Por Cristina Cunchillos
Fotos Go Vilnius
Vilna (o Vilnius) nació de un sueño. Cuentan que una noche del año 1323, Gediminas, Gran Duque de Lituania, soñó con un lobo acorazado que aullaba, invencible, desde lo alto de una colina. Interpretándolo como un augurio positivo, decidió fundar su capital en esa misma elevación, a orillas del río Neris.
La torre de Gediminas, el único resto de la fortaleza original, sigue dominando hoy la capital lituana. Desde aquí partió la Cadena Báltica en 1989: una impresionante cadena humana de dos millones de personas que se extendió hasta Tallin, contribuyendo a alcanzar otro sueño, el de la independencia de la ocupación soviética.
Lituania fue la primera de las tres Repúblicas Bálticas – junto a Estonia y Letonia – en conseguirlo.
Treinta años después, el posicionamiento de Vilna como un destino atractivo no solo para viajes de ocio, sino también para convenciones e incentivos, no es un sueño sino una realidad cada vez más evidente, gracias al crecimiento imparable de la oferta de hoteles y venues.
Lo único pendiente de mejorar son sus conexiones aéreas, al menos de cara al mercado hispanohablante. Desde España, solamente Wizz Air ofrece vuelos directos dos veces por semana desde Barcelona, y muchos viajeros prefieren volar con Iberia o Luf thansa vía Fránkfurt. Los visitantes procedentes de Latinoamérica necesitan igualmente hacer conexión en alguno de los más de 50 destinos europeos con vuelo directo a Vilna, entre los que figuran Londres, París y Ámsterdam.
Capital barroca
El casco antiguo de Vilna conserva un trazado medieval con callejones empedrados y bellos edificios góticos, renacentistas y, predominantemente, barrocos que le valieron su declaración como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1994. Es un eclecticismo que se extiende a su población, confiriéndole un ambiente cosmopolita y multicultural.
El centro neurálgico de la ciudad es la Plaza de la Catedral, un vasto espacio donde se suelen celebrar conciertos y festivales. Entre la torre de Gediminas y la igualmente icónica torre del campanario, se extiende el cuerpo de la catedral barroca del siglo XVIII y el Palacio de los Grandes Duques de Lituania. Es fruto de una reconstrucción completada en 2018 del que fuera el centro político de la ciudad. Además de recorrer su museo, se pueden alquilar varias de sus salas para eventos, y celebrar cenas de gala para 1.500 comensales en su patio
Bordeando la plaza se encuentra el Kempinski Hotel Cathedral Square, el primer hotel de la cadena en la región báltica, así como el más pequeño de la marca con 96 habitaciones y suites en un estilo clásico. Ocupa un edificio del siglo XIX que fue, en sus diferentes usos, desde una fábrica de chocolate a la central de telégrafos en la era soviética, algo que celebra el nombre de su restaurante, Telegrafas, bajo la batuta de uno de los mejores cocineros lituanos. Sus salones pueden acoger un banquete para 135 invitados o convenciones de entre 40 y 220 delegados.
Adentrándose en el casco histórico se encuentra la Universidad de Vilna. Fundada por los jesuitas en el siglo XVI, el complejo es un laberinto de patios y edificios académicos de gran belleza, entre los que destacan por sus frescos el centro de estudios lituanos y la librería. También ofrece salones que se pueden privatizar para presentaciones de hasta 250 invitados.
Historia y tradiciones
El compacto centro histórico de Vilna se presta a hacer visitas guiadas a pie que se pueden tematizar, por ejemplo, haciendo un recorrido por su patrimonio judío. La comunidad judía floreció en el periodo de entreguerras, representando un tercio de la población total de la urbe.
Más de 40.000 perecieron en la aniquilación de los guetos establecidos durante la ocupación alemana, un triste episodio de la historia de la ciudad que los grupos pueden rememorar en la visita.
El centro es también el lugar ideal para familiarizarse con los productos más típicos de Vilna. En el Museo del Ámbar, los grupos pueden aprender a diferenciar los distintos tipos de esta preciada resina, así como distinguir falsificaciones, e incluso probar un licor de ámbar que supuestamente tiene propiedades digestivas.
No obstante, la bebida tradicional lituana es el midus o aguamiel, un licor hecho con miel que se puede encontrar en cualquiera de los bares de la zona de ocio nocturno, en torno a la avenida Vilniaus. Los grupos tampoco pueden irse sin probar el krupnikas, un cóctel muy popular elaborado con miel y especias.
Junto a la miel, el queso es otro de los productos más representativos de la gastronomía lituana. En Džiugas se puede hacer una degustación de sus diferentes variedades, de entre 12 y 48 meses de maduración, en una sala privada con capacidad para 22 personas.
En cuanto a las opciones de alojamiento en el casco antiguo, las propuestas abarcan desde los cinco estrellas más clásicos, como el Imperial Hotel & Restaurant Vilnius de 55 habitaciones, o el Radisson Blu Royal Astorija Hotel con 126 en el edificio más antiguo de la ciudad, a la oferta más informal y económica del Comfort Hotel LT – Rock’n’roll Vilnius. En este dos estrellas de 200 habitaciones, la música inunda todo, desde su propia emisora de radio a la decoración y nombre de sus suites y salas de reuniones, con capacidad hasta 120 personas.
Constante innovación
La oferta de Vilna se renueva constantemente y entre la arquitectura barroca del centro histórico se encuentran ahora modernos establecimientos como el Hotel Pacai, miembro de la red Design Hotels, inaugurado en mayo de 2018. Cuenta con 104 habitaciones de decoración minimalista y cuatro salas de reuniones que se pueden combinar para conferencias de hasta 65 asistentes.
En julio de este año se sumará a la planta hotelera de Vilna el nuevo Hilton Garden Inn Vilnius City Centre, el primer hotel de la cadena en Lituania. Ofrecerá 164 habitaciones y 150 m2 de espacio para eventos en tres salas que, combinadas, podrán acoger convenciones de 180 delegados o banquetes con 130 comensales.
Además de modernizar su oferta hotelera, Vilna también apuesta por la tecnología. En el llamado Telia Nonmuseum, los grupos pueden hacer una visita virtual de la ciudad o un recorrido por su historia en tan solo unos minutos a través una proyección multimedia.
Pero, sin duda, el mejor representante de la Vilna más actual es el nuevo Museo MO de Arte Moderno, inaugurado el pasado mes de noviembre. En el interior del cúbico edificio diseñado por Daniel Libeskind, una flotante escalera de caracol conecta tres pisos de espaciosas galerías monocromas que, aunque con las limitaciones que impone su condición de museo, se pueden alquilar para eventos.
En la planta superior se puede crear un espacio diáfano de 1.000 m2 para banquetes de hasta 700 invitados. La planta baja ofrece más espacios, incluyendo un cine para proyecciones con 100 asientos.
La ciudad nueva
Al otro lado del río Neris creció, a partir de los años 70 del siglo pasado, el distrito financiero y de negocios de Vilna. Aquí, junto a bloques de apartamentos en el estilo austero de la era soviética, se levantan rascacielos y modernos centros comerciales. También hay varios hoteles próximos unos a otros, lo que permite el alojamiento de los grupos más numerosos.
Entre ellos el de mayor capacidad es el Radisson Blu Hotel Lietuva, con 456 habitaciones tras finalizar la extensión que se inauguró a finales de 2018. En lo alto de su torre de 22 pisos, el Sky Bar es ideal para celebrar un cóctel o una cena para 150 invitados con las mejores vistas de la ciudad. Su centro de convenciones es también uno de los mayores de la capital, con 17 salas que se pueden combinar para acoger desde 20 a 1.200 delegados.
Nuevo Centro de Congresos
Es en esta rivera norte, frente a la histórica torre de Gediminas, donde abrirá en 2022 el nuevo Centro de Congresos de Vilna. Ocupará el que fuera un antiguo palacio de deportes y congresos, un edificio de cemento construido en 1971 reconocible por la curvatura de su techo, semejante a una pista de esquí. Ha sido preservado como parte del patrimonio de la ciudad y dentro de tres años comenzará una nueva vida como espacio congresual.
Con un total de 18.800 m2 de espacio, incluyendo nueve pabellones, anfiteatro y salón plenario con capacidad máxima para 4.800 personas, será el mayor centro de congresos y convenciones de toda la región del Báltico. Las obras de remodelación para transformarlo en un venue moderno y sostenible darán comienzo en junio de este año.
Junto a él, Hilton abrirá un nuevo hotel en el futuro, pero Marriott ya se ha adelantado y en junio de 2018 inauguró el Courtyard by Marriott Vilnius City Center, su primera propiedad en Lituania. El moderno edificio de cristal alberga 199 habitaciones y cinco salas para eventos, donde se pueden celebrar desde pequeñas reuniones con 20 asistentes a convenciones para 140 delegados.
Es un hotel dirigido a los viajeros de negocios, con espacios en el vestíbulo destinados a pequeñas reuniones informales o sesiones de trabajo fuera de la habitación.
Espacios para grandes eventos LITEXPO (Centro de Congresos y Exposiciones de Lituania) es la principal sede para ferias multitudinarias. Situado en las afueras de la ciudad, junto al Parque Vingis, sorprende por la luminosidad de su interior, gracias a los grandes ventanales que ofrecen vistas a los bosques circundantes. Cuenta con cinco pabellones y 15 salas, que ofrecen un total de 33.600 m2 de espacio para exposiciones y convenciones con un máximo de 2.000 delegados.
A 19 kilómetros de la ciudad se encuentra el Vilnius Grand Resort, actualmente el mayor centro de convenciones de Lituania, con 25 salas con una capacidad total de hasta 3.000 personas en un solo evento. Pueden acoger desde reuniones de doce personas a cócteles para 800 invitados. Además de ofrecer alojamiento en 185 habitaciones y campo de golf, a partir de mayo contará con el mayor spa de Lituania.
Teambuilding en Vilna
Sabor lituano
En Čiop Čiop son los grupos quienes se encargan de preparar la cena: un menú de platos típicos lituanos con ingredientes clásicos como arenques o patatas, permiten adentrarse en la gastronomía local de la forma más divertida.
Vilna secreta
El centro histórico de la ciudad esconde múltiples secretos y curiosidades que los grupos descubrirán mientras completan un quiz por sus calles, siguiendo las instrucciones de su iPad y entablando conversación con los lugareños.
Aventura urbana
Vilna está rodeada de bosques donde se pueden hacer recorridos en bicicleta o a pie, incluso un circuito de tirolinas y puentes colgantes entre los árboles, completando la aventura con una excursión en kayak por el río Neris.
A vista de pájaro
En los meses del verano europeo los grupos pueden competir en carreras en globo sobrevolando el centro histórico, algo que no se permite en muchas ciudades pero que aquí es posible gracias a la uniformidad y escasa altura de los edificios.
Fuera de Vilna
Los amantes del golf cuentan con otros dos campos de 18 hoyos a pocos minutos de la ciudad. En uno de ellos, el European Centre Golf Club, podrán llevarse además un sello oficial por haber jugado en el centro geográfico de Europa.
La ciudad histórica de Trakai, a media hora de Vilna, es una de las excursiones más habituales en los programas de incentivo. Su castillo medieval ocupa una isla en mitad de un lago donde se pueden realizar actividades náuticas. Además, en el hall central del castillo se celebran cenas de temática medieval para 120 comensales, ambientadas con música y trajes de la época.
En una ciudad rodeada de naturaleza, los grupos no necesitan desplazarse lejos para disfrutar de aventuras al aire libre, excursiones a caballo o carreras de trineo con huskies. Ése es el mayor encanto de Vilna: un destino lo suficientemente pequeño para sentirse a gusto paseando por sus calles o bosques, pero sorprendentemente grande en cuanto a oferta, tanto de ocio como para MICE. Con sus paisajes nórdicos, un carácter extrovertido que apunta más al Mediterráneo e influencias culturales de Oriente y Occidente, Vilna puede presumir de ser el corazón de Europa en más aspectos que el puramente geográfico.
Vilna rebelde
Užupis, un término que significa “al otro lado del río” (en este caso el Vilna), era uno de los distritos más pobres y peligrosos de la ciudad hasta que los artistas tomaron el poder… literalmente. En los años 90 una comunidad de intelectuales se estableció y, mostrando un peculiar sentido del humor, declaró la independencia del territorio en 1997.
La República de Užupis es oficialmente reconocida por embajadas y cuenta con su propia bandera, moneda, presidente y hasta una constitución con 39 artículos, cuya traducción a diferentes idiomas se puede ver en una de las calles centrales. Incluye máximas como “un perro tiene derecho a ser un perro”, “todos tienen la obligación de recordar su nombre” o “nadie tiene derecho a echarle la culpa al otro”.
Hoy es un distrito donde la creatividad de sus habitantes sigue siendo palpable, en sus bohemios cafés y bares, sus galerías de arte, su peculiar oficina de información o los grafitis de sus callejones. Su visita no puede faltar en los programas para grupos, que incluso pueden llevarse como recuerdo un nuevo sello en su pasaporte. Y, si visitan el lugar el 1 de abril, fecha del aniversario de la República, pueden celebrarlo con la cerveza que mana ese día, gratuitamente, de la fuente en su plaza central.




