Por Cristina Cunchillos / Eva López Alvarez
La capital europea es un concentrado de ambientes fruto de la convivencia de bruselenses, flamencos y valones, funcionarios europeos, lobbystas y turistas. El resultado es una pequeña ciudad, grande en cosmopolitismo, en la que el frecuente mal tiempo es la excusa para disfrutar de sus delicatessen, locales e internacionales, una cultura propia presentada en forma de viñeta o dedicar tiempo a ir de tiendas en algunos de los locales más exclusivos de Europa.
La capitalidad de la Unión se hace tangible no sólo en los edificios que albergan las instituciones comunitarias. También en el incensante tráfico, principalmente de lunes a jueves, que generan los funcionarios europeos y los miembros de los diferentes grupos de presión que giran en torno a su órbita. La principal sede del Parlamento europeo, compartido con Estrasburgo y Luxemburgo, el Consejo Europeo, así como la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), ejercen de corazones que alimentan unas arterias repletas de delegaciones, cuando no centrales, de las mayores compañías multinacionales.
En una coyuntura europea que apunta a la necesidad de reformas, intensas negociaciones ante cambios transcendentales y constantes cuestionamientos de determinadas políticas, el ritmo de las reuniones, comidas y cenas de trabajo, afterworks y eventos de networking es especialmente febril.
Bien conectada
Las instituciones comunitarias han colocado a Bruselas en el centro del mapa de conexiones aéreas dentro del continente. El aeropuerto internacional se encuentra a 20 minutos del centro en tren. Este medio de transporte también comunica mediante alta velocidad con París, Londres y Ámsterdam.
Una vez en destino, Bruselas es el espejo de la sociedad belga, compuesta por flamencos, valones y bruselenses. Esto hace que sea una buena excusa para practicar idiomas ya que flamenco (semejante al holandés), francés e inglés forman parte de una vida cotidiana en la que parecen convivir sin sobresaltos idiosincrasias muy diferentes.
Ambiente español
El español está presente en muchas enseñas comerciales y muchísimas conversaciones: Bruselas fue uno de los principales destinos de las familias emigrantes durante la dictadura española y de ahí las numerosas referencias a la cultura ibérica en los nombres de tiendas, plazas, calles y centros culturales.
Por eso la capital belga tiene algo de español en su atmósfera, a pesar de que sea eminentemente gris: y es que pese a tender a la baja, la media de días lluviosos al año ronda los 200. Eso no impide que en los alrededores de la Grand Place y barrios como Dansaert se concentren gran cantidad de terrazas y paseantes. Esto genera un bullicio al final de la jornada semejante al de cualquier urbe española. Cabe destacar la diferencia en la temperatura: de octubre a marzo el termómetro raramente registra más de 10 grados.
Venues históricos
El clima incita a disfrutar de los bonitos interiores que ofrece Bruselas. La sala gótica del emblemático Ayuntamiento acoge recepciones con excelentes vistas a la Grand Place, especialmente bonita cuando se ilumina por la noche.
Para quienes quieran organizar un evento aún más exclusivo, es posible programar un cóctel frío para un máximo de 60 personas en la Maison du Cygne, sobre la misma plaza. En uno de los edificios barrocos más bonitos del espacio más fotografiado de Bélgica, la velada se puede ampliar con una cena en el restaurante que ocupa el piso bajo.
La ciudad ofrece otras posibilidades más vanguardistas: La Maison de La Bellone, en Dansaert o distrito de los creadores, es un centro cultural con un patio cubierto por un techo de cristal que protege una impresionante fachada barroca. En él se pueden organizar cenas de gala para 120 comensales.
El museo y centro cultural Bozar cuenta con una de las salas más emblemáticas del destino: la bautizada Henri Le Bœuf, de estilo art nouveau, es muy demandada para espectáculos musicales y puede acoger hasta 2.200 personas en teatro.
Otra opción con encanto para cócteles, con un máximo de 150 asistentes, es la sala Rotonde Bertouille. El vestíbulo Horta también se privatizar para cócteles de hasta 800 invitados.
Bruselas sorprende por la diversidad de propuestas en cuanto a lugares para eventos, que abarcan desde las esferas del archiconocido Atomium a tiendas de anticuarios como la de Costermans, ubicada en un edificio de 1780 situado en la céntrica Place du Grand Sablon.
El local comercial se compone de varios pisos repletos de objetos procedentes de diversos países y épocas. En ellos se pueden organizar cócteles fríos en base a la cocina más contemporánea precedidos por las interesantes explicaciones de un anticuario que hará revivir historias ligadas a muchas de las obras expuestas.
Para grandes eventos
La ciudad necesitaba un palacio de congresos tras años sin contar con este tipo de infraestructura. Abierto en 2009, Square llegó para rellenar un gran hueco. Con un emplazamiento privilegiado en el Mont des Arts, elevándose frente al casco antiguo, cuenta con cuatro entradas y está conectado por un pasillo subterráneo con el Bozar.
Esto amplía las posibilidades para grandes eventos si bien Square cuenta con 23 salas de reuniones, todas con luz natural, tres auditorios (de 150 a 1.200 asientos) y un hall panorámico muy utilizado para cócteles nocturnos de hasta 200 participantes. Ofrece las mismas vistas que Kwint, el restaurante vecino cuya decoración es uno de los diseños más espectaculares de Arne Quinze. La calidad de su cocina, especializada en platos a base de trufa, caviar, salmón y foie gras atrae a numerosos grupos de empresa.
El hotel Metropole es uno de los clásicos que no pierde un ápice de su solera y elegancia. El edificio de 1895, decorado en estilo Louis XVI, cuenta con 295 habitaciones y diez salas para reuniones.
Completa la oferta para sesiones de trabajo un centro de conferencias con salas más modernas y dos auditorios, con capacidad para 490 delegados en el mayor.
Hoteles con encanto
Varios edificios históricos de Bruselas son hoy hoteles: The Dominican Brussels, de la red Carlton, ocupa el espacio de un antiguo monasterio junto a la Ópera de la ciudad. Con 150 habitaciones, incluye 17 lofts y tres salas de reuniones con luz natural y capacidades entre diez y 140 personas.
Una de las ventajas de Bruselas es que el centro histórico es pequeño y por lo tanto es muy fácil organizar la visita a pie desde alguno de estos hoteles, por qué no acompañada de paradas gastronómicas. El Sofitel Brussels Le Louise es uno de los mejores puntos de partida: es una exquisita versión del lujo contemporáneo en la prestigiosa avenida Toison d´Or. Su bar Crystal Lounge es muy frecuentado en encuentros informales al final de la jornada. Con 169 habitaciones y cuatro salas de reunión, la mayor alberga cócteles de hasta 150 invitados. La marca cuenta con otro establecimiento en el corazón del barrio europeo: el Sofitel Brussels Europe.
Capital del cómic
Un circuito guiado en segway permite descubrir este arte gráfico belga a través de los personajes que “viven” en algunas de las paredes de la ciudad. El recorrido puede terminar con una recepción en el Centro Belga de la Viñeta, más conocido como Museo del Cómic. Las diferentes salas se alquilan para eventos que pueden albergar hasta 1.200 personas en cóctel.
Cerca del museo, el hotel Marivaux resultó de la transformación de un cine de los años 20 del siglo pasado y la renovación de otro establecimiento anexo. Hoy ofrece 136 habitaciones y diez salas para eventos profesionales, incluyendo dos auditorios que son en realidad las antiguas salas de cine con capacidad para 90 y 115 personas.
Distrito europeo
La plaza Chatelain es conocida como el village de los funcionarios europeos. Su ambiente, como el de la plaza Luxemburgo, es especialmente animado los jueves por la noche, día previo a la salida de los parlamentarios hacia sus países de origen. Como consecuencia de la gran diversidad de nacionalidades que se juntan en Bruselas, la ciudad cuenta con 4.000 restaurantes en los que degustar prácticamente todas las cocinas del mundo.
La noche se convierte en reflejo del día, cuando se dice que hasta 20.000 lobbystas transitan por este distrito. Se dedican a combatir por sus intereses en los mejores restaurantes de la ciudad, mezclándose con turistas curiosos por descubrir dónde se toman las decisiones de ese mastodonte que es la Unión Europea.
Además de parlamentarios y funcionarios, las principales instituciones europeas también están abiertas a los visitantes, y es posible organizar visitas privadas para grupos. Eso sí, reservando con mucha antelación.
A la hora de planificarlas, se ha de tener en cuenta que los controles de seguridad son mucho más exhaustivos tras los últimos atentados terroristas, un inconveniente que se ve compensado con creces ante la oportunidad de adentrarse en el corazón político de la Unión Europea.
Para veladas de cierre de programas en lugares con encanto, en este barrio está uno de los venues más bonitos de Bruselas: la biblioteca Solvay es un bello ejemplo de art nouveau que puede recibir hasta 250 personas en cóctel. Cuenta con una terraza con capacidad para 80 personas. La misma empresa gestora – Edificio- ofrece el cercano espacio Concert Noble, de estilo neoclásico, que es muy utilizado para cenas de gala de hasta 400 comensales.
Instituciones comunitarias
La sede del Consejo Europeo, donde se celebran reuniones al más alto nivel, es la institución más llamativa desde el punto de vista arquitectónico tras la inauguración a finales de 2016 del Edificio Europa, una nueva extensión conectada por dos pasarelas con el bloque Justus Lipsius, sede original del Consejo. El impresionante edificio de cristal con forma de urna (o, según otros, de huevo) resplandece en las noches bruselenses. Además de las visitas privadas, está previsto abrir un nuevo Centro de Visitantes interactivo en 2018.
En el Parlamentarium, el mayor centro de visitantes referido a un parlamento en Europa, se utiliza la tecnología más puntera para presentar los entresijos de la política comunitaria de una forma dinámica y original, con juegos y pantallas interactivas. Se complementa con una visita al hemiciclo del Parlamento Europeo, con dos recorridos gratuitos al día o visitas guiadas con reserva previa.
Finalmente, en la sede de la Comisión Europea, el cruciforme edificio Berlaymont, las visitas pueden durar de dos horas a dos días, según el nivel de interés en política de los participantes.
La Casa de la Historia Europea, inaugurada el pasado mes de mayo, propone un recorrido interactivo con tabletas que conducen al visitante por la historia del continente. Los apasionados de los automóviles pueden disfrutar de la impresionante colección de vehículos antiguos y modernos
Teambuilding en Bruselas
Taller de chocolate
El chocolatero Laurent Gerbaud organiza clases de cocina en las que los participantes elaboran bombones sin grasas animales, sólo con mantequilla de cacao. Diseñar los moldes para dar forma a los manjares puede completar el reto.
Juegos políticos
En el Parlamentarium se hacen juegos de rol donde los grupos, adoptando diversas ideologías políticas, debaten y votan dos directivas. También deben aprobar presupuestos, enfrentarse a la presión de lobbys, medios y público.
Café y costura
Les Midinettes es una boutique de costura y café, todo en uno, además de un espacio relajado donde los grupos pueden dar rienda suelta a su imaginación en talleres de costura, completando diferentes retos y creando sus propios diseños.
Experto cervecero
La cerveza Kriek, con gusto a cereza, es típica de la ciudad y se puede degustar tras un teambuilding que consista en personalizar la etiqueta de la botella. Un curso sobre cervezas belgas servirá para diferenciar los matices que definen a la Kriek.
Autoworld. Su restaurante es una opción popular para comidas de empresa, y en su piso superior se pueden celebrar banquetes para 1.200 comensales.
El Hotel Stanhope, que fue el primer cinco estrellas de Bruselas cuando se inauguró en 1991, es una buena base para explorar el distrito europeo. Ofrece nueve salas para reuniones de hasta 300 personas en teatro.
Bruselas en el paladar
Agencias como Vizit organizan comidas en las que cada plato se degusta en un lugar diferente como excusa para descubrir la ciudad. Esta actividad favorece el contacto entre los miembros del grupo, que no se encuentran sentados siempre junto a los mismos comensales, además de resultar una manera original de descubrir un destino con muchas delicatessen.
El circuito llamado amuse-gueule incluye una visita muy recomendable para rematar una jornada: en tres horas se descubren algunas de las mejores recetas aplicadas a bombones de chocolate, galletas de canela o cerveza, con una parada fotográfica en el ineludible Manneken Pis.
Y es que la capital de la Unión Europea es una ciudad pequeña en tamaño para la enorme importancia política que tiene. Su atmósfera tan a menudo húmeda y gris incita a perderse por calles y pasillos que encierran secretos en muchos casos insondables.
La ciudad más europea
“Unida en la diversidad” es el lema de la Unión Europea y podría ser igualmente el de Bruselas, reconocida como la ciudad más cosmopolita de Europa. En su seno conviven 183 nacionalidades y por las calles se pueden escuchar más de 100 idiomas diferentes. Lejos de ser una ciudad aburrida sumida en la burocracia, esta diversidad cultural le confiere un carácter jovial y dinámico.
En el barrio europeo se encuentran librerías italianas que sirven además el mejor café, ultramarinos escandinavos o tiendas con productos del Reino Unido. Los numerosos restaurantes de la Plaza Jourdan y alrededores ofrecen especialidades de todo el mundo, desde tapas ibéricas a comida hindú, así como lo más típico de la cocina belga: los cucuruchos de patatas fritas como los de la legendaria Friterie Antoine.
La multiculturalidad no se restringe a ese distrito, ya que en otras partes de la ciudad se han establecido comunidades del resto de Europa y más allá. Saint-Josse, por ejemplo, es conocida como “la pequeña Anatolia”, mientras que en el distrito Watermael-Boitsfort viven más de 4.000 japoneses. En Saint-Gilles se respira ambiente de fiesta gracias a los miles de residentes españoles, portugueses, italianos y latinoamericanos.




