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NÁPOLES (ITALIA): MÚLTIPLES CARAS

a Campania sorprende por una diversidad que abarca desde las distintas facetas de Nápoles, su capital, a las prístinas aguas de la Costa Amalfitana y el pasado hecho presente de Pompeya. Cualquier programa de incentivo estará impregnado de ese toque diferencial que da una cultura milenaria que se puede tocar y vivir.

Por Rocío López Alemany

Hoteles que emergen como ruinas romanas; estaciones de metro en las que el pasajero casi prefiere perder el tren; el Vesubio que parece asomarse a cada ventana; el centro histórico con más de 400 iglesias… en una región que alberga además la Costa Amalfitana y las ruinas de Pompeya. Es decir, Nápoles en particular y la región italiana de Campania en general son un incentivo en sí mismas.

Con más de tres millones de habitantes, Nápoles es una urbe densamente poblada, con muchos “mejor”, “primeros” o “más del mundo”: el casco histórico más antiguo del planeta y con más templos religiosos; la mejor pizza Margarita del universo –por algo nació aquí–, el primer entramado de acueductos destinado a transportar agua potable o la primera red eléctrica que fue capaz de abastecer a toda una ciudad…

También tiene uno de los puertos más grandes de la cuenca del Mediterráneo y uno de los más importantes en cuanto a turismo de pasajeros, ya que sirve de escala a numerosos cruceristas que tienen Pompeya como objetivo. El Aeropuerto Internacional Ugo Niutta de Nápoles-Capodichino está situado a cinco kilómetros del centro histórico.

Llena de historia

Nápoles fue fundada por los griegos. A continuación la ocuparon los romanos, que amurallaron la ciudad. Más tarde fue sede de la corte de Carlos de Borbón y Nápoles, convirtiéndose en una de las capitales del imperio español. Todas estas herencias se hacen tangibles en cualquier recorrido por la ciudad.

Y es que Nápoles ofrece varias versiones de sí misma, ya sea paseando por los diferentes barrios o recorriendo el subsuelo, desprendiendo en todas partes el agradable aroma de estar respirando un destino lleno de historia y arte. La Nápoles subterránea es una de las opciones más emocionantes: la red de acueductos que data del siglo IV a.C sirvió durante muchos años para transportar el agua potable que se extraía de los pozos de la ciudad.

Tras una epidemia de cólera, ya en el siglo XVII, fueron clausurados y toda esa amalgama de cavidades, estrechos pasadizos y túneles dio lugar con los años a un vertedero de 476 kilómetros de largo.

Durante la invasión nazi, en 1942, los túneles se volvieron a abrir con el objetivo de ser utilizados como refugio y trinchera. La población se escondía en las cavidades para protegerse de las bombas. Las historias contadas por los guías locales desvelan al visitante cómo los napolitanos aprovecharon los acueductos para tender emboscadas a los alemanes y lograr con ello detener la invasión.

Aunque la estética de hoy dista mucho de la que fue, la historia rezuma en cada cimiento. A través de leyendas como la del Monacello, quien antaño se encargaba de limpiar los acueductos, los viajeros aprenden sobre las costumbres medievales. Leer los mensajes escritos en la roca permeable de las cavidades sirve para recordar heroicas hazañas. Conocido como “La Nápoles subterránea”, este recorrido turístico se realiza en grupo a través de los pasadizos, las piscinas de agua y las cavidades.

En una de ellas ha sido instalado un pequeño teatro en cuya grada caben hasta 60 personas: es un venue singular para eventos del tipo de simposios, coloquios o representaciones teatrales.

Arte bajo tierra

Otro recorrido subterráneo lleno de interés, que nada tiene que ver con la red de acueductos, es el del metro de la ciudad: es hogar de innumerables obras de arte que convierten la red de transporte público en un valor cultural añadido que no sólo permite desenvolverse por la urbe sino conocer su identidad.

El mejor ejemplo es la línea 1, también llamada Metrò dell’Arte. Está revestida en su totalidad por obras que la convierten en un auténtico museo subterráneo. Llama la atención por los diseños, a cada cual más extravagante, colorido y peculiar, que se combinan en una fusión de brillos, luces, relieves y realismo en más de 150 versiones. Desplazarse en metro en Nápoles no es un mero trámite para llegar a un destino, sino un recorrido repleto de talento.

Otra de las estaciones de referencia, tanto por su diseño como por su ubicación, en una de las calles más comerciales de la ciudad, es la de Toledo. El arquitecto Óscar Tusquets quiso conectar el espacio subterráneo con la superficie a través de un cráter que asciende y filtra la luz del exterior. Está revestido en piedra y pequeños mosaicos de vidrio color azul que simbolizan el mar.

Otras estaciones como Universidad o la Stazione Centrale también cuentan con obras de arte moderno y piezas arqueológicas, como los restos de las murallas romanas halladas durante la construcción del metro y que ahora se encuentran expuestas en el suburbano.

El recorrido artístico por el particular metro de Nápoles debe incluir como parada la Estación Central, situada en la Piazza Garibaldi. Es una de las zonas de ocio y de más ambiente de Italia gracias a sus restaurantes, locales y diversos hoteles.

También es un buen lugar para probar la pizza Margarita, emblema de la ciudad, a la que también se le atribuye el origen de la que quizá sea la receta italiana más universal.

En esta plaza se encuentra el Starhotels Terminus, con 172 habitaciones y ocho salas de reuniones. La más grande tiene capacidad para 200 personas en teatro. Otro atributo interesante es la azotea de la séptima planta, como extensión a un comedor para 185 comensales. Las vistas, por supuesto, se incluyen en el menú.

Urbe medieval y moderna

Las ruinas parecen no parar de emerger del suelo, al mismo tiempo que lo hacen los hoteles. El Eurostars Excelsior está situado en otra de las zonas de ocio de Nápoles, el Paseo Marítimo, y junto a otro emblema del destino, el Castell dell’Ovo.

Fue residencia de los reyes de Nápoles y hoy en día se utiliza para congresos o exhibiciones artísticas temporales. El hotel cuenta con 100 habitaciones y 22 suites. Tiene además cuatro salones de reuniones, con capacidad de hasta 450 personas en el mayor.

Desde la terraza-jardín de la azotea se puede disfrutar de las excelentes panorámicas al golfo de Nápoles con su azul mediterráneo, El Vesubio y las islas de Ischia y Capri.

Nápoles también se presta a un itinerario basado en sus fortalezas y murallas. El Castell dell’Ovo ya da una pista del carácter medieval que impregna a la ciudad, que cuenta con cinco fortificaciones más.

El Castillo Sant’Elmo es el más grande, ya que se trata de una colosal fortaleza desde la que se puede admirar una vista sólo interrumpida por el horizonte en el que destaca, cómo no, el volcán del Vesubio.

Sant’Elmo está excavado en la roca, sobre la famosa toba volcánica amarilla metropolitana, material que recubre gran parte de los edificios de la ciudad. Hoy en día el castillo es sede del Museo Napoli Novecento 1910-1980 y alberga eventos como el Salón Internacional del Cómic. Cuenta con cinco salas de reuniones, cada una de ellas con capacidad para 200 personas, y auditorio de 500 plazas.

Otro venue singular es el Teatro San Carlo, que data del año 1737 y es famoso por sus dimensiones y estructura, imitadas en la construcción de muchas óperas europeas.

Fue residencia de grandes y exitosos compositores, como Verdi o el francés Nicolas Bochsa. San Carlo luce una belleza que se asemeja a la de un antiguo stradivarius cuya caja incluye butacas rojas, innumerables espejos y los remaches dorados que adornan las plateas. El foyer, o Sala de los Espejos, sirve para cócteles de hasta 350 personas.

El Museo Arqueológico Nacional de Nápoles fue construido en el año 1500. Desde sus orígenes fue utilizado como palacio, universidad y caballerizas, llegando a convertirse en museo en el año 1700 cuando se estrenó con la Colección Farnesio que se sigue exhibiendo.

Hoy en día alberga además colecciones de mármoles, mosaicos y restos de la ciudad de Pompeya, así como frescos y otras piezas. En sus jardines y en algunas de sus salas se pueden celebrar eventos. En la Sala Meridiana caben hasta 500 personas, mientras que en los jardines hay capacidad para 300, en ambos casos en formato banquete.

Muy cerca se encuentra el teatro romano, incompleto por encontrarse en parte sepultado bajo las viviendas o bien formando parte de ellas. Efectivamente, en las casas aledañas se encuentran muchas de las piezas que faltan. En el teatro, que data de los siglos I y II d.C., se ofrece la sala Suma Cávea para la celebración de cócteles.

También es sede de exposiciones que muestran los belenes típicamente napolitanos, en madera y no necesariamente representando acontecimientos religiosos o el nacimiento de Jesús. Se trata de una advocación al culto familiar. De hecho, belenes y altares son una tradición muy arraigada en la ciudad y se pueden encontrar también por las calles, incluyendo fotos de familiares difuntos, estampas religiosas, flores, e incluso calaveras.

 Casco histórico

La tradición de estos belenes puede descubrirse fácilmente recorriendo el casco histórico, Patrimonio de la UNESCO: sólo en su núcleo esconde más de 300 iglesias. Pero no sólo de iglesias se compone la parte vieja, sino de innumerables plazas, museos, castillos y estrechas callejuelas que parecen enroscarse sobre sí mismas. Además de los pesebres y belenes, en las calles de esta zona se encuentra otra estampa muy típica: la de la ropa secando en los balcones.

El Caravaggio Hotel, situado en la céntrica Piazza Cardinale cercana al teatro romano, es una opción para grupos que tengan previsto recorrer uno de los cascos históricos más extensos de Europa. En la recepción alquilan scooters para realizar dicho trayecto. Es un hotel muy íntimo y acogedor que integra ruinas romanas como elementos decorativos. Tiene dos plantas en las que se distribuyen quince habitaciones. También dispone de una pequeña sala de reuniones para 40 personas.

 Pompeya

Los programas de incentivo no pueden obviar la salida en autobús con destino a Pompeya, a 24 kilómetros. Toda la comarca desprende esa belleza brusca que genera la proximidad del Vesubio. La última gran explosión del gigante dormido data del año 1631. Desde entonces permanece en calma.

Una de las mayores erupciones del Vesubio fue la que se produjo en el año 79 d.C y que sepultó bajo tierra a toda una población, la de la ciudad de Pompeya, declarada en 1997 Patrimonio de la Humanidad de la UNESCO.

Los recorridos habituales incluyen tres horas in situ, aunque la fluidez en el tránsito por las calles empedradas depende en gran medida de la afluencia de público, especialmente intensa en la temporada de cruceros, de mayo a octubre. No hay que olvidar que Pompeya es, tras el Coliseo, el lugar más visitado de Italia.

Para acceder a la ciudad hay varias puertas: la Puerta Marina conduce a la gran explanada donde se encuentra el antiguo foro. En el lado opuesto está el anfiteatro. Y en todas partes una enorme cantidad de edificios en los que admirar arquitectura, frescos, mosaicos… testimonios de un pasado que nunca evolucionó. O, mejor dicho, dejó de hacerlo el 24 de agosto del año 79.

El museo alberga los restos de 2.000 pompeyanos que perecieron bajo la lava y las cenizas. Se considera que muchos de los 15.000 habitantes con los que contaba Pompeya antes de producirse la erupción siguen sepultados, ya que gran parte de la ciudad sigue enterrada bajo el suelo sobre el que hoy transitan millones de turistas.

Costa Amalfitana

También considerada Patrimonio de la UNESCO, esta parte de la costa italiana que mira al mar Tirreno lleva el nombre de la ciudad de Amalfi, capital de la zona. En sus inicios como metrópoli era una república marinera de gran importancia que sufría periódicamente ataques de árabes y piratas.

Los pintorescos pueblos que tantas veces han sido fotografiados se protegían de asaltos con la particular distribución horizontal que hoy en día caracteriza el paisaje, entre el mar y la montaña. El pueblo de Amalfi es famoso por su catedral y punto de partida de numerosos trekkings, como el Camino de los Dioses que a través de las montañas conduce a la localidad de Sorrento. La estrechez de la carretera que comunica los diferentes núcleos poblacionales no invita al tránsito en autobús.

Positano es uno de los lugares más emblemáticos y ofrece la ventaja de ser accesible por mar: los participantes en un incentivo pueden disfrutarlo tras una jornada en velero que les conduzca desde Amalfi a esta amalgama de casas blancas repleta de encanto.

Encanto y autenticidad resumen la oferta de una región llena de historias, antiguas y actuales, para vivir un programa de incentivo que tenga tanto de experiencia como de cuento.

Mitos y leyendas

Los napolitanos siempre han sido muy supersticiosos por lo que se toman muy en serio sus cuentos y leyendas. La de San Genaro se remonta a la época romana. A este santo, patrón de la ciudad, se le atribuye el milagro de la licuefacción: tres veces al año, y desde hace 400, un sacerdote muestra a los devotos la sangre solidificada del santo. Durante los rezos, pierde su condición y se vuelve líquida, con excepción de los años en los que han ocurrido catástrofes. Así fue en 1939, año en que dio comienzo la Segunda Guerra Mundial; tampoco 1980, cuando acaeció el terremoto de Irpinia.

Otro mito antiguo se refiere al Monacello, un hombrecillo de pequeña estatura capaz de introducirse entre muros y cavidades de los acueductos para limpiar los pozos. Por medio de estos pasadizos podía acceder a la mayoría de las casas y aprovechaba para robar o acosar a las mujeres. Tras su visita, las mujeres quedaban embarazadas por lo que no tenían más alternativa que denunciar la “visita del Monacello”: así se popularizó un dicho que hoy en día se sigue utilizando en tono jocoso con las mujeres encintas.

La suerte en Nápoles también depende del principal souvenir: el cuerno napolitano debe ser rojo, hecho a mano y regalado, tres requisitos para disfrutar de abundancia, fertilidad, prosperidad y fortuna en el juego.

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