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ISLA MAURICIO: PARAÍSO REAL

Hay pocos lugares en la tierra que nos permitan ver lo que es el edén. Isla Mauricio es uno de ellos. Si a ello le sumamos una hotelería de primer orden, un sinfín de actividades para incentivos en entornos de postal y una calidad en la acogida excepcional, la palabra “recompensa” alcanza en este destino su máxima expresión.

Por Eva López Alvarez

Fotos E.L.A. / Beachcomber Resorts & Hotels

Hay destinos que forman parte del imaginario público mundial cuando se mencionan paraísos en la tierra: Isla Mauricio forma parte de ellos y cuenta con argumentos de sobra para justificar esta reputación. La más multicultural de las Islas Mascareñas – archipiélago compuesto por las islas Seychelles, Reunión y Mauricio, incluyendo Rodrigues –, cuenta con nuevas conexiones que la acercan más a Europa. La más reciente es la ofrecida por Alitalia desde Madrid entre los meses de octubre y marzo, con tres frecuencias semanales y una escala adaptada en el aeropuerto romano de Fiumicino.

Un poco de historia

Las primeras incursiones en la isla se produjeron de la mano de los árabes, si bien la primera civilización que se instaló de manera permanente en Isla Mauricio fue la portuguesa, en 1509.

Describen las crónicas que los navegantes hallaron un auténtico edén compuesto de árboles gigantes, frondosa vegetación y exóticos animales en un marco de aguas transparentes, arena blanca y rocas negras generadas por la geología volcánica de la isla.

El capítulo más sombrío de la historia del destino es el marcado por la invasión holandesa: con la extensión de las plantaciones de caña de azúcar y la explotación de la madera fueron arrasados la mayoría de bosques de ébano. Los cambios en el hábitat conllevaron la extensión del dodo, esa ave extinta no voladora semejante a un pavo y de patas robustas, endémica de estas islas del océano Índico.

Influencia francesa

Actualmente Isla Mauricio es un destino que puede considerarse afrancesado, tanto en sus costumbres como en el idioma imperante entre la población, si bien el inglés es el primer idioma oficial. Es la herencia de la que fue la ocupación más longeva: la gala, que hizo de la isla colonia francesa entre 1715 y 1810.

Tras la dominación francesa que siguió a la holandesa, y durante la que llegaron a la isla miles de esclavos africanos, se desencadenaron dos guerras entre Francia y el Imperio Británico. Este último consiguió la victoria final que resultó en la aceptación del francés como lengua estatal y el reparto que dejó en manos galas la vecina isla Reunión.

Bajo dominación británica, en 1835, se abolió la esclavitud y se fomentó la llegada de la población india que hoy habita mayoritariamente la isla. Representa el 52% de una población que supera los 1,3 millones de habitantes. Practicantes del hinduismo, conviven con católicos (28%), musulmanes (17%) y chinos (5%). Esto da lugar al crisol de templos que salpica los diferentes recorridos.

Destino turístico consolidado

Desde 1968 la isla es un país independiente con el nombre de República de Mauricio e integra la isla Rodrigues, situada a una hora y media de vuelo, así como varios islotes e islas circundantes. El Aeropuerto Internacional Sir Seewoosagur Ramgoolam, que rinde homenaje al líder independentista, se sitúa en el sureste de una isla que cuenta con 67 kilómetros de largo y 45 kilómetros de ancho. La infraestructura turística se concentra en el suroeste, bajo la imponente presencia de la montaña Le Morne, y el norte, en torno a Grand Baie.

El grupo hotelero local Beachcomber fue pionero en un destino que se visita todo el año ya que no hay mucha diferencia entre las dos estaciones (invierno y verano) que definen la climatología local. El mes de diciembre es algo más lluvioso, pero con episodios que duran unos minutos y tras los que vuelve a abrirse un cielo que compite en tonalidades con muchos de los azules que desprende el Índico.

De mayo a septiembre las negociaciones pueden ser más ventajosas para los organizadores de viajes de incentivo, al coincidir las estancias con el invierno local y una menor afluencia de turistas.

Le Morne

Es una mole que domina un paisaje único en el mundo y recuerda el duro pasado ligado a la esclavitud. Se cuenta que desde ella un grupo de esclavos decidió darse muerte en 1835. Dicen los locales que el motivo fue que, tras haber huido de sus dominadores e ignorando la abolición de la infamia, temieron un nuevo arresto ante quienes se acercaron a anunciarles su liberación. Si bien existen muchas versiones sobre lo ocurrido, seguro es que atrae a místicos y senderistas.

La ascensión de esta montaña de 585 metros de altura culmina a 550 cuando termina un trayecto que dura cuatro horas. Las dos primeras se realizan por un sendero que no requiere aptitudes físicas muy desarrolladas, si bien la segunda parte es más exigente.

A sus pies se encuentra el Dinarobin Beachcomber Golf Resort & Spa, el segundo en categoría de los ocho establecimientos que el grupo mauriciano cuenta en el destino. Este hotel de cinco estrellas ofrece 172 habitaciones y comparte complejo con el Paradis, de 227. Los huéspedes pueden elegir entre los cuatro restaurantes del Dinarobin y los cuatro del Paradis, así como acceder al campo de golf de 18 hoyos que también comparten con Le Morne como observador impasible de la actividad.

También es espectador de los torneos de tenis que se pueden organizar en las seis pistas del recinto. La amplia oferta de actividades relacionadas con el mar y la navegación hacia la barrera de coral completan un gran abanico de opciones para grupos en incentivo.

Cada establecimiento tiene características propias: mientras que Dinarobin cuenta con una zona sólo para adultos y una decoración con mayor predominancia de la madera y los ocres, Paradis está siendo sometido a una amplia renovación que se encuentra en su última fase e incluye la introducción de una mayor paleta de colores. En 2020 será el turno de Dinarobin: la decoración y el mobiliario seguirán estando caracterizados por la sobriedad y la elegancia, pero en un estilo más vanguardista.

Entornos de postal

Isla Mauricio no sólo ofrece paisajes de ensueño, también actividades únicas con la ventaja de que se pueden organizar los doce meses del año en entornos de postal. A 30 minutos por carretera del Dinarobin, los grupos pueden nadar con delfines de hasta 3,50 metros y 300 kilos de peso.

La salida conocida como Dolswim, de media jornada, no sólo conduce hasta los delfines que cada mañana se pasean por esta área. También al Crystal Rock, emblema mineral de la isla junto a Le Morne. Ambos comparten imagen en una de las postales más famosas del destino. Otro modo de llegar a este lugar de postal es el seakart, una especie de gran moto de agua con cuatro asientos que pueden ser conducidos por los participantes en un programa lúdico. La diversión está asegurada en una actividad llena de adrenalina en la que se pueden alcanzar hasta los 80 kilómetros por hora.

En la vecina isla de Benitiers los grupos pueden descender de las embarcaciones para seguir disfrutando de las vistas y el baño mientras degustan la cocina criolla.

Para los presupuestos más elevados, Isla Mauricio ofrece una panorámica única en el mundo: la de la conocida como “cascada submarina”. En realidad, lo que desde el cielo parece una catarata bajo las transparentes aguas del Índico, es una confluencia de corrientes que genera la impresión de que el agua marina luche por llegar al centro de la tierra.

Grupos de cuatro personas pueden admirar esta maravilla de la naturaleza desde el cielo en trayectos de 20 minutos que incluyen el vuelo sobre los grandes atractivos de la región de Chamarel. Las salidas en helicóptero se realizan todo el año, siendo el itinerario más espectacular el que recorre el suroeste de la isla e incluye la cascada.

Con un carácter mucho más popular, la visita del zoo Casela World of Adventures permite organizar paseos en quad para grupos de hasta 15 personas, también rutas en segway y dromedario, en recorridos que simulan un safari durante el que se puede dar de comer a tortugas gigantes, jirafas, avestruces o cebras. Conviene tener en cuenta los días de afluencia ya que no se privatiza fuera de los horarios abiertos al público local, muy presente los fines de semana.

Chamarel

El suroeste concentra los grandes atractivos de la isla. Además de Le Morne y Crystal Rock, aquí se encuentra el mayor santuario hindú de la isla. El Grand Bassin es un lago sagrado en lo que fue el cráter de un volcán. Su existencia remite al sueño de un líder espiritual, que en 1887 le llevó a crear un lugar de culto en este bonito paraje al que hizo traer agua del río Ganges.

Cada año se celebran peregrinaciones que aglutinan en los meses de febrero o marzo (según el calendario hindú) a más de 300.000 devotos en la Semana de Shiva. Acompañados de llamativas carrozas, son recibidos por las dos grandes estatuas de Shiva y Durga, de 33 metros de altura cada una, que flanquean la entrada al recinto.

El Parque Nacional Black River Gorges alberga las cascadas gemelas de 100 metros de altura y las conocidas como Dunas de Siete Colores. También el Bosque de Ébano: el interés de este lugar radica en que no sólo sensibiliza sobre el impacto del hombre en la naturaleza sino que traslada al paisaje original de Isla Mauricio, ese edén que los primeros visitantes pudieron admirar y que se extendía mucho más allá de lo que la vista alcanza a ver hoy.

Los grupos aprenden sobre la geología e historia de Isla Mauricio y el crecimiento del árbol del ébano antes de adentrarse en un agradable paseo por la pasarela de 300 metros que atraviesa las cimas de los árboles. Es posible admirar ejemplares originales de ébano, descubrir mucho más sobre la fauna y flora local y deleitarse con las magníficas vistas que ofrece el mirador del parque.

En Chamarel también se encuentra una de las fábricas de ron más famosas del destino y una de las pocas del mundo en transformar únicamente su propia caña de azúcar: en Rhumerie Chamarel grupos de hasta 100 personas pueden degustar las especialidades locales.

Port Louis

La capital de la República de Mauricio no es una ciudad bonita pero cuenta con un venue de tintes históricos que se puede utilizar para cenas de gala o fiestas de clausura: la ciudadela Fort Adelaide es un antiguo fuerte que ofrece vistas de la ciudad y el mar.

El mayor atractivo de Port Louis es su mercado local. Mautourco es un receptivo que trabaja en español, perteneciente al grupo Beachcomber, con el que organizar búsquedas cuyos tesoros sean las especialidades locales: azafrán, ron, canela… Una parte menos popular y repleta de tiendas hará las delicias de los amantes del shopping.

También en el área de Port Louis, el Domaine de Labourdonnais es una bonita mansión colonial del siglo XIX en un lugar de producción de ron, degustaciones y eventos en los patios anterior y posterior. Se utilizan para cenas de gala de hasta 600 comensales que pueden comenzar con la visita de los dos pisos decorados con mobiliario original.

Grand Baie

La capital del norte se encuentra a media hora por carretera de Port Louis. El motivo del éxito de Grand Baie es que goza del mejor clima de la isla todo el año. En esta zona se encuentra otro de los emblemas hoteleros del destino: Trou aux Biches Beachcomber Golf Resort & Spa. El emplazamiento es tan paradisiaco que hasta se puede hacer snorkel sin necesidad de tomar embarcación alguna. Comparte con el hotel Le Canonnier, del mismo grupo, un campo de golf de 18 hoyos. Incluye 336 habitaciones, con pequeña piscina privada en las de primera línea de playa. La variedad de actividades, en la que para muchos es la mejor playa del país, para los grupos de incentivo parece infinita: paddle board, escuela de buceo, olimpiadas en la playa, esquí acuático…

Para rematar una jornada de placer en las aguas del Índico hasta 70 personas se pueden vestir al modo hindú, por qué no tropical, para un cóctel en los jardines previo a la cena en uno de los siete restaurantes del hotel.

En Grand Baie también se encuentra el más selecto de los alojamientos de la isla: el Royal Palm Beachcomber Luxury, perteneciente a la red The Leading Hotels of the World.

Renovado en 2015, cuenta con 69 suites, todas con vistas a la bonita playa, y tres restaurantes. Para incentivos de máximo doce participantes, el yate Royal Princess se ofrece para cócteles al atardecer. Un enorme spa con 13 cabinas, gran club de fitness y pista de squash completan las instalaciones de un recinto que desprende exclusividad.

Cap Malheureux

El punto más septentrional de la isla es Cap Malhereux (Cabo Desgraciado): recibe su nombre no sólo por la cantidad de naufragios que se produjeron en estas aguas, también porque se dice que era el primer punto de Isla Mauricio que divisaban los esclavos llegados en masa en el siglo XVIII. La misa cantada que se celebra los domingos en la coqueta iglesia de Notre Dame Auxiliatrice es otro de los atractivos de esta zona desde la que se divisan los islotes vecinos que albergan distintas excursiones.

Para completar la gama de postales, nada mejor que atravesar los campos de caña de azúcar y llegar al Jardin de Pamplemousse, considerado uno de los jardines botánicos más bonitos del mundo: palmeras, nenúfares, flores de loto… decoran un viaje a través del mundo tropical gracias a especies procedentes de todo el planeta.

Fue Pierre Poivre, intendente de la por entonces llamada Île-de-France, quien comenzó en 1770 una colección vegetal que hoy figura entre las más llamativas del mundo. Varias personalidades han plantado aquí un árbol y así lo certifican los distintos paneles a lo largo del recorrido.

Las playas de postal no se reducen a la costa de la isla principal: Gabriel, la Isla de los Ciervos… son pequeños trozos de paraíso en los islotes vecinos en los que perderse durante media jornada o jornada completa.

El mayor atractivo

Lo más atractivo de un destino soñado por tantos no son sus restos del edén, sus prístinas aguas, o la suavidad de la arena: la mayor virtud de Isla Mauricio es la hospitalidad de sus habitantes. La sonrisa fácil, la amabilidad y el esfuerzo por contentar aportan un toque diferenciador nada desdeñable con respecto a otros destinos de características semejantes.

Porque si pisar el paraíso ya es un incentivo difícilmente superable, cuando el visitante recibe además el calor de las sonrisas procedentes de rostros de muy diferentes procedencias… la recompensa es aún más grande.

Últimos restos del edén

Si bien es cierto que Isla Mauricio es lo más parecido al paraíso que se pueda encontrar en la tierra, poco queda del edén que los primeros visitantes pudieron admirar. Actualmente el 70% de la isla está ocupada por las plantaciones de caña de azúcar. Devoraron, junto con las especies vegetales y animales introducidas por los colonizadores, lo que antaño fueron enormes extensiones de bosque primario.

El ébano negro era la especie de árbol más extendida y fue abatido por el valor de su corazón. El latido casi imperceptible de hoy en día viene acompañado del silencio de las múltiples especies animales que también han desaparecido, entre las que figuran las tortugas gigantes, los dodos y los lagartos gigantes. Son sólo algunas de los más de 20 especies de vertebrados endémicos que hoy ya no podemos conocer.

Hoy en día muchas de las 24 especies originarias de Isla Mauricio están amenazadas, por eso tienen tanta importancia proyectos de sensibilización y recuperación como el Bosque de Ébano en Chamarel. Desde 2006 se están eliminando las especies introducidas dando prioridad al desarrollo de lo endémico. Un paseo por el paraíso es la excusa perfecta para ser consciente de la necesidad que tenemos de cuidarlo.

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