TURQUÍA: EL ORIENTE MÁS OCCIDENTAL

Turquía conecta dos continentes y su capital es un exótico cóctel de influencias europeas y orientales que definen una poderosa personalidad árabe. Tradición y religiosidad conviven con modernidad y efervescencia juvenil en un destino en el que lo más difícil es elegir entre todas las opciones fascinantes que ofrece.

Por Alejandro Martínez Notte

Entre el Mediterráneo y el Mar Negro, entre Europa y Asia, entre Occidente y Oriente… la situación geográfica hace que Turquía sea el punto de encuentro de varias civilizaciones, incluso de varios mundos, que no sólo se mezclan en este país sino en cada calle de su capital.

Para algunos Turquía es Europa, para otros es la cabeza de la modernidad medio-oriental… lo que es seguro es que el país de los otomanos es un continente en sí mismo; un gigante que contiene especias y coches de lujo; tradiciones milenarias y una modernidad efervescente que se puede visualizar en Estambul con sólo pasear en torno a la plaza de Taksim.

La capital es sinónimo de contrastes y eso genera numerosas ventajas. Cada viajero puede decidir qué es aquello que más le atrae y crear su propia receta turca mezclando a sus anchas lo que considere básico con otros ingredientes.

Y es que Turquía sorprende y seduce. No sólo por la mezcla de pasado, presente y futuro que define el patrimonio y ambiente de Estambul, también por los increíbles paisajes que se pueden encontrar en las diferentes regiones del país… sin olvidar la gran variedad de opciones que ofrecen los receptivos locales para disfrutar de todo lo que Turquía ofrece. Por eso las posibilidades para organizadores de incentivos únicos son infinitas.

Estambul

La ciudad de las siete colinas cuenta con dos aeropuertos internacionales: el mayor es el Atatürk, en la parte europea y base de operaciones de Turkish Airlines, la aerolínea nacional, y el resto de aerolíneas convencionales que operan en el país; mientras que el de Sabiha Gökçen agrupa a las compañías de bajo coste, además de numerosas conexiones domésticas.

Aterrizar en el segundo aeropuerto supone una primera incursión en Asia y seguramente una pronta travesía del Puente del Bósforo, el primero del mundo que unió dos continentes en 1973. La mayoría de los hoteles, patrimonio cultural e histórico y oferta turística se encuentran en la zona europea.

La mejor manera de visualizar el carácter de puente que tiene Estambul es comenzando por un crucero por el estrecho del Bósforo, que une a lo largo de 31 kilómetros el mar de Mármara, donde muere el Mediterráneo, con el Mar Negro. Se pueden recorrer en cualquiera de las muchas embarcaciones que cada día trasladan a turistas y autóctonos desde la mezquita de Sulimán el Magnífico o en barcos privatizados con fiesta a bordo. Resulta difícil decidir si el trayecto es más llamativo de día o de noche. También se pueden organizar regatas.

A los pies del estrecho, y con embarcadero privado, está una de las referencias del lujo en Estambul: el Kempinski Ciragan Palace fue residencia de los sultanes y actualmente se divide en dos partes que reúnen un total de 282 habitaciones y 31 suites. La parte del palacio propiamente dicha cuenta con 16 salas para eventos recientemente renovadas y capacidades entre 50 y 1.000 personas. La parte concebida como hotel incluye cuatro salas de reuniones de hasta 35 personas. Las fiestas más exclusivas se organizan en la terraza del palacio, que puede albergar hasta 1.100 invitados.

También se pueden organizar eventos en los jardines del Palacio de Beylerbeyi, bajo el Puente del Bósforo. La que fue residencia de verano de los sultanes hasta 1923 es hoy uno de los mejores lugares para apreciar los contrastes que definen Estambul: en pocas ciudades se puede visitar un edificio histórico coronado por un puente que simboliza a la perfección la apertura de Turquía al mundo.

Sultanahmet

La mejor vista de la colina de Sultanahmet, que alberga buena parte del patrimonio más visitado, y de la ciudad, se aprecia desde la Torre de los Gálatas: desde aquí se puede divisar cómo dos mares, un estrecho, siete colinas y un estuario convergen en Estambul. La vista en 360 grados de la Torre incluye El Cuerno de Oro, los dos puentes que comunican Europa y Asia, el estrecho del Bósforo y la interminable cantidad de edificios que demuestra que en Estambul conviven más de 14 millones de personas.

Ya sea comenzando por el agua o por tierra, la primera visita obligada son las dos grandes mezquitas de la ciudad. Conviene evitar la temporada más turística, de abril a octubre, cuando la afluencia de visitantes dificulta la entrada. Sorprende la cercanía de Santa Sofía de Constantinopla y la Mezquita Azul, tan sólo separadas por una avenida siempre llena de locales y extranjeros impresionados por la magnificencia de ambas construcciones.

En la misma mañana se puede incluir la visita del Palacio de Topkapi. En realidad se necesitarían muchos días para recorrer los 700.000 m2 de superficie del que fue el mejor reflejo de la época imperial de la antigua Constantinopla. Sólo el harén del sultán contaba 400 habitaciones. La visita de las mezquitas y este recinto palaciego significa recorrer once siglos en un mismo día.

Un país musulmán

La omnipresencia de las mezquitas recuerda que Turquía es un país mayoritariamente musulmán: sólo imperiales, o equivalentes a las catedrales del mundo católico, hay 450. Esta cifra incluye las que fueron construidas por expreso deseo de los sultanes. Y no son más que parte de las 2.562 mezquitas que cuenta Estambul y de las 70.000 que se reparten por toda Turquía.

Desde hace dos años es obligatorio el uso del velo para las mujeres, que también deben llevar las piernas cubiertas. En caso de olvido, en la entrada se ofrece todo lo necesario para poder acceder según las normas locales.

Turquía es uno de los pocos países del planeta en los que los extranjeros pueden visitar el interior de las mezquitas. Y no sólo eso: los organizadores pueden contar con sus patios exteriores como venue, aunque sin la posibilidad de contratar bailarinas ni ofrecer alcohol en el menú.

El Four Seasons es el mejor hotel de la colina de Sultanahmet y ocupa lo que fue una antigua cárcel de mujeres. Con 60 habitaciones y tres espacios para eventos, puede albergar cenas de gala para 200 personas en su mayor sala. Es otro de los hoteles que cuentan con embarcadero propio.

En la Cisterna de Yerebatan también se pueden organizar eventos: esta estructura subterránea es única. Se trata de una basílica-cisterna de 9.800 metros cuadrados construida hace quince siglos para abastecer los palacios y mezquitas de Sultanahmet.

Taksim

El distrito de Pera también forma parte del Estambul histórico. Tradición y modernidad conviven en esta joya de la ciudad que cuenta con dos coronas: la Torre de los Gálatas, desde donde divisar la inmensidad de la capital, y la Plaza de Taksim, donde respirar la efervescencia de la juventud turca. Tras la caída del sol cientos de personas frecuentan los múltiples locales que se concentran en la zona y las tiendas de una de las principales arterias comerciales de Estambul: la Istiklal Caddesi, o Avenida de la Independencia.

La constante ampliación de la planta hotelera es prueba del dinamismo de Turquía como destino turístico. The Public es una de las últimas novedades para el mercado de incentivos. La estética industrial y vintage impregna cada una de las 52 habitaciones.

Los amantes de lo clásico preferirán el Pera Palace, una auténtica institución ya que fue el primer hotel de lujo que se construyó en el país. Aún conserva el esplendor de 1890 en las 115 habitaciones decoradas con una elegante mezcla de estilos art nouveau y oriental. Cuenta con spa y hammam.

Muy cerca, la calle Rumeli reúne numerosos restaurantes y tiendas internacionales,

como preludio a las referencias del lujo a nivel planetario que se concentran en la calle Abdi Ipekci. The House Hotel Nisantasi es uno de los hoteles boutique de mayor prestigio y sus 44 habitaciones se ofrecen a quienes quieran combinar historia, tradición y shopping en la capital.

Otra de las referencias de hotelería boutique se encuentra en la parte asiática: el A´jia es la antigua residencia de un jerarca otomano y ofrece excelentes vistas de la parte europea desde la orilla del Bósforo. Con sólo 16 habitaciones, sus jardines son una de las mejores opciones para eventos multitudinarios, ya que pueden reunir hasta 800 personas en cóctel.

De compras

Visitar Estambul sin perderse en alguno de sus bazares significa no conocer uno de los atractivos más emblemáticos de la ciudad: el Gran Bazar es el más conocido y el principal motivo son sus impresionantes dimensiones. 22 puertas encierran un sinfín de calles interiores donde se aglutinan 4.000 comercios, en un espacio que ha perdido en

autenticidad y ganado en tarifas innegociables. La verdadera esencia turca se aprecia mucho más en el Bazar de las Especias o Bazar Egipcio, junto a la Mezquita Nueva. Sin entrar en si el caviar es auténtico o el azafrán harina coloreada, la posibilidad de degustar gran cantidad de productos locales y disfrutar del buen humor y hospitalidad turcos sigue siendo una realidad que se mantiene cada día.

Tan emblemático como perderse en los bazares es difrutar de un café turco en El Cuerno de Oro. El mejor sitio para hacerlo es el Café Pierre Loti, donde disfrutar además de la mejor puesta de sol. Dicen los locales que compartir una taza de café da lugar a 40 años de amistad.

Un destino

fácil Turquía es un país accesible y fácil de descubrir. En todos los monumentos está permitido hacer fotografías, se puede asistir al rezo en las mezquitas y la hospitalidad turca facilita el contacto con la población local, siempre interesada por la impresión que tiene el extranjero sobre el destino

Aunque Estambul mira hacia Europa y es la referencia nacional de la vida occidental, también es la entrada al mundo asiático musulmán y uno de los centros espirituales de esta religión. La llamada al rezo recuerda al visitante que es importante tener presente la cultura local, que se aprecia también en una gastronomía rica y variada pero con ausencia de carne de cerdo.

Las conexiones a los destinos domésticos más visitados son buenas. Como complemento a una estancia en la capital existen muchas propuestas, que abarcan desde la belleza mediterránea de Antalya a los idílicos paisajes de Pamukkale, en la región del mar Egeo. Sin embargo, en un incentivo en el que se quiera reunir la Turquía más moderna y la más tradicional no debe faltar un viaje a Capadocia, un auténtico tesoro que no dejará indiferente a nadie: visitar esta zona es como viajar a otro planeta sin salir de un mismo país.

El aeropuerto de Kayseri es el que más conexiones ofrece con Estambul y el resto de grandes ciudades turcas. Se encuentra a una hora y veinte minutos de vuelo de la capital. El Cappadocia Airport sólo tiene conexiones con Estambul y está más lejos de los principales centros turísticos que el primero.

En realidad hay dos Capadocias: la del verano, de abril a octubre, cuando los marrones de las curiosas formas que definen el paisaje combinan a la perfección con los verdes y naranjas de los árboles; y el invierno, cuando se alcanzan temperaturas de hasta -30º pero el espectáculo de las Chimeneas de las Hadas surgiendo de la nieve cuenta con una magia especial.

Esta subregión de la Anatolia Central abarca 300 kilómetros a lo largo de cinco ciudades: Göreme, a 80 kilómetros de Kayseri, y Avanos, son las más visitadas. En la carretera que las une se encuentra uno de los mayores atractivos del país: el Museo al Aire Libre de Göreme, reconocido como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO y que agrupa gran cantidad de iglesias excavadas en la roca.

El insólito paisaje esconde frescos conservados en mayor o menor medida según los templos, destacando entre todas las pinturas de la Iglesia Oscura: un recuerdo vivo de la actividad de los cristianos en la zona hace mil años.

Ciudades subterráneas

En total hay 36 aunque se siguen descubriendo nuevos espacios donde se concentraban los cristianos en épocas de invasiones y ataques. Y es que la piedra caliza de esta parte de Turquía, de origen volcánico, permitía perforar la tierra dando lugar a auténticas ciudades subterráneas entre las que destaca la de Derinkuyu, conocida como “Pozo Profundo”. Son ocho pisos excavados bajo tierra que albergaban habitaciones, bodegas, cocinas… hasta establos para los animales en la parte superior.

En Avanos, el maestro alfarero más prestigioso de Turquía organiza actividades para grupos: pueden aprender a modelar la arcilla procedente del río Rojo siguiendo una tradición que se mantiene desde hace 4.000 años. En Chez Galip no es posible llevarse como recuerdo las piezas elaboradas porque son necesarios tres días de secado, pero una gran tienda reúne piezas de todo tipo para quienes quieran regresar con un recuerdo tangible de la tierra que aprendieron a tratar. Hasta

20 personas pueden disponer de su propio torno y disfrutar de las clases magistrales del conocido como “Einstein de la alfarería turca”. Y es que su parecido con el físico es realmente sorprendente. Durante los meses de buen tiempo se puede programar un paseo en góndola por el río Rojo.

La sinuosidad de la carretera se acompaña de los múltiples miradores desde los que contemplar de la originalidad de este paisaje, siempre con la posibilidad de disfrutar de un té de manzana o un café turco durante una parada. Sobre uno de estos miradores, y con parte de las habitaciones excavadas en la piedra, está el MDC Cave Hotel, a quince minutos de la ciudad de Ürgüp. Algunas de las 39 habitaciones ocupan los espacios que anteriormente fueron cocinas, establos o lugares de residencia para las familias que habitaban en la roca. Actualmente es uno de los mejores hoteles de cinco estrellas de la zona, muy recomendable no sólo por su emplazamiento sino por la calidad de la cocina de su restaurante.

Incentivos inolvidables

En Göreme y para grupos más pequeños destaca el Stone House, con 22 habitaciones en varios niveles. Este lugar reúne varios restaurantes en los que programar cenas sin necesidad de desplazar a los grupos. Como en todos los pueblos y ciudades de la zona, se ofrecen además espectáculos en vivo acompañados de una cena. Durante la velada, los comensales descubren los bailes típicos de Turquía, con especial atención a la danza de los derviches: los bailarines giran sobre sí mismos en un momento cargado de misticismo que puede durar horas, gracias a su dominio del equilibrio basado en la inclinación de la cabeza. Inevitablemente los asistentes serán invitados a participar en alguna de las danzas. Las risas están garantizadas.

Ningún incentivo que se precie en Capadocia, incluso durante el invierno, dejará de incluir un viaje en globo. No hay mejor remate al recorrido por tierra que descubrir este paisaje desde el aire. Numerosas empresas proponen la actividad y en los días de mayor afluencia el cielo se llena de globos de colores. El tiempo mínimo de vuelo es de una hora, con el curioso aliciente de que no se puede saber a ciencia cierta dónde se producirá el aterrizaje: quienes controlan el aparato sólo pueden decidir sobre la altura, no sobre la dirección.

Vaya hacia donde vaya, ya sea por la mañana con el amanecer o por la noche con la puesta de sol, las panorámicas quedarán para siempre en la retina de los viajeros, además de la experiencia única de montar en globo en grupos de hasta 20 personas.

Se puede organizar como actividad de teambuilding participar en la puesta en marcha hinchando el globo en compañía de los profesionales locales. Normalmente el proceso dura 15 minutos. También se puede deshinchar, y una vez recogido el globo degustar al aire libre las delicatessen locales entre las que no puede faltar el tradicional baclawa a base de pistachos y miel.

Otra posibilidad es visitar una de las casas excavadas en la piedra junto a las familias que aún viven en ellas: la explicación sobre sus tradiciones, técnicas para tejer tapices y alfombras o costumbres cotidianas precede a un sabroso té. Los habitantes de Capadocia son afables y sonrientes y se acercan fácilmente al visitante: un aliciente más para disfrutar de este destino único.

Entrevista

Osman Gühler
Director de operaciones Adelphia Tours
“Ningún otro destino es un puente entre dos continentes”

¿Qué novedades ofrece Turquía para incentivos?

Las comunicaciones son buenas, cada vez hay más hoteles que se ajustan a los más altos estándares internacionales y no sólo en Estambul, también en otras zonas del país.

¿Qué diferencia a Turquía de otros destinos de la zona?

Ningún destino del mundo puede ofrecer la experiencia de sentirse entre dos continentes tan diferentes como son Europa y Asia.

¿Cuáles son los programas más demandados?

Estambul, Capadocia, Antalya e Izmir acaparan las solicitudes que nos llegan por parte de los organizadores de incentivos.