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BANJUL: SONRISAS DE ÁFRICA

Los gambianos se refieren a su país como “La Costa de la Sonrisa”, y no solo porque su geografía tiene la forma de esta expresión, también porque sus gentes se presentan ante el viajero alegre y pacífico. Los más poéticos defienden que Gambia es un país cuyos detalles y secretos hacen que pronto se dibuje una sonrisa en el rostro de quien lo descubre. En todo caso, este pequeño destino del África occidental sorprende de manera abrumadora.

Por Rocío López Alemany

Fotos Eva López Álvarez

Gambia es un lugar donde detenerse, tomar aire, mirar alrededor y tener la cámara fotográfica preparada. De repente, una caravana de monos puede cruzar la carretera y adentrarse en una jungla atestada de aves, cocodrilos, serpientes, hipopótamos… que viven plácidamente en árboles y zonas húmedas. Las vacas pastan a sus anchas en las grandes playas tropicales. Jabalíes, hienas, roedores gigantes y otros mamíferos hacen de este pequeño país africano un paraíso alejado de los estereotipos de vida salvaje que ofrecen otros destinos del continente.

Accesible desde España

Iberia, en vuelo compartido con Binter, ofrece todos los sábados del año un vuelo entre Madrid y Banjul con escala en Las Palmas de Gran Canaria. Es la forma más sencilla de llegar desde España, vía más directa para quienes se desplacen desde Latinoamérica. Poco más de dos millones de habitantes pueblan este destino, siendo musulmán el 90 % del censo. Prueba de ello es la gran cantidad de mezquitas que se erigen a lo largo del territorio.

El idioma oficial es el inglés, especialmente presente en los grandes núcleos urbanos. Sin embargo, fuera de ellos se hablan idiomas tribales: son hasta nueve lenguas y entre las más habladas están el mandinka, el wolof, el fula y el jola. Banjul La capital aglutina la oferta cultural y de ocio del país, además de ser una explosión de color y actividad.

Banjul

está plagada de mercados en los que se ofrecen artesanía, comida… y un caos lleno de encanto. Mercados como Albert Market, Serrekunda o Brikama son la versión reducida del más famoso: el Tanji Fishing Village Market, situado al lado de la playa de Tanji.

Los pescadores salen cada mañana a pescar en sus barcazas y regresan al atardecer. Su llegada es un auténtico desafío ante las gaviotas que luchan por arrebatar parte de la descarga: todo un espectáculo en el que niños, mujeres y hombres trabajan al unísono para lograr que la mercancía llegue a su destino y el pescado pueda ser comercializado en la misma playa. Los olores no siempre son agradables.

Tanji es la única playa del país en la que ningún visitante desea bañarse pero sí ser partícipe de un ajetreo que la hace única.

Durante la mañana, el reto es sortear a los vendedores que insisten en que sus productos son los mejores: regatear es el deporte más practicado en este mercado ideal para un teambuilding que consista en conseguir los productos necesarios para elaborar una receta local.

Tradiciones locales

En las cercanías se encuentra el Tanje Village Museum, parada obligatoria para comprender el estilo de vida de los gambianos y sus tradiciones ancestrales. El sonido de los djembes inunda el lugar. Hombres locales cantan y hacen una demostración de cómo se toca este instrumento de percusión tradicional en la cultura mandinga.

Una gran colección de djembes se expone en el interior del museo, siendo algunos auténticas joyas milenarias.

Otros artesanos tejen bolsos y pañuelos en telares de inmensas proporciones, con estampados calculados al milímetro para que cada diseño sea único. También hay un horno del pan local tapalapa en el que se puede hornear y degustar al instante. Es decir, una visita experiencial que supone una inmersión en la vida local.

Vida nocturna

El dinamismo comercial y cultural es más que evidente en Banjul. Con el anochecer el ambiente se traslada a una de las avenidas más conocidas de la ciudad: Senegambia. Esta calle a la que los locales se refieren como “Las Vegas”, por sus carteles luminosos y música ininterrumpida, concentra la mayor cantidad de hoteles, restaurantes y áreas de ocio – desde casinos a teatros –, donde turistas y locales se mezclan al ritmo de la noche africana.

El Senegambia Beach Hotel es un complejo al más puro estilo caribeño en régimen de todo incluido. Cuenta con cuatro restaurantes, dos piscinas, acceso directo a playa y un jardín de palmeras, flores y plantas exóticas. Es habitual ver a buitres y monos en los árboles y terrazas de las 354 habitaciones construidas en los jardines. En el hotel vive una colonia de buitres de tamaño excepcional que los huéspedes pueden alimentar. Varias veces a la semana protagonizan un espectáculo al que se suman otras aves de los alrededores.

Actividades como avistamiento de aves, paseos a caballo por la playa, competiciones de volley, clases de danza africana o jet ski forman parte de las propuestas ofrecidas por el recinto para grupos de hasta diez personas.

Dura historia

Para adentrarse en ella es necesario alejarse de la capital y cruzar el río Gambia hasta llegar a Barra: en el muelle esperan pacientes niños que van a la escuela, mujeres que portan grandes cestos en sus cabezas, camioneros… Barra es la puerta de entrada a la vida gambiana más auténtica. El ferry desde Banjul hasta Barra, en un trayecto de aproximadamente una hora, es toda una experiencia y una buena oportunidad para interactuar con la gente local.

Una vez en Barra todo da un vuelco: ya no existen complejos turísticos sino campamentos “en primera línea de río”. La tierra es anaranjada, en lugar de carreteras solo hay caminos angostos y llenos de baches, la masa selvática rodea todos los espacios y los monos se dejan ver sin complejos. Algunas construcciones revelan que, en esta zona, colonos portugueses e ingleses sometieron al pueblo gambiano convirtiendo al país en fuente de esclavos. Algunos se hicieron famosos gracias al cine, como el inspirado en la isla Kunta Kinteh.

El puerto de Albreda Jufureh es hoy una zona tranquila, con un prado que irradia brillantes verdes y una playa invadida por olas gigantes. Muchos niños juegan y ríen en torno a una estatua que recuerda la historia. Se trata de la esbelta figura de un esclavo que, despojándose de sus grilletes, alza los brazos al cielo. A sus pies se puede leer Never again (nunca más). La figura mira desafiante hacia la isla Kunta Kinteh.

Desde la orilla del río Gambia se percibe, aunque hoy en ruinas, la fortaleza que ocupa gran parte de la ahora llamada isla St. James. Rodeada por baobabs centenarios, parece un pedazo de edén. Pero lo cierto es que encierra uno de los episodios más tristes de Gambia. Grilletes y cadenas tirados por el suelo denuncian lo que los esclavos vivieron en este lugar.

La isla está abandonada desde hace tiempo pero una excursión en barca desde el puerto permite conocer más detalles sobre la diáspora africana que se extendió hasta el año 1807, cuando por fin se abolió la esclavitud.

Cultura ancestral

En esta zona del país también es posible descubrir las tradiciones ancestrales más arraigadas en el campo y la costa, ritos ceremoniales y leyendas como la del Kankurang – “enmascarado” – : es un personaje mítico mandinga presente en rituales de iniciación y circuncisión. A pesar de su espantosa apariencia que emula a un árbol y lleva un machete en cada mano, es muy apreciado por los locales ya que consideran aleja a los malos espíritus.

Los ritos de iniciación se realizan entre agosto y septiembre, momento en el que el Kankurang desfila profiriendo gritos con los que avisa a la población de su llegada y circula acompañado por un grupo que baila y canta a su alrededor.

En las playas de Gambia también se puede apreciar otra costumbre ancestral: la lucha senegalesa o wrestling. Dos vigorosos hombres, o también fornidas mujeres, miden sus fuerzas en una batalla cuerpo a cuerpo sobre la arena.

La marcada cultura que se aprecia en Gambia es testimonio claro de una dura historia dominada por años de esclavitud y autoritarismo militar. La última dictadura terminó en enero de 2017 y recortó durante 23 años las libertades de los habitantes.

Poco a poco la democracia abre un camino de esperanza y el cambio se aprecia cada día en las calles, sus gentes y la interacción con los visitantes que poco a poco pueden adentrarse en un destino lleno de enigmas. Nuevas carreteras, hoteles de estilo europeo y zonas de ocio surgen cada vez con más frecuencia en un país que crece a un ritmo lento, pero constante.

Vida Salvaje

En el pueblo de Bakau, a poco más de media hora por carretera desde Banjul, se encuentra Kachikally Museum and Crocodile Pool. Es una piscina donde habitan más de 70 cocodrilos que gozan del don, al menos así lo afirma la creencia local, de hacer que las mujeres que se bañan en sus aguas se queden embarazadas. Si estas mujeres consiguen su deseo de dar a luz a un niño o a una niña deben ponerle el nombre de Kachikally – “cocodrilo” en mandinga –.

Ocean Bay Hotel & Resort, ubicado en Bakau, a poco más de 10 kilómetros de Banjul, se encuentra en una de las zonas más privilegiadas de Gambia: cuenta con una de las playas más extensas donde bañarse, descansar, practicar yoga y enfrentarse a las olas en sesiones de windsurf, vela o esquí acuático. Cuenta con 195 habitaciones y una sala para organizar cócteles de hasta 125 invitados.

El hotel organiza salidas para mostrar la parte más salvaje de Gambia. Además de los cocodrilos, se pueden observar serpientes en Reptile Farm, una granja situada al sur del país, en la ciudad de Kartong. Se las puede ver y tocar, incluso colgárselas alrededor del cuello. En Gambia viven 29 especies de serpientes, dos de las cuales se caracterizan por figurar entre las más venenosas del planeta. Aunque no son considerados animales sagrados, su preservación es importante para el control de la agricultura del país.

A casi tres horas en coche de Banjul se encuentra Tendaba Camp, en una ubicación extraordinaria entre el Parque Nacional Kiang West y la Reserva Bao Bolong Wetland. Los hoteles en esta parte de Gambia brillan por su ausencia y en su lugar una serie de campamentos rurales ofrecen al visitante la experiencia, no lujosa pero sí confortable, de descubrir los secretos que encierran las riberas del río Gambia.

Son alojamientos que lejos de todo lujo material ofrecen experiencias ligadas a la tranquilidad, el silencio y la desconexión -no hay posibilidad alguna de conectarse a Internet.

Kiang West

Para quienes busquen más comodidad, en Alla Kunda, a casi tres horas de Banjul y una hora de Kiang West, Sindola Safari Lodge, es un alojamiento inspirado en 40 casitas típicas con techos de paja y estructura de hormigón. Completan un recinto que incluye piscina, campo de fútbol y pista de tenis. Cuenta con dos espacios para eventos, la sala más grande acoge 110 comensales en banquete.

Este hotel sirve de punto de partida para la observación de monos, chimpancés e hipopótamos. Además, el complejo alberga periódicamente la ceremonia del Futampaf, en la que un grupo de indígenas baila y canta mientras uno de ellos escupe fuego por la boca y otros dos cortan sus pieles (sus propias pieles) con machetes sin hacerse ni un rasguño gracias al talismán que los protege.

Kiang West es uno de los parques naturales más grandes de Gambia. La mayor parte del área protegida está cubierta por selva donde predominan baobabs, ceibas y acacias rojas. El río genera un estuario navegable entre manglares donde cocodrilos, serpientes, lagartos y libélulas, así como todo tipo de pájaros, se dejan ver.

Gambia no se caracteriza por ofrecer safaris en los que no despegarse de los prismáticos, pero su fauna y flora puede tocarse, sentirse y disfrutarse con intensidad. Solo cinco horas de coche son necesarias para recorrer este país del África occidental de punta a punta, con altos en el camino para fotografiar gratas sorpresas compuestas por amaneceres únicos, animales exóticos y locales que, si bien a veces se esconden de la cámara, otras posan con una gracia tan natural como la misma tierra que habitan.

Experiencias culinarias

“Yabouy Home Cooking” es un showcooking para grupos que ofrece Ida Cham en su cocina. Se trata de una auténtica masterclass que empieza en el hogar de esta gambiana dedicada al turismo desde hace 30 años. Tras regentar varios hoteles, Ida decidió innovar y ofrecer al visitante una actividad que aporta valor cultural, y una gran experiencia, a cualquier viaje a Gambia.

La sesión incluye lecciones sobre vestimenta, cómo comprar y cómo cocinar un plato cien por cien gambiano como el benachin. En cinco horas de actividad los participantes se visten con prendas típicas como el grandmuba – tela que cubre todo el cuerpo –; el malan – una suerte de falda larga –; o el fataro – traje a todo color con estampados –. Después de ataviarse de pies a cabeza, la siguiente parada es el mercado de Tanji, donde se compran los ingredientes necesarios para preparar el plato.

De vuelta al hogar de Ida, el grupo de máximo diez personas, ayuda a la anfitriona a pelar, cortar y cocinar los ingredientes que más tarde degustarán en compañía de Ida y su familia. Muy pocos showcookings se ofrecen en esta parte de África, de hecho Ida es pionera en ofrecer este tipo de experiencias que mezclan gastronomía, cultura y vida local.

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