Por Eva López Alvarez
Fotos Alejandro Martínez Notte
Cuando en el siglo XIX llegaron a esta parte del mundo los colonos europeos se encontraron con que, además de una inmensidad de terreno barrido por el viento y un mar oscuro que separa de la Antártida, poco más había. La tierra se reveló fructífera y por eso fundaron Puntarenas, hoy capital administrativa del fin del mundo –y de la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena–.
Puntarenas es hoy una apacible ciudad que recibe a los grupos con destino la Antártida, a dos horas de vuelo hacia el sur, con el Parque Nacional Torres del Paine a dos horas por carretera hacia el norte.
La Carretera del Fin del Mundo parte del oscuro mar del Estrecho de Magallanes hacia Puerto Natales, llamada a ser la nueva puerta al parque nacional gracias a las conexiones aéreas con Santiago de Chile que Latam y Sky Airlines empezaron a operar en el verano austral (de diciembre a febrero). Una puerta se cierra y otra se abre: la de la rivalidad con Ushuaia, del lado argentino, como pista de despegue hacia el continente helado.
Puntarenas
Hoy por hoy, y según los horarios de los vuelos, en muchos programas se impone una noche en Puntarenas. El sencillo hotel Rey Don Felipe dispone de 45 habitaciones en un cálido establecimiento que incluye una sala de reuniones de hasta 60 personas en teatro y acceso independiente. A diferencia de numerosos hoteles de la zona, abre todo el año. Quienes extiendan a más de una noche la estancia en la ciudad pueden realizar la excursión de media jornada a la vecina isla Magdalena, refugio de los pingüinos de Magallanes.
Los días comienzan con una particularidad: mientras que en el resto de Chile el sol se acuesta en el mar, en Puntarenas nace cada día por entre las aguas del estrecho. Los primeros tonos rojos, azules y blancos combinan a la perfección con los verdes de la estepa que atraviesa la Carretera del Fin del Mundo: ovejas, avestruces, vacas… comparten espacio con árboles endémicos del hemisferio sur, en muchas ocasiones inclinados como prueba de su enfrentamiento con el viento de la zona.
A 150 kilómetros de Puntarenas el paisaje comienza a cambiar hasta hacer olvidar los grises de la capital y el Estrecho de Magallanes: comienza la magia en la forma de ese amplio abanico de paisajes, luces y colores que ofrece la Patagonia Chilena.
Puerto Natales
La que hasta ahora era la ciudad dormitorio de muchos visitantes del Parque Nacional Torres del Paine está llamada a crecer exponencialmente. Este pintoresco pueblo alberga bonitos ejemplos de la arquitectura típica de la zona: las casas de chapa metálica sugieren frío pero en realidad gozan de buen aislamiento interior. No hay que olvidar que raramente las temperaturas superan los veinte grados en esta zona.
Varios hoteles se ofrecen para grupos en incentivo: desde el céntrico Australis, frente al mar en la Costanera, al prestigioso Singular, a las afueras de Puerto Natales y ocupando las instalaciones de una antigua fábrica. Figura desde hace varios años entre los mejores hoteles de Sudamérica.
Desde aquí se accede a la parte más fotografiada del 52% de superficie protegida que compone la Región de Magallanes y de la Antártica Chilena: la que se integra en el Parque Nacional Torres del Paine, bautizado así por las tres agujas rocosas que definen el horizonte desde muchos puntos del Parque y cuya vista es la recompensa a los trekking que culminan en lo alto.
La ruta conlleva un día completo y requiere una condición física óptima. Las dos primeras horas se pueden realizar a caballo, incluyendo de este modo una experiencia más en el programa, descubriendo a lomos del animal la bella garganta que anticipa la subida hacia las Torres.
El hotel Las Torres, en Estancia Cerro Paine, alberga las caballerizas, con lo que a cualquier desayuno sucede de manera natural el trayecto a caballo que acerca a la cima. Simulando una antigua estancia y bajo la temática gaucho-patagónica, ofrece 84 habitaciones a los pies del macizo. En régimen de todo incluido, cierra del 15 de abril al 15 de septiembre. La huerta que provee el 20% de los productos ecológicos servidos en el restaurante se utiliza para sesiones de teambuilding en las que los grupos no sólo reconocen los diferentes ingredientes del que será el menú, también los cocinan.
Desconexión
La ausencia de cables mejora cada foto pero penaliza la conectividad. Para Ecocamp es su principal argumento de venta, si bien se ofrece a los organizadores de incentivo la posibilidad de que los participantes puedan acceder a internet en determinados momentos del día.
Lo que empezó siendo la aventura de dos apasionados del kayak es hoy un alojamiento insólito desde el que disfrutar de un paisaje increíble de la manera más sostenible posible y sin renunciar a la mayor comodidad en los dieciséis domos-suite. El lema del establecimiento es no dejar impacto con la estancia, por eso todo es gobernado por los principios del compromiso ecológico.
Abierto de septiembre a mayo, se puede comenzar el día con una sesión de yoga en el domo acondicionado a tal efecto. Con la calma se agudizan los sentidos que permiten localizar a un puma en las salidas que el recinto propone dentro de su excursión Puma Track, con un 95% de posibilidades de encontrarse con el animal más emblemático de la zona.
Los glaciares
Se puede acceder a ellos en helicóptero. Un punto de partida es el hotel Río Serrano, con 95 habitaciones. Dos personas por aparato descienden en la parte superior del glaciar Tyndall y disfrutan de una degustación de productos patagónicos en un entorno para el que no es suficiente la palabra “único”.
Los grupos suelen admirar las variedades de blanco y azul que ofrecen los glaciares en el Grey, a los pies del macizo Torres del Paine. El hotel Lago Grey se encuentra enfrente. Las 36 habitaciones superiores –60 en total– ofrecen vistas a los hielos.
De aquí parten las excursiones en barco que atraviesan el lago hasta los pies del frente glaciar, en un recorrido por las tres caras que ofrece un gigante que no dejará indiferente a nadie. De mayo a agosto el clima impide en muchas ocasiones las salidas y en épocas más clementes el barco se puede privatizar para una utilización exclusiva en la que el hielo de los cócteles procede del Grey. Para los grupos de hasta 15 personas con mejor condición física, el ascenso a la superficie del glaciar para hacer caminata sobre el hielo dejará como recuerdo imborrable una serie infinita de postales.
Tras dos horas de ascenso por la roca que bordea la lengua glaciar, los participantes calzan los crampones con los que transitar sobre el hielo. El Grey es uno de los pocos glaciares sobre los que se puede caminar.
Patagonia Chilena es sin ninguna duda un destino idóneo para un viaje de recompensa. No sólo por la magnificencia de sus variados paisajes, la posibilidad de realizar actividades únicas como esta caminata sobre el hielo o la calidad de una gastronomía cuya joya de la corona es el cordero patagónico. La inclusión de una estancia en uno de los alojamientos insólitos que se esconden entre la naturaleza es toda una experiencia.
Entre Puerto Natales y el punto de partida de la ruta más emblemática hacia las Torres del Paine, tras pasar la cueva donde habitaba el milodón –perezoso gigante y extinto originario de esta zona–, se encuentra Patagonia Camp. Se compone de 20 yourts suspendidos sobre un bonito paisaje del que disfrutar mediante alguna de las 24 excursiones que propone el recinto: pesca deportiva, kayak, stand up… la estancia puede ser más o menos activa pero siempre muy relajante.
La comodidad de las habitaciones se asemeja a la que pueda ofrecer cualquier hotel de lujo urbano. Abierto de agosto a mayo es una excelente opción para practicar glamping en Sudamérica y en su versión más exclusiva.
Diversidad
La mayor ventaja de la Patagonia Chilena es la diversidad de paisajes en la que se puede enmarcar un programa de teambuilding que no sólo consista en cohesionar a los equipos sino en descubrir la rica fauna y flora local.
Patagonia Bagual propone en el bonito entorno de su propiedad, alrededor de un lago y con las Torres del Paine de fondo, una búsqueda del tesoro en la que las pistas conducen a líquenes que sólo existen allí donde la pureza medioambiental es muy elevada, animales de la zona que fotografiar entre los que se incluye el puma… con un objetivo final que es el que ha dado lugar a la marca: el avistamiento de los caballos salvajes que habitan en este lugar acompañado de un enriquecedor aprendizaje sobre el comportamiento animal.
Gastronomía de calidad
Para completar cualquier incentivo que se precie no puede faltar buena gastronomía local. La cultura gaucha de este lado del mundo incluye asados de las carnes locales en su versión más exquisita. El hotel Las Torres es uno de los lugares donde disfrutar del vacuno regional a los pies de las Torres del Paine. El manjar más codiciado es el cordero patagónico, alimentado con leche materna durante un máximo de tres meses, famoso por la suavidad y ternura de la carne. Procedente del mar, la centolla patagónica es el otro caviar de la Patagonia Chilena: es un enorme crustáceo que puede pesar hasta seis kilos y superar el medio metro de envergadura.
Una de las cualidades más atractivas de la gastronomía patagónica es la manera de consumir los platos, en torno al fuego del asado en un ambiente que invita al refuerzo de los lazos entre los miembros del grupo.
Desconocido para muchos
Mientras que la parte vecina de la Patagonia Chilena, en el lado argentino, se ha posicionado claramente en el mapa internacional de destinos de incentivo, la parte chilena aún se encuentra en el punto de partida. Prueba de ello es que muchos hoteles entre los meses de abril y septiembre cierran sus puertas. Sin embargo, la intención es invertir esta tendencia y los hoteles Río Serrano y Lago Grey son pioneros extendiendo su apertura todo el año.
Los operadores locales, acostumbrados a tratar con los senderistas, principal perfil del visitante, se esfuerzan por desarrollar ideas que interesen a los organizadores de viajes de recompensa de la mano del recientemente creado Patagonia Convention Bureau.
Por eso Patagonia Chilena, también de la mano del incremento de conexiones aéreas con Santiago de Chile y la apuesta por un turismo comprometido que respeta los valores del entorno que se le ofrece, está llamado a ser un destino en auge. El carácter discreto de los chilenos, diametralmente opuesto al de sus vecinos argentinos, contribuye a fomentar esa sensación que marca al visitante: éste es el lugar donde el mundo termina y donde empieza una larga serie de sensaciones únicas presididas por la serenidad que transmite la amplitud.
El futuro de los glaciares
Los glaciares que se pueden admirar en la Patagonia Chilena proceden del llamado Campo de Hielo Patagónico Sur, tercero del mundo en extensión –tras los de la Antártida y Groenlandia –con 400 kilómetros de largo.
Situado en la cordillera de los Andes, de él emanan 49 lenguas que el afortunado visitante puede tocar desde su superficie. En el glaciar Tyndall está permitido aterrizar en helicóptero y sobre el Grey es posible caminar. Pero ¿qué impacto tiene esta actividad en el retroceso que están experimentando las masas de hielo en todo el mundo? Sin duda es mínimo en relación a otros comportamientos humanos, pero algo tiene que ver en que muchos valles de hielo terminen convertidos en lagos.
No hay que olvidar que los glaciares se mueven, por lo que no siempre un retroceso de la fachada equivale a una disminución del volumen de hielo, pero es una realidad que en la última década se han registrado niveles preocupantes de pérdida de masa. En el caso del glaciar Grey, en los últimos 30 años se han derretido 20 kilómetros cuadrados de hielo. Aunque el viajero no dejará de sentirse diminuto ante la enorme masa que alcanza los 25 metros de altura, cierto es que los glaciares están llamados a ser un atractivo turístico efímero que todos debemos proteger.




