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SAN FRANCISCO (ESTADOS UNIDOS): COOL ATTITUDE

La más europea de las ciudades estadounidenses presume de una calidad de vida que tiene un impacto en los precios. Pero también en la atmósfera impregnada de modernidad que la caracteriza. Este destino de abiertos horizontes ofrece escenarios de cine con una arquitectura y fisonomía únicas que hacen de San Francisco un lugar lleno de atractivos.

Texto y fotos Eva López Álvarez

Los locales presumen de vivir en la más europea de las ciudades americanas. Además de eso, en la más cool, la más zen, la más healthy, la más friendly... es cierto que la cuna de muchas libertades en Estados Unidos ofrece una atmósfera agradable en una urbe que no ha sido concebida para los vehículos. Al menos no los de cuatro ruedas. El cable car, ese famoso funicular al que parece dolerle superar las empinadas cuestas, es indisociable de un destino que, aunque cueste por la inclinación en algunos barrios, invita a ser descubierto caminando.

No obstante, desplazarse por una ciudad que cuenta menos de 900.000 habitantes es fácil en sus diferentes, y encantadoras, opciones de transporte urbano. Y es que in situ es fácil moverse por un destino mal conectado a nivel aéreo, sólo tiene vuelo directo con España a través de Level y Norwegian.

San Francisco cuenta con muchas almas, ya que cada barrio tiene una marcada personalidad, aunque muchos de ellos son principalmente residenciales. Esto no impide que el paseo por ellos descubriendo la historia que esconden las fachadas no deba faltar en un programa de incentivo en la ciudad.

Union Square

A pesar de la multitud de almas, la ciudad cuenta con un solo corazón: Union Square. Es una pequeña plaza llena de vida que sirve de punto de partida – con la mirada en el punto opuesto a las inclinadas cuestas – para descubrir los barrios que definen el downtown. En este distrito se encuentran dos hoteles – ambos de cuatro estrellas – que suman contando sus salas de reuniones más del 10 % de la capacidad para eventos profesionales del destino: Parc 55 y Hilton San Francisco Union Square. Ambos componen un gran complejo divido por la calle que los separa.

El primero en nacer fue el Hilton, cuando en 1906 se construyó la actual Torre 3 (tres en total). Cuenta con 1.919 habitaciones, cinco restaurantes y 70 salas para eventos, entre las que se incluye la mayor de la ciudad, con capacidad para 2.700 delegados en teatro. El hotel es además el mayor de todo el estado de California en cuanto a número de habitaciones.

Incluye uno de los mejores espacios para organizar eventos con vistas: el Cityscape del piso 46 se privatiza completamente para cócteles de hasta 250 invitados. Es posible reservar sólo uno de los laterales, frecuentemente el que ofrece vistas al Golden Gate. Los grupos tendrán la impresión de estar sobrevolando la ciudad.

Parc 55 ofrece la sensación de hotel pequeño aunque en realidad no lo es: cuenta con 1.024 habitaciones y su construcción data de 1983. Decorado en tonos más cálidos, es generalmente utilizado para grupos de hasta 200 delegados aunque puede recibir hasta 1.500. En cuanto a salas, ofrece 21. De los tres restaurantes, el de cocina tailandesa con una estrella Michelin es muy frecuentado por la élite local.

Los huéspedes eligen el gimnasio que prefieren entre los dos establecimientos, el consumo en cualquiera de los locales que suman entre los dos hoteles, incluido el Cityscape, aunque sólo el Hilton tiene piscina.

 Subir o bajar

Es una elección que se plantea muy a menudo en San Francisco: subir o bajar. Desde Union Square se puede subir hacia Chinatown, los exclusivos barrios residenciales de Nob Hill, Russian Hill y Pacific Heights o mantenerse en el mismo nivel en SOMA (South of Market), Castro y Mission District. Los dos primeros distritos, hasta hace pocos años poco recomendables por la inseguridad reinante, están siendo recuperados y convirtiéndose en barrios de moda.

Gran parte de la responsabilidad de la recuperación de SOMA radica en la renovación y ampliación del Moscone Center, centro de convenciones de la ciudad y en pleno centro. Antes de que finalice el año habrá terminado la remodelación de un enorme recinto nacido en los pasados años 80 y que cuenta con 107 espacios para sesiones profesionales.

El Moscone Center forma parte del conjunto Yerba Buena Gardens, en el que también se integra el Museo de Arte Moderno de la Ciudad (SFMOMA). También renovado y transformado de la mano del estudio de arquitectura Snøhetta, desde 2016 se ofrece como venue, ya sea privatizando su bonito lobby contemporáneo o alguno de los patios entre los que destaca el decorado con un gran muro vegetal, además de espacios interiores como el que habitan las arañas de Louise Bourgeois.

No sólo grandes espacios como El Moscone o el SFMOMA están detrás de la revitalización del barrio. También la instalación de empresas como Twitter, que ha establecido su sede en las cercanías. Precisamente junto a ella, de la que emanan muchos de los eventos organizados en esta área, se concentran los edificios que componen el llamado Civic Center de San Francisco: entre ellos el imponente ayuntamiento, con su cúpula de 94 metros de altura inspirada en los Inválidos de París. También el edificio de la Ópera donde se firmó en 1947 el fin definitivo de la guerra entre Estados Unidos y Japón y cuya agenda merece ser tenida en cuenta en un programa de incentivo.

Una dura historia

Las catástrofes naturales se han cebado con San Francisco, aunque la peor que vivió la ciudad no fue precisamente por un terremoto, sino por lo que éste provocó. El gran temblor de 1906 duró solamente un minuto pero generó una serie de incendios que durante tres días asolaron el 75 % del destino, arrasando barrios enteros principalmente en las zonas más bajas.

Hoteles como el Hilton nacieron de la rápida reconstrucción que emprendió un destino impaciente por demostrarle al mundo – durante la Exposición Universal de 1915 – su capacidad de sobrevivir a la desgracia. Por eso la mayoría de los edificios que se pueden contemplar hoy en día son posteriores a 1906.

La historia de San Francisco también fue dura en cuanto a derechos sociales, por eso la ciudad presume de sus logros especialmente en Castro: es un barrio elegante que concentra a gran parte de la población homosexual de la ciudad y alardea hasta en sus pasos de cebra de los colores que dan testimonio de la libertad que aquí se respira.

Mission District, allí donde los franciscanos levantaron su primera iglesia tras la llegada de los españoles a la bahía de San Francisco, también es símbolo de la apertura de una ciudad que se jacta de abrir sus brazos a cualquier nacionalidad. No obstante es cierto que las concentraciones se producen como en todas las grandes ciudades, y en este caso es la población latina quien convive con las numerosas muestras de arte callejero que llenan de vivas tonalidades el barrio.

Un recorrido por los murales más llamativos en compañía de un artista local puede culminar en una clase de grafiti en la que cada participante dé rienda suelta a su imaginación.

La parte de San Francisco que no tiene cuestas termina con un barrio muy cercano a Union Square, cerrando la cuadratura del círculo en un destino que presume de una calidad de vida muy superior a la de otros destinos americanos… y que sin embargo también cuenta con muchos indigentes que viven en la calle.

Tenderloin, o “lomo” en castellano, – cuentan que el nombre le fue dado por quien afirmó que resultaba más barato vivir en esta zona que degustar esa pieza de carne – está llamado a ser el nuevo SOMA de la ciudad con la llegada de nuevos hoteles, aunque hoy en día es principalmente escenario de numerosas actividades solidarias. De hecho hoteles como el Hilton proponen a sus clientes ofrecerles a los grupos de necesitados los restos no consumidos en un evento.

La arteria comercial Market Street conduce hacia el distrito financiero, con interesantes ejemplos de arquitectura en altura combinando rascacielos contemporáneos y art déco. Entre todos ellos destaca el que sirve de corona al complejo de oficinas Transamerica Pyramid Center. El piso 48 se ofrece para fiestas con vistas en 360 grados.

Powell & Market

Mucha historia se concentra en la esquina de las calles Powell & Market. En torno a ella y de la mano de la inmigración masiva a raíz de la Fiebre del Oro nacieron empresas y entidades bancarias que eligieron esta zona para instalar sus sedes. Pero si hay algo que caracteriza a la esquina más famosa de San Francisco es el cable car: aquí giran sobre sí mismos los funiculares que emprenden camino hacia la bahía.

Tal y como se describe en el museo dedicado, el cable car nació originalmente como un vehículo tirado por caballos que en varias ocasiones perecieron durante el trayecto como consecuencia de la dureza de las subidas. Por eso en 1873 comenzó a operar el primer tranvía eléctrico que hoy en día sigue existiendo, con esa particularidad – tan de postal – de poder viajar de pie en la parte exterior del mismo.

Un movimiento comunitario impidió su desaparición en los años 60 del siglo pasado, cuando los poderes locales argumentaban que los costes del mantenimiento eran demasiado elevados. Gracias a eso actualmente los viajeros pueden disfrutar de las tres rutas que se pueden realizar a bordo de este funicular hoy declarado Patrimonio Histórico Nacional. El itinerario Powell–Hyde atraviesa Union Square, el Museo del Cable Car, Nob Hill, Russian Hill, Lombard Street y culmina en la bahía, mientras que el Powell–Mason culmina en el popular muelle Fisherman’s Wharf. La ruta California Street recorre el distrito financiero, Chinatown y Nob Hill.

Junto a la emblemática esquina Powell & Market se encuentra uno de los tres hoteles del grupo Viceroy en la ciudad: el Hotel Zetta, inaugurado en 2012, simula tanto la estancia en un apartamento que hasta los desayunos se ofrecen sólo a la carta. Materiales reciclados generan lámparas fabricadas con gafas, hasta una mesa de billar hecha con traviesas de tren, dando lugar a un ambiente moderno e informal.

Con 116 habitaciones, cuenta con dos pequeñas salas de reuniones para un máximo de 30 personas y una bonita sala de juegos de ambiente retro abierta al vestíbulo, muy demandada sobre todo para eventos organizados por empresas relacionadas con las nuevas tecnologías. El bonito bar estilo british también se privatiza para eventos.

En las alturas

Partiendo de Powell & Market y tras bordear el segundo mayor Chinatown de América – con la segunda mayor comunidad china del mundo habitando fuera de su país, tras la de Nueva York – se llega a lo alto de la colina Nob, la más alta de San Francisco con 115 metros, junto con la aledaña Russian Hill, antaño sede de las residencias más exclusivas. De hecho nob hace referencia a los pudientes que

en la época del terremoto, y gracias a la altura, pudieron salvar algunas de sus residencias de los incendios posteriores. Aquí se encuentra un emblema hotelero que se salvó precisamente de la destrucción: el Fairmont San Francisco, donde los representantes de 40 países firmaron en 1945 la creación de la Organización de Naciones Unidas (ONU). Este histórico hotel de lujo cuenta con 606 habitaciones. Las vistas del downtown y la bahía desde los pisos superiores también son emblemáticas.

Alberga uno de los bares más míticos del destino: el Tonga Room & Hurricane Bar de decoración tropical recibe a la élite local desde 1945. Lo que originalmente fue una piscina frecuentada por actores célebres como Ronald Reagan es hoy un estanque en cuyas aguas se reflejan famosos y turistas.

Para eventos profesionales cuenta con 22 espacios entre los que se incluye la Garden Room donde se reunieron los firmantes de la ONU. Puede albergar 80 comensales en una cena de gala (hasta 970 en el mayor espacio).

Emblemas de San Francisco

Cierto es que la ciudad cuenta con numerosos lugares que llaman la atención, ya sea por su historia, su belleza… o por formar parte de los puntos más fotografiados del planeta.

Es el caso del Golden Gate, el puente inaugurado en 1937, concebido y realizado en tiempo récord: cinco años. Quizá por eso fue necesario realizar refuerzos ante el impacto de los temblores que hacen de él actualmente una de las estructuras más seguras del mundo.

El parque Presidio que conduce al Golden Gate acoge las dos opciones hoteleras más cercanas al puente, ambas llenas de encanto por ocupar edificios protegidos de la época en que toda esta zona estaba cerrada al público por servir de base al ejército americano. Junto al Cementerio Nacional que alberga a los caídos en los diferentes conflictos en los que ha intervenido el país, el nuevo – y reconocido como Hotel Histórico de América – Lodge at The Presidio cuenta con 42 habitaciones, cuatro de ellas con magníficas vistas al puente, aunque con el ruido de la autopista que lo cruza y pasa debajo de sus ventanas. El resto del hotel no ofrece las mismas vistas pero es un auténtico remanso de paz.

Al otro lado de la explanada que albergaba los ensayos militares, Inn at The Presidio pertenece al mismo grupo y nació antes para estancias de mayor duración al albergar 22 habitaciones tipo suite. Cuatro guesthouses aledañas completan la oferta de alojamiento en este lugar en el que reina la tranquilidad y desde el que se pueden organizar interesantes excursiones, como la que conduce a las playas Baker y Marshall´s, con excelentes vistas del puente. Ambos hoteles ofrecen desayuno y una degustación de vino y queso local de 5 a 7 de la tarde, ya que no disponen de cocina. Para los grupos existen opciones de restauración dentro del parque como Presidio Social Club, especializado en cocina californiana refinada.

El parque cuenta además con un campo de golf de 18 hoyos, el primero que se construyó en la Costa Oeste, que ofrece sus instalaciones para eventos privados, así como con otros venues: en el Golden Gate Club se organizan banquetes de hasta 180 comensales. En Log Cabin, reproduciendo una cabaña alpina, cócteles en torno a la barbacoa de hasta 200 invitados.

Son muchas las posibilidades en un parque que la población local descubrió hace treinta años cuando fue desmilitarizado. Antes el parque de referencia era otro más alejado del puente, pero sin embargo bautizado como Golden Gate Park: los grupos de incentivo suelen recorrerlo en segway o bicicleta antes de cruzar el puente en itinerarios que pueden incluir paradas en el Jardín Botánico de la ciudad, el bonito Jardín de Té japonés o la Academia de Ciencias de California, ejemplo de sostenibilidad – y originalidad – en su construcción: en la patria de la marca Levi´s se han utilizado jeans reciclados como aislamiento. Cuenta con un planetario y uno de los mayores museos de historia natural del mundo.

El puente también se puede atravesar a pie: en total son 1.280 metros de parte colgante que puede oscilar hasta 7 metros en caso de fuertes vientos – hasta de 160 kilómetros por hora se han registrado en la zona –.

Una bahía llena de historia

El Golden Gate atraviesa el estrecho del mismo nombre que comunica el océano Pacífico con la bahía que lleva el nombre de la ciudad. Los 39 muelles tienen una historia ligada a las barcazas, generalmente regentadas por italianos y chinos, que comerciaban durante la Fiebre del Oro. En aquel momento cada día hasta 400 barcos se concentraban cada mañana para ofrecer su mercancía.

Hoy son dos los más conocidos: el Pier 39, por sus leones marinos y la concentración de restaurantes en el complejo Fisherman´s Wharf, y el Pier 33, de donde parte una excursión

Teambuilding en San Francisco

Tesoros en Presidio

Los senderos que conducen a las diferentes playas y al Golden Gate pueden esconder pistas a través de las que aprender sobre la flora y fauna local, además del parque que hasta los pasados años 80 sirvió como base militar del ejército estadounidense.

Arte callejero

La visita de Mission District incluye la admiración de muchos murales de temática actual, algunos de ellos de protesta, que estimulan la creatividad a la hora de transmitir mensajes: una práctica que los grupos pueden llevar a cabo con el aerosol.

Surf en aguas frías

Las aguas de la bahía de San Francisco, y más aún de las playas abiertas al océano, son muy frías por las corrientes que proceden de Alaska. Sin embargo, es usual hacer surf, por lo que se trata de una actividad que hace sentirse como un local.

Torneo de bowling

Es una de las actividades favoritas de los estadounidenses. En el distrito Haight Ashbury no sólo se puede revivir el “verano del amor” de 1967, hito del movimiento hippy, sino jugar una partida en una bolera tradicional caracterizados como ellos.

ineludible en San Francisco, la que conduce a la legendaria prisión de Alcatraz.

El paseo en barco por la bahía de noche para apreciar el Golden Gate y el Bay Bridge iluminados, bordear Alcatraz y divisar el skyline de la ciudad, es otro de los clásicos de los incentivos en la ciudad. Se adaptan a todos los presupuestos según el tipo de barco y catering a bordo y el mejor momento para organizarlos son los meses de septiembre y octubre, cuando hay menos posibilidades de que se produzca niebla al caer la tarde.

Un destino caro

San Francisco registra un PIB per cápita superior a la media estadounidense y eso tiene un impacto en los precios. En un destino considerado caro por los propios locales conviene evitar los periodos de mayor afluencia… y que coinciden precisamente con los de mejor climatología: septiembre y octubre. Noviembre es otro mes recomendable para los organizadores en una ciudad cuyas temperaturas no cambian significativamente a lo largo del año y sólo la niebla puede impedir el cumplimiento de algunos planes.

Los fines de semana y las fiestas nacionales como el Día de Acción de Gracias (en noviembre) provocan que los sanfranciscanos organicen escapadas a destinos lúdicos como Las Vegas, a una hora y media de vuelo, y eso conlleva mejores tarifas en los hoteles.

En las cercanías

Hoteles como el San Francisco Airport Marriott Waterfront, junto al aeropuerto internacional, se ofrecen para los grupos que además de reunirse exploran los alrededores. Situado a 24 kilómetros del centro, puede servir de punto de partida para una excursión a Silicon Valley con parada en Palo Alto – una de las ciudades que componen Silicon Valley – para la observación de algunas de las mansiones más llamativas del país. Situada a 30 minutos por carretera del hotel, la meca de las empresas consideradas más innovadoras ofrece la visita de la sede de algunas de ellas: Google, Apple o Facebook son algunas de las que abren sus puertas a los foráneos.

El hotel renovó sus 688 habitaciones en 2015; sus 26 salas de reuniones, con capacidad para 1.170 delegados en teatro en la mayor, en 2017, y el gran vestíbulo con bar acristalado que se abre a la bahía este 2018. Entre el hotel y las aguas de la bahía discurre un sendero de 41 kilómetros que muchos utilizan para su running matutino. El club de fitness incluye piscina interior de agua salada y también acaba de ser renovado.

Quienes quieran visitar las zonas de producción de vino californiano deben atravesar el Golden Gate hacia el norte del estado: los valles de Napa y Sonoma aglutinan la mayor producción de vino local. A 45 minutos del centro de San Francisco se organizan degustaciones grupales en bodegas – hay más de 400 – como Buena Vista y Sebastiani en el área de Sonoma.

Un destino de cine

Una particularidad de San Francisco es que está llena de lugares que han sido recreados en alguna escena famosa del cine: desde la sinuosa Lombard Street en la mítica persecución de Steve McQueen en la película Bullit, las bonitas casas victorianas y vistas de Álamo Square o Pacific Heights en producciones como Sra. Doubtfire… una búsqueda del tesoro que consista en localizar estos escenarios en pocos destinos puede ser interesante

Otro atractivo de San Francisco, sin olvidar los precios, es la variedad gastronómica: dicen que se puede desayunar, comer y cenar durante tres años sin pisar el mismo sitio. Y esto incluyendo todas las cocinas del mundo y en todas las categorías imaginables.

San Francisco es de cine y no sólo por la cantidad de veces que ha aparecido en la gran pantalla. La variedad y belleza de sus barrios hacen de éste un destino ideal para incentivos en los que modernidad y elegancia convivan con un carácter underground dispuesto a romper barreras… y a superar cuestas.

Alcatraz atrapa

Tan famosa como el Golden Gate, la prisión de Alcatraz se puede privatizar para eventos siempre y cuando medie muy alto presupuesto y la aprobación gubernamental. Su visita es ineludible: el islote en el que se construyó el primer faro de la Costa Oeste americana vio nacer en 1907 una prisión que en 1934 fue declarada de alta seguridad. Tanto que había tres vigilantes por cada interno que habitaba en cada una de las celdas individuales. Nunca recibió a más de 336 condenados en un intento de garantizar el máximo control.

Aún así se cree que tres presidiarios, considerados todavía como fugitivos, consiguieron evadirse. Como no podía ser de otra manera, la película La Fuga de Alcatraz, rodada en las mismas instalaciones, relata el suceso con Clint Eastwood como protagonista. Fue precisamente esta evasión lo que provocó el cierre en 1963 habiendo albergado a celebridades como Al Capone.

El recorrido de 20 minutos en barco desde el muelle 33 permite comenzar a divisar las excelentes panorámicas que los presos tenían cada vez que salían al patio. La cárcel se mantiene tal y como quedó tras su cierre, y a pesar de la masiva afluencia, un escalofrío recorre la espalda al entrar en una celda de aislamiento o atisbar los huecos que sirvieron para la evasión.

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