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PRAGA: BELLEZA ETERNA

El encanto incuestionable del centro histórico de Praga, con sus callejuelas medievales, majestuosos edificios y animadas tabernas, atrae a millones de turistas cada año. Gracias a su variada oferta cultural, la ciudad de las cien torres es también un destino ideal para incentivos.

Por Cristina Cunchillos

La capital checa es una ciudad afortunada. A lo largo de su historia se ha librado de bombardeos y graves desastres medioambientales (con la excepción de las inundaciones de 2002), preservando su belleza intacta. Tampoco ha sufrido ataques terroristas como otras capitales europeas, lo que ha atraído a muchos viajeros en busca de destinos alternativos a las grandes urbes consideradas menos fiables.

Con conexión directa con más de 140 aeropuertos, Praga es una opción ideal y cada vez más accesible. A los vuelos desde Norteamérica se añadieron recientemente las rutas asiáticas y su impacto es tangible al visitar la ciudad: cada vez más viajeros proceden de Nueva York, Toronto, Montreal, Seúl, Pekín o Shanghái. En octubre se añadirán los vuelos de Ryanair desde Madrid, Barcelona y Málaga.

Construida sobre siete colinas, Praga se extiende a los lados del río Moldava y cuenta con apenas un millón de habitantes. Parece difícil de creer cuando se ven las multitudes que transitan el centro histórico, declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1992.

Y es que la gran mayoría de visitantes no sale de lo que fueron las ciudades medievales originales y que albergan el Castillo de Praga (Hradcany); la Ciudad Nueva (Nové Mesto); la Ciudad Pequeña (Malá Strana); y la Ciudad Vieja (Staré Mesto), que incluye a su vez el distrito judío de Josefov.

Un centro muy turístico

Los praguenses prefieren la tranquilidad de distritos periféricos como Vinohrady, antigua zona de viñedos, o el bohemio barrio de Zizkov, frecuentado por artistas y estudiantes. Mientras los turistas se aglutinan en la Plaza de la Ciudad Vieja (Staromestské námestí)

para asistir al cambio de hora en el Reloj Astronómico, o el Puente de Carlos, el centro de reunión preferido por los praguenses es la Plaza de Venceslao, escenario de las grandes manifestaciones que tuvieron lugar durante la Revolución de Terciopelo de 1989 que conllevó la caída del régimen comunista.

Pese a su popularidad, el centro histórico no ha perdido encanto y aún es posible perderse por callejuelas medievales presididas por un silencio ausente en las arterias principales. Pasear por el centro es hacer un recorrido por la historia y la evolución arquitectónica de la ciudad. Torres medievales e iglesias góticas conviven con palacios neoclásicos y barrocos, coloridos edificios modernistas y también los más austeros vestigios de la era comunista.

En Praga todo se preserva, para deleite del visitante. Un paseo en bicicleta por la orilla del río, una excursión en barco por el Moldava o un recorrido en calesas o coches antiguos por el centro son distintas alternativas, todas recomendables, para disfrutar de la ciudad. Para una experiencia más auténtica es posible alquilar uno de los antiguos tranvías para trayectos ambientados con música checa tradicional y en vivo.

En Praga se respira la historia, muchas veces mezclada con exclusividad y sofisticación, y prueba de ello es The Augustine: es un antiguo monasterio rehabilitado como hotel con 101 habitaciones y spa que ofrece tratamientos con cerveza. Como regalo para un buen cliente, la Tower Suite es garantía de éxito: hará las delicias de cualquier viajero ya que supone dormir “rodeado de Praga”.

Del Castillo al río

Dominando la orilla oeste se alza el Castillo de Praga, fundado en el siglo X. Se ubica en la que es la parte más antigua de la ciudad y es la atracción más popular de la República Checa: así lo atestiguan las colas en los controles de seguridad. El término “castillo” es engañoso. En realidad, se trata de una ciudad fortificada que contiene 28 palacios, incluyendo el Palacio Presidencial; la Basílica de  San Jorge; la majestuosa catedral gótica de San Vito y coloridas casas como las del coqueto Callejón del Oro, donde vivieron alquimistas y figuras célebres como Franz Kafka.

Dentro del recinto del Castillo se encuentra el flamante Palacio Lobkowicz, propiedad desde el siglo XVI de una de las familias nobles más importantes de Chequia. En su interior se puede visitar una impresionante colección de pintura que incluye obras de Velázquez, Canaletto y maestros de la escuela flamenca. Destaca también la sala de la música, con partituras originales de Beethoven regaladas a uno de sus mayores benefactores, el séptimo Príncipe Lobkowicz.

En su época el palacio fue sede de conciertos y la tradición continúa hoy, con certámenes diarios de música clásica y barroca. Además, el primer piso del palacio ofrece diez salas para eventos con una capacidad combinada de hasta 400 personas, así como un balcón con espectaculares vistas.

Los grupos pueden finalizar la visita al castillo con un almuerzo en Villa Richter, un exclusivo restaurante entre los viñedos de Venceslao, los más antiguos de Bohemia, cuyos vinos se pueden degustar con el menú.

A los pies del Castillo de Praga, en Malá Strana, el hotel boutique Golden Well ofrece 19 habitaciones y excelentes vistas desde su restaurante Terasa U Zlaté, considerado uno de los mejores de la República Checa.

Otra opción para grupos y presupuestos elevados es el restaurante Kampa Park a orillas del río, con vistas al Puente de Carlos.

Muchos programas incluyen también una visita al Monasterio de Strahov. Su impresionante biblioteca guarda más de 280.000 tomos que se remontan al siglo IX y se reparten en dos salas -la Filosófica y la Teológica- ricamente decoradas con frescos. En ellas se pueden organizar conciertos privados. Tras la visita, nada como una refrescante cerveza en la Cervecería Strahov, donde se continúa elaborando la bebida checa por excelencia con la receta original de los monjes.

Praga floreció durante el siglo XIV bajo el reinado de Carlos IV, a quien rinde homenaje el puente más famoso, y más antiguo, de la ciudad. Decorado con bellas estatuas de estilo barroco, el puente es un continuo hervidero de turistas en busca del selfie perfecto.

Sólo de madrugada es posible disfrutar de un ambiente más tranquilo. También si se dispone del elevadísimo presupuesto y las estrictas condiciones requeridas para alquilar parte del puente para un evento privado.

Staré Mesto

Al otro lado del puente se extiende Staré Mesto, o Ciudad Vieja, donde las opciones de alojamiento son numerosas. El hotel Four Seasons es el que cuenta con las mejores vistas, a orillas del río y con 157 habitaciones. En la terraza se celebran conciertos semanales durante la época estival. El hotel refleja como ninguno el eclecticismo arquitectónico de Praga, combinando tres edificios históricos de estilos neoclásico, renacentista y barroco, unidos por un cuarto bloque de arquitectura moderna.

De los cuatro hoteles que Marriott tiene en la ciudad, el Marriott Prague es el mejor ubicado, junto a la céntrica Plaza de la República. En su Bourbon Bar, los grupos pueden hacer degustación de la bebida eligiendo entre 70 marcas diferentes o aprendiendo a hacer cócteles de la mano del reconocido mixólogo Tomas Toka. Sus 293 amplias habitaciones hacen un guiño a su ubicación con pinturas de escenas típicas praguenses.

Ciudad de música y arte

Praga es la ciudad de la música. Por ella pasaron famosos compositores como los checos Dvorák o Smetana, o los austríacos Haydn o Mozart, quien estrenó Don Giovanni en su Teatro Estatal. La tradición musical se mantiene, incluso en las calles de Praga, donde virtuosos jóvenes parecen acariciar los instrumentos mientras los visitantes se aglutinan en torno a ellos.

Para una experiencia completa, una noche en la ópera o un concierto de música clásica en el Rudolfinum, sede de la Filarmónica de Praga, o en la Casa Municipal (Obecní Dum) no debe faltar en un programa de incentivo. Esta joya modernista cuenta con una cervecería clásica que se puede reservar para grupos.

En cualquiera de sus salones art déco, cada uno diferente, se pueden organizar pequeños seminarios. En la espectacular sala Smetana hay capacidad para 1.200 personas. Un buen remate a cualquier evento es organizar un cóctel en el balcón de la fachada.

La capital checa es famosa por el magnífico cristal de Bohemia y el centro está repleto de tiendas que ofrecen todo tipo de esculturas y artículos, de mejor o peor calidad, así como galerías de artistas. En la Galería Manto de Arte Funcional, Tony Manto expone sus creaciones e invita a los grupos a dar rienda suelta a la imaginación en una divertida actividad.

Los participantes decoran placas de cristal que se trasladan a los hornos de su fábrica y se transforman en originales platos que se llevarán de recuerdo. Es posible asistir al proceso de elaboración del cristal en fábricas como Moser, en la ciudad balneario de Karlovy Vary, a dos horas de la capital.

El Convento de Santa Inés es una de las atracciones menos conocidas del centro: las tranquilas callejuelas que lo rodean han sido utilizadas como escenario de películas. Aquí se puede visitar una exposición permanente del mejor arte gótico bohemio, así como sus jardines, iglesias y claustro.

Estos espacios, habitados por monjas clarisas en el siglo XIII, son ahora gestionados por la empresa Golem que los ofrece para la celebración de eventos. Entre ellos, los conciertos del Festival Internacional de Música Primavera de Praga, reconocidos por la excelente acústica que proporciona este lugar.

El barrio judío

Próximo al convento está Josefov. Fundado en el siglo XII, es el barrio judío más antiguo que se mantiene intacto y sorprende el motivo de su existencia: Hitler quiso preservarlo con la intención de construir un museo sobre la extinción de la raza que, afortunadamente, nunca vio la luz. En la Sinagoga Pinkas está el memorial a los fallecidos en el Holocausto nazi. Igualmente sobrecogedor es el paseo por el cementerio judío junto a la Sinagoga Viejo-Nueva, donde se amontonan, capa sobre capa, cerca de 100.000 tumbas.

Las lápidas parecen competir por mantenerse en pie más tiempo que la de al lado pero en realidad todas lucen erguidas desde hace muchos años, como testimonio de una historia de la que aprender.

El Intercontinental Prague, con 372 habitaciones, es un buen punto de partida para visitar la zona.

Renovado en 2016, su vestíbulo atrae a la élite local gracias a su selección de tiendas de lujo que incluye un concesionario de vehículos Rolls-Royce.

El exclusivo restaurante de la terraza ofrece entre otras delicatessen la rica miel de producción propia que acompaña a algunos platos.

Nové Mesto

En Nové Mesto o Ciudad Nueva, el Palacio Zofín es un bello edificio neorrenacentista situado en una de las islas del Moldava. Fue construido en el siglo XIX para los eventos que se organizaban para la nobleza, algo que sigue ocurriendo hoy aunque para un público mucho más amplio.

Bajo los impresionantes candelabros de cristal de Bohemia de su gran ballroom se celebran cenas de gala para 800 comensales, así como algunos conciertos y bailes públicos. Un clásico de los programas lúdicos es la celebración de banquetes amenizados con música clásica en la que los invitados bailan ataviados al más puro estilo barroco.

Al sur de la Ciudad Nueva se alza la colina de Vysehrad, sede de otro castillo del siglo XI del que hoy apenas quedan restos como la Rotonda de San Martín, antiguo almacén de pólvora, o la Basílica de San Pedro y San Pablo.

Vysehrad es un distrito tranquilo, con jardines donde pasean los asistentes a las conferencias que se programan en el palacio de congresos. En las cercanías existen varios hoteles destinados a grupos profesionales, como el Holiday Inn Praha de 254 habitaciones.

Mucho más exclusivo es el hotel Corinthia, fácilmente reconocible por ocupar la torre que define el horizonte de Praga: de cinco estrellas, cuenta con 539 habitaciones, spa con piscina panorámica en el piso 26 y 24 espacios para reuniones con capacidades entre 15 y 500 personas en teatro, además de un lounge privado para las habitaciones ejecutivas con las impresionantes vistas del piso 22.

Para convivir con los habitantes de Praga o simple – mente descubrir la cotidianeidad de una capital que combate con alegría el frío centroeuro – peo, lo mejor es organizar actividades en barrios como Karlín, a orillas del río.

Autenticidad

Renovado tras las inundaciones de 2002, es un distrito cada vez más de moda por su oferta de cafés, enotecas, restaurantes y, por supuesto, cervecerías como Pivovarsky Klub.

La agencia de receptivo Fortissimo Prague ofrece actividades que muestran la ciudad desde el punto de vista de los loca – les, proporcionando una experiencia más genuina. Entre sus propuestas, los grupos pueden aprender a tocar el violín con un artista local o a jugar a hockey sobre hielo, un deporte muy extendido en el país.

Incluso las atracciones más clásicas, como el Reloj Astronómico, se pueden admirar desde puntos de vista menos manidos: desde el interior y con las explicaciones de un maestro relojero.

Apreciar las mismas cosas que los locales no está reñido con frecuentar las zonas tu – rísticas. Hace tres décadas que cayó el Telón de Acero y la población checa sigue ávida de propuestas ultramodernas: es el caso del Bu – ddha-Bar Hotel. Su situación, en el corazón de la Ciudad Vieja, hace de este establecimiento una buena opción para incentivos en los que la tradición se mezcla con la vanguardia. Con 39 habitaciones, alberga el Siddharta Café, muy utilizado para eventos de empresa.

Son distintas maneras de llegar al corazón de Praga, escon – dido entre la multitud pero siempre latiendo tras su belleza.

La cuna de la cerveza

La cerveza es la bebida nacional checa y, sin duda, uno de los principales atractivos de Praga son sus históricas tabernas donde el preciado líquido fluye a raudales. A menudo no es siquiera necesario mirar un menú o preocupar – se sobre cómo pedir: basta con indicar la cantidad y, como mucho, precisar si se prefiere grande o pequeña, para recibir en la mesa ja – rras de espumosa pilsen, la típica cerveza rubia checa.

Este tipo de cerveza lager, el más universal fabricado hoy en día por las prin – cipales empresas cerveceras en todo el mundo, tiene su origen en la cercana ciudad de Plzen (o Pilsen). En concreto, fueron los maestros cerveceros de Pil – sner Urquell (nombre que significa “la fuente original”) quienes dieron con la fórmula mágica en 1842. Por eso su fábrica en Pilsen es visita obligada para los amantes de esta bebida.

La industria checa ha evolucionado y ahora se pueden encontrar diferen – tes tipos (tostada, negra…) así como numerosas micro-cervecerías, museos y hasta spas dedicados a este producto. Varias tabernas fabrican su propia cerveza y ofrecen visitas guiadas y catas. U Fleku es la más famosa, pero hay muchas otras como Pivovar Národní o U Trí Ruzí: distintas opciones a través de las que disfrutar del au – téntico sabor de Praga.

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