría de los ambientes.
También en el centro, el hotel 15Glasgow se presenta a sí mismo com o un luxury bed & breakfast. Es una bonita recuperación de la que fue la casa de un exitoso comerciante de la zona en base a una estética muy depurada y dando prioridad a la luz.
El Hotel du Vin, en el barrio del West End, ocupa cinco casas victorianas y ofrece una terraza ajardinada muy utilizada para eventos durante el día y con buen tiempo. La elegancia y sobriedad de sus 49 habitaciones se combinan con la modernidad tecnológica en un hotel que presume de su exclusividad. Para los fumadores hay un espacio con calefacción donde acompañar el habano con una de las 300 variedades de whisky propuestas por el bar.
La mayor parte de los atractivos turísticos están al norte del río Clyde. Allí está The Lighthouse, el mejor sitio para descubrir la evolución de la ciudad cuya población se multiplicó gracias a los astilleros, dentro de un edificio también diseñado por Charles R. Mackintosh. La entrada incluye el ascenso a la torre que lleva su nombre: desde ella se pueden apreciar las mejores vistas de la ciudad y los espacios verdes que la componen. Como un auténtico gentleman Nada mejor para sentirse
como un auténtico gentleman
que la visita con cena incluida en el yate real Britannia, anclado en el puerto de Leith, a tres kilómetros del centro de Edimburgo. Allí donde cenaron en compañía de la reina personajes de la talla de Winston Churchill, Gandhi o Nelson Mandela, se pueden organizar banquetes para un máximo de 380 personas si se combinan los espacios interiores y la cubierta.
Las degustaciones o cursos de cata de whisky se pueden programar en los mismos hoteles o en lugares como el Whisky Experience, en la Milla Real de la capital: allí los participantes descubren que en Escocia hay cuatro regiones productoras. Durante la visita, en español, se descubre todo el proceso de elaboración a bordo de un tonel, para terminar con una degustación junto a la mayor colección de botellas del país.
Variedad de excursiones
La visita de las dos mayores ciudades del país es un incentivo en sí mismo que se puede acompañar de múltiples excursiones. Para los que quieran disfrutar de la costa es posible organizar una travesía en lancha rápida por el estuario del río Forth desde Edimburgo. Por qué no un momento de navegación en velero cerca de Glasgow por la bahía de Brodick.
Solo 60 kilómetros separan la capital industrial de Stirling, la cuna de William Wallace, el héroe local que el mundo conoció de la mano de Braveheart. En sus afueras está la torre-monumento que le rinde homenaje. Dicen que este destino es uno de los secretos mejor guardados de Escocia, poco frecuentado por los turistas, que suelen quedarse en las ciudades o irse al norte. El pueblo que se construyó bajo el castillo que hoy en día sigue dominando la región es una auténtica belleza. Tan llamativa como la de los paisajes que se apreciarán durante un día recorriendo el Parque Nacional de los Trossachs, donde se pueden organizar cruceros atravesando el lago Lomon: es el más grande del país y cuenta con 35 islas.
Desde Edimburgo, la opción de lujo para cinco días es el paseo por las Tierras Altas del norte en el tren The Royal Scotsman. Acondicionado con el mayor refinamiento para los 36 pasajeros que pueden dormir a bordo, el trayecto se puede acompañar, cómo no, de una degustación de whisky. Existen otras alternativas de menor duración, incluso con salida desde Londres para un viaje de dos días hasta la capital escocesa: obviamente, con la ceremonia del té a las cinco de la tarde. Las cenas de gala se suelen acompañar de música en vivo.
El recorrido hacia el norte es la mejor manera de apreciar las imágenes que todo el mundo asocia al destino: enormes valles con el agua omnipresente y lagos con ruinas que albergan decenas de leyendas. Llaman la atención las casitas aisladas que siempre cuentan con cabina telefónica al más puro estilo británico y ovejas en los alrededores.
Los grupos más activos podrán hacer rutas de senderismo con la recompensa de poder admirar los paisajes desde arriba, siempre que la climatología lo permita.
Si hay una actividad en la que Escocia es referencia, incluso con su clima, es el golf. El campo de Old Course, en St. Andrews, a 80 kilómetros de Edimburgo, es el más antiguo del mundo y no es fácil de utilizar: es público y no se puede reservar con antelación. Sin embargo, la simple visita ya merece la pena: el cercano mar podría dar testimonio de las condiciones tan adversas a las que se enfrentan los jugadores en días de viento y lluvia: el reto de llegar hasta el mítico hoyo 18 es aún mayor. El hotel Rusacks, justo frente al hoyo, reúne a la élite internacional los días de torneo.
Desde el magnífico Old Course Hotel también se divisa el campo y el mar. Tiene 144 habitaciones y ofrece la posibilidad de organizar un paquete en el que se incluya la práctica del golf en su campo The Duke´s. Es otro de los lugares donde organizar una degustación de whisky gracias a su colección de 200 variedades.
Destilerías
Una de las más antiguas del mundo está a 85 kilómetros al norte de Edimburgo: The Famous Grouse cuenta con espacios para eventos hasta 275 personas.
Dormir en un castillo
Muchos hoteles llenos de encanto ocupan los espacios de antiguos castillos, en un ejemplo de recuperación de edificios históricos con carácter turístico. En algunos no faltan ni las historias de fantasmas:
Dalhousie Castle & Spa
A 13 kilómetros al sur de Edimburgo, en cualquiera de sus 29 habitaciones los participantes de un viaje en incentivo se sentirán como parte de cualquier leyenda. Aún más si les visita alguno de los fantasmas que también merodean por los agradables jardines, ideales para la cohesión entre miembros del grupo durante un paseo al final del día. Qué mejor que rematar una jornada degustando la gastronomía local bajo las bóvedas de piedra, mientras las armaduras parecen observar al comensal.
Fonab Castle Hotel
Abierto en mayo de 2013, combina el carácter de un edificio del siglo XIX con la modernidad más actual. Está situado a 90 minutos de Edimburgo, en el corazón de la región de Perthsire y las Tierras Altas. Cuenta con 26 habitaciones, ocho lujosas cabañas y jacuzzis privados. Merecen especial atención las vistas del restaurante. El cercano río Tay es famoso por la pesca del salmón, así que se puede organizar una actividad en torno a la pesca durante la temporada, coincidiendo con el verano europeo.
Cromlix House Hotel
Situado en Stirlingshire, a 45 minutos de Edimburgo y Glasgow, fue inaugurado en abril tras la reconversión de un edificio de 1874. Cuenta con 14 habitaciones, cada una dedicada a un escocés célebre, y se encuentra en plena naturaleza, ofreciendo múltiples actividades para completar un programa de incentivo. Entre ellas, el tiro con arco, el golf o la cetrería. Además, cuenta con la oferta gastronómica del reconocido chef Albert Roux.
Auchentoshan, cerca de Glasgow, es una de las pocas en la zona que aún continúan activas. Los whiskys son más suaves que los que se producen en otras zonas del país. Sea como sea, no hay que viajar a Escocia sin regresar habiendo aprendido por qué esta bebida es indisociable de los escoceses. Los suelos del país otorgan a la bebida unas cualidades que hacen que muchos la consideren la mejor del mundo.
Al parecer fueron unos monjes cristianos quienes comenzaron a destilar el whisky en Escocia, manteniendo unos criterios que aún hoy son de obligado cumplimiento para que la bebida sea considerada nacional: tiene que ser destilada en un centro local y con cebada malteada, o hervida hasta su germinación, como único cereal presente. También hay que respetar un proceso de envejecimiento que no puede ser inferior a tres años. No se puede embotellar el resultado si su graduación es inferior a 40º.
Shopping
Algunos viajeros querrán llevarse de recuerdo un kilt, el traje de gala de los escoceses. Lo siguen utilizando en ocasiones especiales, de hecho es el equivalente local del smoking. Como todo el mundo sabe, consiste en una falda, bajo la que se esconde siempre el misterio de si hay algo, o no. Su origen está en las Tierras Altas, donde utilizaban una tela larga que se enrollaba en torno a las piernas. Era diferente al de hoy en día, que se ha convertido en una falda con camisa: antes se cruzaba por el hombro.
El diseño o tartán es específico para cada clan. Todo esto y mucho más, como el proceso de elaboración de los tejidos, se puede aprender en el Tartan Weaving Mill de Edimburgo. También se pueden comprar trajes, pero quienes quieran adquirir la misma calidad que la élite local optarán por Geoffrey, el negocio familiar con mejor reputación en la capital, en el casco antiguo.
La lana y todos los artículos relacionados con ella también forman parte de los recuerdos más apreciados. Desde hace dos siglos, Escocia es referencia en la producción de cachemir. Tanto en Glasgow como en Edimburgo hay tiendas especializadas, aunque no todas venden el más exclusivo de los artículos nacionales: las prendas Fair Isle son producidas en las islas Shetland según técnicas manuales ancestrales.
Escocia ofrece muchísimas posibilidades, siempre basadas en la tradición pero sin renunciar a la modernidad. Un incentivo en el país tiene muchas posibilidades de ser un éxito. Si algo falla, el agradable carácter de los escoceses ayudará sin duda alguna a encontrar solución.
Highland games
Es una versión local de las Olimpiadas que hará reir a más de uno. Recomendamos programarla como actividad de medio día que culmine con una comida o una cena.
Hay numerosos espacios para organizarlos, muchos de ellos son castillos donde disfrutar además de la naturaleza circundante. Hasta 120 participantes se dividen en grupos. Cada uno debe superar las diferentes pruebas, una más original que la otra. Estos son solo algunos ejemplos (el organizador decidirá si los hombres deben competir vestidos con el kilt ).
- Lanzamiento de bota de caucho: hay que superar una distancia estipulada y no salirse del espacio delimitado.
- Lanzamiento de tronco de madera: para los que consideraban difícil calcular la trayectoria de la bota de caucho… otra prueba consiste en lanzar cual jabalina un enorme tronco de madera.
- Baile regional: se suele organizar en interiores. Los jugadores deben memorizar una coreografía y convencer a los “profesores” de que sus aptitudes son lo suficientemente elevadas como para pasar a la prueba siguiente.
- Tocar la gaita: para los que se quejan de la dificultad del lanzamiento de cosas, se divertirán cuando intenten tocar el instrumento escocés por excelencia.
- Tocar el tambor: así no se siente solo quien toca la gaita. El resto de su equipo le acompañará con la percusión. Una buena manera de liberar energía.
- El arte de la cetrería: sin duda una oportunidad divertida de descubrir un arte tan arraigado entre la sociedad rural. Es muy agradable observar la destreza de los criadores y la elegancia del vuelo de las aves. Eso si, más de uno quedará impactado cuando se pose en su muñeca algún ejemplar de impresionante envergadura…




