Por Eva López Alvarez
Fotos Alejandro Martínez Notte
El aeropuerto internacional Hamad de Doha, capital de Catar, fue inaugurado en 2014 como parte de una estrategia que consiste en hacer de este pequeño país del Golfo Pérsico un referente internacional, compitiendo con su vecino Dubái como hub planetario. Por eso una de las acciones del plan catarí consiste en convertir a Qatar Airways, la compañía nacional, en un emblema del lujo en versión aérea conectando el emirato con los más de 150 destinos del mundo a los que vuela.
Hasta ahora se ha reforzado la presencia de Qatar Airways en el Sudeste Asiático, Australia y África. Se espera que Latinoamérica presida los planes de expansión de la aerolínea en los próximos años. De momento, Doha está conectada con Buenos Aires vía Sao Paulo mientras que desde España cuenta con vuelo directo desde Madrid y Barcelona.
Mayor PIB mundial
El aeropuerto está situado a 15 kilómetros de un centro urbano que se extiende a gran velocidad. Tanto como su población, que ha pasado de registrar menos de un millón y medio de expatriados en 2010 a más de dos millones en la actualidad.
Los 400.000 habitantes que completan el censo oficial son cataríes, celosos de una nacionalidad que se acompaña de numerosos privilegios. Son la prueba que enarbolan para confirmar el orgullo que les produce ser los habitantes con mayor renta per cápita del planeta.
El tercer exportador mundial de gas natural, también poseedor de importantes reservas de petróleo, quiere ofrecer a sus habitantes lo mejor del mundo sin salir de las fronteras de este pequeño país independiente desde 1971. Por ejemplo, y ante el interés de los jóvenes nacionales por estudiar en el extranjero –una posibilidad cubierta por el gobierno en una de esas dádivas que ningún otro país posee–, las mejores universidades han decidido ofrecerse in situ a los locales y al número creciente de extranjeros en busca de cualificación internacional.
Ciudad educativa
Para ellos, y las quince entidades educativas que ya se encuentran en Catar, se ha creado la Ciudad de la Educación. Aquí está el Qatar National Convention Center (QNCC). Abrió sus puertas en 2011 para el Congreso Mundial del Petróleo y no es un centro de convenciones al uso: cuenta con detalles propios de un venue singular como las baldosas que “despiertan” el agua del estanque central o el amplio vestíbulo presidido por la gran araña de Louise Bourgeois; todo en un innovador recinto de diseño en el que la luz puede dominar cualquier evento.
Para sesiones de trabajo cuenta con 50 salas, con capacidades entre 10 y 250 personas; tres auditorios, el mayor con 474 asientos, y un teatro de 2300 plazas. Hasta 3800 delegados se reúnen en la sala de conferencias, también muy utilizada para cenas de gala ya que es el mayor espacio cubierto del país. Los 28 candelabros suspendidos con luz modulable, y que se pueden abrir como si de flores se tratase, son otro más de los detalles que ofrece este sofisticado centro que ha recibido varios premios por la gestión de sus residuos y la optimización de los recursos energéticos consumidos.
Como en cualquier edificio o espacio público, el consumo de alcohol está estrictamente prohibido en Catar. Sólo los hoteles internacionales de cinco estrellas pueden tramitar una licencia para consumir bebidas alcohólicas en su interior, con precios muy elevados en relación a otros destinos.
Meca del deporte
La estrategia de posicionamiento internacional de Catar pasa por ser un centro neurálgico del deporte a nivel mundial, independientemente de que en la región exista algún interés o tradición de practicarlo. En esa línea se están albergando eventos internacionales y desarrollando una amplia oferta relacionada con la preparación de los equipos en estancias de media y larga duración. En consecuencia, una Ciudad Deportiva albergará todo lo necesario en cuanto a instalaciones y hoteles.
Ser sede del Mundial de Fútbol 2022 permitirá demostrarle al mundo su poder para organizar acontecimientos multitudinarios. En Catar no existen dudas sobre la capacidad de construir estadios y ofrecer todo lo necesario para éste o cualquier otro gran evento deportivo. Las obras del que será el estadio principal, junto al hotel The Torch, se encuentran muy avanzadas… en 2016.
The Torch Doha es precisamente una suerte de antorcha que preside el área, referencia para quienes se entrenan en el emirato pero también para los grupos en incentivo que optan por no alojarse en el centro de la capital del emirato.
Teambuilding en Catar
En moto
A 20 minutos del centro de Doha, Catar cuenta con un circuito profesional donde organizar torneos. En Losail los participantes pueden sentirse como los aspirantes a campeones del mundo que ya han competido en este recinto.
Pan en el souk
El zoco puede ser el lugar donde los asistentes convivan como locales elaborando el pan árabe tradicional, plano -debido a que contiene muy poca miga- y levemente fermentado, hecho a base de harina de trigo y que se puede condimentar.
Con los halcones
Con el desierto como marco, los participantes pueden descubrir los secretos de la cetrería experimentando ellos mismos el contacto con las aves, aprendiendo al mismo tiempo sobre la preparación de los halcones para la caza.
Bahía y velocidad
En la bahía de Doha los equipos participan en competiciones que consisten en recorrer un circuito establecido en el menor tiempo posible y con las motos de agua como vehículo: es otra manera de admirar el skyline de la ciudad.
Inaugurado en 2012, es un hotel high tech de 21 pisos –51 en total– y 163 habitaciones en el edificio más alto de Catar.
Los 42 metros de superficie de la habitación más básica dan testimonio de la amplitud de la que gozan los visitantes durante la estancia. El Ipad Air disponible en todas las categorías permite regular hasta los colores que definen la decoración, además de seleccionar cualquiera de los servicios propuestos y que abarcan desde una estancia en el completo spa con piscina panorámica hasta la elección de almohada.
Seis espacios pueden albergar sesiones de trabajo de entre 45 y 750 personas. El restaurante Three Sixty del piso 50 es famoso por ser el único panorámico y giratorio en el país. Cuenta con 76 asientos y es el mejor observatorio para divisar las obras del Mundial de Fútbol.
Ambiente español
Especialmente apreciada por el público hispanohablante es una de las novedades del distrito financiero: el Meliá Doha. 317 habitaciones en 39 pisos, con una superficie de 45 metros cuadrados en la categoría inferior, hacen de este hotel un referente en cuanto a espacio en la zona empresarial de la capital.
El restaurante Signature, de cocina india en su versión más refinada, está de moda tras haber recibido numerosos premios que reconocen la calidad de su cocina.
El ambiente español que genera la música en directo y la posibilidad de beber alcohol se mezcla con la sobriedad que caracteriza la decoración. Seis salas panelables se utilizan para sesiones de trabajo de entre 40 y 190 delegados.
También en el corazón del área financiera, el Doha Exhi – bition and Convention Center (DECC) cuenta con 30.000 metros cuadrados de exhibición en un edificio que es emblema de las últimas tecnologías aplicadas a grandes recintos feriales. Inaugurado en 2015, cuenta con el pabellón más alto de Oriente Medio, además de 18 salas de reuniones con ca – pacidad para 400 personas en teatro en la mayor.
La inmensa cristalera que sirve de fachada impregna de luz cualquier evento en el inmenso vestíbulo. En 2017 comenzará a funcionar el metro que tendrá parada delante del recinto.
El barrio financiero de Doha culmina en su lado este en La Corniche o paseo marítimo que se extiende hasta el Museo de Arte Islámico. Reúne interesantes testimonios del arte árabe en torno a 780 objetos procedentes de Irán, España o India, en un recorrido por la cultura islámica en sus diferentes expresiones.
Es además uno de los mejores venues del destino: en el patio se pueden organizar cócteles para 900 personas entre los estanques que salpican el suelo de pizarra y con magníficas vistas del skyline y la bahía de Doha. El restaurante del quinto piso, regentado por Alain Ducasse, se puede privatizar.
En el centro de la capital, el hotel St. Regis es uno de los emblemas del lujo en su versión catarí. Situado entre Katara y el distrito financiero, tiene 336 habitaciones y la piscina más grande del emirato. La playa privada dispone de cabañas y se pueden organizar sobre la arena sesiones deportivas con el mar de fondo.
Es el único hotel del destino que propone organizar cursos de cocina como parte de un programa lúdico.
Uno de los tres edificios que componen el recinto hotelero del St. Regis es un centro de convenciones que abrió sus puertas en 2015, en torno a un gran espacio redondo y diáfano que se puede dividir. Su capacidad máxima es de 900 personas en banquete. La gran terraza para cócteles con vistas al golfo de Arabia protagoniza la oferta de espacios al aire libre de este gran complejo que incluye la posibilidad de ofrecer alcohol en las veladas.
Muchas novedades
En los próximos cinco años 70 nuevos hoteles vendrán a completar la planta hotelera local. Entre los establecimientos recientemente inaugurados, Westin Doha, en el corazón de la ciudad, abrió sus puertas en abril: las 365 habitaciones han sido decoradas en una mezcla de diseño contemporáneo y estética árabe. El Heavenly Spa by Westin se ofrece para el descanso tras las sesiones de trabajo que pueden tener lugar en las 17 salas con capacidad entre 16 y 2700 personas en formato teatro.
Shangri La también es una de las enseñas que llegó a Catar en 2015, con un hotel de 272 habitaciones en la parte occidental de la bahía y formando parte del nuevo distrito financiero. Nueve espacios para reuniones pueden albergar hasta 750 delegados en teatro.
Doha histórico
Katara es uno de los lugares que el destino propone para descubrir el pasado catarí. Si bien es una reproducción moderna –la construcción se inició en 2003 y gran parte del proyecto está aún por ser desarrolla – do– sirve para vivir experiencias como la de entrar en una mezquita o disfrutar de dos de los más de 500 kilómetros de playa que tiene Catar.
Cuenta con varios espacios para eventos, como el anfiteatro al aire libre frente al mar que puede albergar hasta 4500 personas, la sala diáfana con capacidad para 2000 asistentes o los espacios de la Ópera y el Teatro cuando no hay programación cultural. El centro comercial del complejo, de reciente inauguración, completa las múltiples posibilidades de shopping de lujo que ofrece el país.
En el souk Waqif hace sus compras cada día la población local y es uno de los mejores lugares para entender la sociedad catarí, en la que mujeres y hombres no se mezclan y las féminas se cubren completamente tal y como dicta la ley islámica.
Varios hoteles de diseño están captando a una clientela en crecimiento que opta por un destino en el que se combinan la percepción de que el tiempo se ha parado y la impresión de que la tecnología de última generación asoma por todas partes, incluso bajo las abayas que esconden los cuerpos. Al Jasra es el hotel boutique más exclusivo de esta zona, con 32 habitaciones decoradas en base a motivos arabescos.
Cualquier viaje de incentivo que se precie debe incluir una visita al desierto de arena, ese mar que en el país tiene dos horizontes: el que generan las dunas y el del mar.
En el desierto
En la frontera con Arabia Saudí se encuentra una postal única en el mundo: en determinados momentos del año, siempre ligados a la luna llena, el mar avanza entre las dunas en la zona llamada Inland Sea. La suavidad de las dunas del lado catarí contrasta con las formaciones rocosas del lado saudí, en una combinación de paisajes que sorprenderá al visitante.
Los safaris en 4×4 no pueden faltar en ningún programa: la adrenalina se dispara cuando el vehículo parece perder el control al deslizarse en bajada por las mayores pendientes. Es posible dormir en el desierto con la mayor comodidad: en el campamento Regency, a cien kilómetros de Doha y frente al Golfo Pérsico. Varios grupos de incentivo ya han tenido como recompensa alojarse en este lugar tras un recorrido en quad por las dunas. Las quince tiendas de campaña cuentan con baño privado. Las múltiples posibilidades de vivir el desierto, tanto de día como de noche, incluyen barbacoas tradicionales, fiestas con música y danzas locales y la realización de numerosas actividades de teambuilding.
En Catar es mejor evitar los debates políticos, sociológicos o religiosos ya que la apertura que el país quiere demostrar se centra en un único objetivo: hacer de esta nación el destino de referencia en la región para todos aquéllos que quieran invertir en conocimiento, últimas tecnologías, deporte del más alto nivel o el turismo más exclusivo. Ante la efervescencia de Dubái, emirato considerado por los locales como “Las Vegas de Oriente Medio”, Catar ofrece tradición, seguridad y calma, mucha calma.
De noviembre a mayo las temperaturas son más clementes en un destino que exhibe sin complejos su gusto por el lujo. El desafío por atraer a los inversores tiene su máxima expresión en The Pearl, una isla artificial construida sobre el Golfo Pérsico y que aglutina lo más exclusivo del destino. El hotel Marsa Malaz Kempinski abrió sus puertas en 2014 con 281 habitaciones y playa privada donde organizar actividades, además de ocho espacios para reuniones y eventos –hasta 1500 personas en cóctel–.
Marcas como JW Marriott y Waldorf Astoria preparan su desembarco en un destino que claramente busca dejar boquiabierto al visitante. Catar esconde muchos misterios y el visitante no es invitado a resolverlos, sino a vivir una experiencia en la que modernidad y severa tradición comparten espacio…
Catar ofrece precisamente el espacio como uno de sus principales atractivos, ya sea en forma de habitación de hotel o de venues que combinan magnificencia con las vistas de un skyline que en 2006 no existía y hoy crece a una velocidad de vértigo. Siempre bajo un lema claro y contundente: Catar es capaz de todo.
Costumbres de Catar
No es fácil establecer contacto con los cataríes y esto no es sólo por motivos culturales: en las calles no hay mucha gente paseando debido al clima.
Las mujeres locales visten con la abaya que las cubre casi por completo. En las manos y los pies es fácil percibir los artículos de lujo que gustan consumir. Sin embargo, en las fiestas privadas se liberan del atuendo y la atmósfera es mucho más abierta, si bien conviene evitar interrogar a los cataríes sobre temas relacionados con la política, las tradiciones o la religión.
Lo que los habitantes más aprecian del destino es la seguridad y la calma, por eso es importante mantener la discreción. No hay que olvidar que en los lugares públicos la costumbre local es crear ambientes separados entre hombres y mujeres, incluso en el spa de los hoteles de lujo. Antes de bañarse en la playa conviene informarse de cuáles son aquéllas en las que está permitido el “bikini europeo”. Las féminas deben evitar la ropa muy ajustada o transparente.
La cortesía es especialmente apreciada y es imperativo quitarse los zapatos en el momento de entrar a una casa, además de aceptar la invitación a comer o beber antes de conversar.




