Por Vincent Richeux
Fotos Eva López Alvarez
La capital austríaca hace muy bien sus deberes. Por eso lleva años en los primeros puestos del ránking ICCA (International Congress and Convention Association) como destino de congresos con carácter internacional.
Sin embargo, Viena no es una ciudad que desprenda efervescencia y constante cambio con el objetivo de proponer continuamente novedades. Aunque las tenga. Más bien todo lo contrario: de la ciudad, sobre todo de su casco histórico, emana una serena calma. El tiempo parece haberse detenido cuando Viena vivió su época más gloriosa. De cara a los organizadores ofrece seguridad, no sólo en cuanto a integridad personal y material, sino a la hora de garantizar el mayor de los rigores profesionales.
Otro atractivo de Viena es su tamaño: a pesar de ser una gran capital, todo está cerca, sobre todo para quienes estén alojados en las inmediaciones de la Ringstrasse, la avenida que rodea el casco antiguo y ejerce de corona gracias a joyas como el Hofburg, el Parlamento o la Ópera.
Pasear por las calles de la zona más antigua de Viena, rodeada por los 5,3 kilómetros de la Ringstrasse y el canal que transporta aguas del Danubio, es una delicia: la antigua capital del Imperio austro-húngaro es un homenaje a la monumentalidad urbanística. La majestuosidad de muchos de sus edificios no ha perdido un ápice de elegancia con el paso de los años. Mientras, una modernidad inevitable se asoma por las calles peatonales que componen el casco histórico.
Destino consolidado
La historia, sobre todo la que a finales del siglo XIX protagonizaron los emperadores Francisco José e Isabel, cuya relación fue inmortalizada por el cine gracias a Sissi Emperatriz, es la sangre que alimenta el corazón vienés. Se respira en todas partes, en muchas coloreada con tintes musicales.
Que Viena tiene la experiencia suficiente para albergar grandes eventos internacionales queda fuera de duda. Para los grandes congresos, el Austria Center Vienna puede acoger hasta 4320 personas simultáneamente en una misma sala, como parte del total de 15.000 participantes repartidos entre los 17 espacios a los que se suman 190 salas adicionales y nueve restaurantes. Se ubica al otro lado del río, en la isla generada por los meandros del Danubio, que ejerce de frontera natural entre la parte histórica y el este de la capital.
La ciudad cuenta con un gran venue en pleno centro, o lo que es lo mismo, sobre la Ringstrasse, dentro de las instalaciones del Palacio Hofburg. La magnificencia de las salas impregna cualquier evento de ese carácter imperial que se respira en todas partes. El que fue el palacio de invierno de la familia imperial es un enorme complejo compuesto por catorce palacios.
El gobierno austríaco, la escuela española de equitación y un museo dedicado a la emperatriz Sissi ocupan parte de las estancias. El Hofburg Vienna, o parte destinada a eventos profesionales, cuenta con 35 salas, en su mayoría de estilo barroco. La mayor tiene capacidad para 1260 personas en teatro.
Dentro de Hofburg, la visita turística de los Apartamentos Imperiales es el complemento perfecto para todos aquellos interesados en contextualizar las historias de alcoba de Francisco José y Sissi, además de muchas otras anécdotas ligadas a la dinastía imperial: se visitan 19 habitaciones del que fue durante más de seis siglos el lugar de residencia de los Habsburgo.
Novedades hoteleras
En los últimos años han visto la luz varios proyectos hoteleros que contribuyen a diversificar una planta caracterizada por su clasicismo. Inaugurado en 2014 en la misma isla donde se encuentra el Austria Center y en el rascacielos más alto de Austria, el Meliá Vienna tiene 253 habitaciones que ocupan las plantas cuatro a 15.
Las vistas en 360 grados sobre la ciudad, el Donaupark y el Danubio protagonizan las estancias en los pisos superiores. En las primeras plantas se ubican las ocho salas de reuniones que ofrece el hotel y la terraza que amplía la capacidad del gran salón de baile con espacio para 200 comensales en una cena de gala.
Cerca del Hofburg, con 143 habitaciones y suites, Park Hyatt Vienna completa las novedades en cuando a hoteles de alta gama. Ocupa un renovado conjunto de edificios históricos que incluye el Goldenes Quartier, el centro comercial de lujo de moda en la ciudad. El hotel es un homenaje al clasicismo desde ópticas modernas.
La decoración del hotel Sofitel Vienna Stephansdom corrobora que en la capital austríaca no sólo hay clasicismo. Junto al canal del Danubio, este edificio de Jean Nouvel alberga 182 habitaciones de estilo muy depurado en negro, gris o blanco.
La originalidad de la estética se complementa con las mejores vistas de Viena, compartidas con las del hotel Meliá, que ofrece el restaurante Das Lof t, totalmente revestido en cristal para reforzar su carácter panorámico, del piso 18. La mayor de las nueve salas de reuniones tiene capacidad para grupos de hasta 200 delegados en formato teatro.
Hoteles boutique
Pequeños hoteles boutique se ofrecen para programas de incentivo dotados de un toque de originalidad. Es el caso del 25hours, un “hotel-espectáculo” ambientado en torno al circo. Sus 217 habitaciones evocan una temática que favorece la calidez de este establecimiento que cuenta con una sala de reunión para 200 personas que también pueden disfrutar en el patio de un cóctel al aire libre.
El Altstadthotel explota un original concepto basado en el homestay sin renunciar a la mayor comodidad. Especialistas del diseño y la moda están detrás de la decoración de cada una de las 45 habitaciones y las tres salas destinadas a sesiones profesionales, la mayor de 100 metros cuadrados. El huésped tiene la impresión de “vivir” en una casa particular.
El Altstadt se encuentra en el barrio de Spittelberg, el preferido por quienes buscan la Viena más vanguardista. El hotel es un buen punto de partida para una sesión de compras con un personnal shopper que permita descubrir las últimas tendencias del diseño centroeuropeo.
Puro clasicismo
Siempre habrá quien prefiera los hoteles con reminiscencias históricas. Estratégicamente situado en la parte más noble del Ringstrasse, ocupando lo que fue el palacio del príncipe de Wurtemberg, el hotel Imperial acostumbra a recibir a hombres y mujeres de estado y otros personajes insignes en su paso por la ciudad. Inaugurado en 1873, tiene 138 habitaciones y tres salas de reuniones.
El Sacher, a pesar de ser una institución desde su fundación en 1876, es sobre todo conocido por la pastelería que ocupa sus bajos. No obstante, las 176 habitaciones frecuentadas por la aristocracia europea, siguen atrayendo a los amantes del clasicismo renovado en un emplazamiento estratégico para recorrer la parte histórica de la ciudad.
Venues históricos
Si hay una ciudad que se preste a acompañar los eventos con música clásica, sin duda es Viena. Los participantes pueden revivir durante unas horas el esplendor de las veladas organizadas en la corte de los Habsburgo. El abanico de venues históricos donde organizar las veladas musicales es extenso. Un traslado en calesa con los invitados vestidos al estilo de Francisco José y Sissi será la guinda.
Uno de los lugares con más encanto para este tipo de eventos es el palacio Daun-Kinsky, en el casco antiguo. Este magnífico edificio barroco cuenta con cinco salas muy utilizadas para cenas de gala precedidas de un concierto privado en grupos de hasta 80 personas.
La misma empresa gestiona los espacios del vecino Palacio Ferstel, que cuenta con una bonita sala para grupos más grandes con un máximo de 300 comensales. El formato más demandado es el de cena seguida de baile en la misma sala.
En la Casa de la Orden Teutónica, en los alrededores de la catedral, pasó Mozart algunos años de su vida. Alberga la Sala Terrena: es el espacio para conciertos más antiguo de Viena y uno de los más bonitos gracias a sus frescos renacentistas. En ella dio algunos recitales el genio de la música. Actualmente se puede privatizar para conciertos de música de cámara en grupos pequeños: intimidad e historia unidas bajo las notas.
El Aula der Wissenschaf ten es un edificio del siglo XVII renovado en un estilo depurado con matices ultramodernos. Con cinco salas en total, el Aula es uno de los lugares más recomendables para la organización de grandes cócteles con un máximo de 600 invitados. Los juegos de luces combinan a la perfección con la decoración en eventos que suelen incluir la presencia de cantantes de ópera infiltrados entre los participantes, un dj amenizando la velada o una juke box para que cada invitado pueda hacer adivinar sus melodías preferidas al resto de invitados.
Espacios contemporáneos
Aunque se vanaglorie de su pasado imperial Viena también ofrece espacios para eventos más modernos que recuerdan que Austria también ha hecho nacer a genios contemporáneos como Klimt. Secession es un edificio art nouveau con una sala destinada a exposiciones de arte contemporáneo anexa al famoso Friso de Beethoven del artista. Se pueden organizar cócteles de hasta 420 personas invitadas.
En las afueras de la ciudad, ocupando un antiguo palacio, el Museo Tecnológico de Viena no sólo supone un recorrido por la historia material de la humanidad sino que permite organizar eventos dentro de algunos de los aparatos presentados: una idea original para cenas de gala en grupos pequeños o cócteles que incluyan un teambuilding en el marco del museo. Se pueden reproducir algunas de las experiencias que han marcado la evolución tecnológica de la Humanidad.
En palacios
Pocos programas lúdicos en Viena no han incluido la celebración de una cena de gala en un palacio. El más demandado, por ser también el edificio más visitado de Austria, es el de Schönbrunn, o palacio de verano de los Habsburgo.
Es sede de conciertos privados y cócteles en los jardines para presupuestos elevados. Una cena de gala en la Gran Galería puede suceder a la visita. La Orangerie que forma parte del recinto alberga gran cantidad de fiestas de empresa.
El Belvedere es el antiguo palacio del príncipe Eugenio de Saboya, seguramente el más coqueto de la ciudad. Cuenta con dos edificios: el “alto”, dedicado a la exposición permanente en torno al famoso Beso de Klimt, y el “bajo” con las exposiciones temporales. La sala de mármol rojo del edificio principal se utiliza para cenas de gala.
Viena y el vals
300.000 personas visitan cada año Viena para asistir a alguno de los 400 bailes que se organizan anualmente. El pomposo ceremonial que acompaña a esta danza procede de su carácter cortesano, aunque fue su popularización la que le dio el toque festivo y carnavalesco que tiene hoy en día.
El vals se hizo famoso cuando el emperador Francisco José abrió los salones de Hofburg a los habitantes de la ciudad. Éstos comenzaron a imitar los gestos de la aristocracia e impregnaron el baile de costumbres populares como la fanfarria. No todo el mundo sabe que en sus orígenes no era un baile para parejas sino todo lo contrario, era considerado un escándalo bailarlo de este modo. Hubo que esperar hasta el Congreso de Viena celebrado en 1815 para que fuese aceptado del modo que hoy conocemos, y a las melodías que Johann Strauss padre creó en esa época para que se ampliase sobremanera el repertorio de temas.
El Baile de la Ópera es uno de los más famosos y se celebra en el mes de febrero: 160 parejas disfrutan del privilegio de bailar en el marco que representa el edificio más emblemático de la ciudad ante 5000 invitados. Conseguir uno de los palcos es una ardua tarea al alcance de muy pocos.
Las agencias de receptivo locales tienen más posibilidades de disponer de palcos en la Ópera para uno de los conciertos que componen la agenda musical anual. En cuanto al vals, se pueden programar bailes privados, con música en directo, en los muchos venues históricos que ofrece Viena.
Incentivos de cine
Más allá de los cursos de baile de salón, especialmente vals, y las catas de vino, ambos clásicos de la carta de propuestas de los receptivos locales, los grupos pueden sumergirse.
Teambuilding en Viena
Cocinando strudel
En la panadería del palacio Schönbrunn los grupos pueden elaborar este postre a base de hojaldre y fruta. Se puede degustar en una merienda al más puro estilo palaciego tras una visita, si bien hasta las 17h30 el palacio está abierto al público.
Porcelana vienesa
En el museo Augarten los participantes deciden qué temática ilustrará las piezas de porcelana que ellos mismos decoran y servirán como recuerdo de la estancia en este museo que es además una de las principales factorías del centro de Europa.
Clase de vals
Es una de las actividades obligadas: cada pareja presentará la coreografía aprendida ante sus compañeros, por qué no habiendo elegido el tema sobre el que quieren bailar tras un quizz musical de los extractos más famosos.
Música en grupo
Pocos destinos se prestan como Viena a organizar sesiones musicales en las que los músicos sean los participantes, si bien los instrumentos clásicos no son los más fáciles para principiantes. Por eso lo mejor es adivinar la que otros profesionales tocan.
en Viena a través del cine. Obviamente, Sissi Emperatriz proporciona la mayor cantidad de ideas, pero también El tercer hombre: los participantes se sumergen en un ambiente de espionaje y dudas por resolver que les permite descubrir la ciudad desde una óptica diferente.
Mozart, Beethoven… pueden “acompañar” a los equipos en reproducciones de escenas que tengan que ver con algunos de los habitantes más famosos de la ciudad. Las huellas de Beethoven en Viena son numerosas, tantas como las opciones de organizar programas para motivar a los grupos en torno a su figura.
Otra posibilidad es conseguir que los visitantes se conviertan en artistas por un día, ya sea pintando su propia pieza de porcelana en el museo Augarten o reproduciendo obras de arte contemporáneo en el museo Leopold, donde se encuentra la mayor colección de obras de Egon Schiele.
Como los locales
Los vieneses adoran el Naschmarkt: todos los días, excepto los domingos, los restaurantes de este mercado callejero desbordan de locales y turistas que antes han paseado y hecho sus compras en los puestos de especias, frutas, verduras y quesos.
Es ideal para un teambuilding que incluya conseguir los ingredientes de lo que se vaya a cocinar. En septiembre y octubre se puede degustar el sturm o mosto: es un vino joven, no fermentado, que los austríacos beben en la época de la vendimia.
Griechenbeisl es una taberna medieval original muy utilizada para grupos grandes conocida por su excelente servicio y en pleno centro. Con fama de frío y distante, el visitante puede fácilmente comprobar que, como buen centroeuropeo, el austríaco gusta de darle un toque festivo, además de musical, a cualquier evento. Éstos es uno de los mejores lugares para comprobarlo.
Emblema de estabilidad, rigor y profesionalidad, Viena es un valor seguro para los organizadores de convenciones e incentivos. La cuna del vals y las historias palaciegas ligadas a Sissi atrae por su clasicismo pero no por ello deja de proponer nuevos atractivos en torno a una ciudad cómoda y accesible que permite a cada uno marcar su compás.




