Por Eva López Álvarez
Fotos Alejandro Martínez Notte
San Pedro de Atacama es el punto de partida para descubrir una región del planeta en la que la palabra “recompensa” alcanza su mayor significado. Y no sólo por los paisajes: la visita de algunos de los lugares más bellos del mundo no se ajusta a todos los presupuestos. Y es que Atacama es un destino caro incluso en su gama más baja: los hoteles de mayor calidad rivalizan en precio con los establecimientos de lujo de cualquier capital mundial.
El aeropuerto de Calama, a dos horas de vuelo de Santiago de Chile y una hora por carretera de San Pedro de Atacama, es la puerta de entrada a esta región chilena conocida como “el salario nacional”. Correspondiente a la región de Antofagasta desde el punto de vista administrativo, esta área cuenta con algunas de las minas más importantes del país y, en consecuencia, con una población ligada a la explotación minera de alto poder adquisitivo.
Calama fue el oasis más grande del mundo antes del desarrollo de Dubái y actualmente alberga la explotación a cielo abierto más grande del planeta: Chuquicamata.
Gran desierto de Atacama
Se extiende desde el sur de Perú hasta La Serena en Chile. Con 140 kilómetros de ancho y 4.000 de largo, es el desierto más árido del mundo. Sin embargo, contiene numerosas lagunas altiplánicas, curiosas formaciones generadas por el agua… No obstante, lo que hace de este desierto el más seco del planeta es la escasez de humedad y el hecho de que cuenta con sectores en los que no ha llovido desde hace más de 300 años .
No supera el 10% y por eso el bálsamo labial forma parte de las amenidades que se ofrecen en los hoteles: en Atacama, la atmósfera ejerce de “aspirador de humedad” y cualquier viajero lo puede experimentar en su propia piel.
A 94 kilómetros de Calama y 2.400 metros de altura, San Pedro de Atacama es el primer destino turístico de Chile. Si bien mayo y junio son meses con menos afluencia, no existe una temporada baja propiamente dicha, aunque es más fácil negociar tarifas de mayo a octubre. Hay que tener en cuenta que en enero y febrero las lluvias son frecuentes y la observación de los cielos nocturnos menos impactante.
Hoteles de San Pedro
Noi Casa Atacama ofrece precios más asequibles que los hoteles más emblemáticos del destino sin renunciar a un ambiente de exclusividad. Con 29 habitaciones, piscina y un pequeño spa, apuesta por una decoración en base a mobiliario y objetos locales cuyos colores contrastan con el blanco predominante.
Awasi Atacama es el hotel más exclusivo del pueblo, bajo el emblema Relais & Chateaux. Abierto desde hace once años, es una refinada interpretación de una aldea atacameña con un excelente restaurante. Su carta incluye recetas chilenas con ingredientes frescos, nacionales y de temporada.
El año que viene cinco nuevas habitaciones se sumarán a las diez existentes. Bajo un régimen all inclusive que incluye excursiones de día completo y medio día en los programas de tres noches, actualmente puede albergar un máximo de 23 huéspedes. Los jueves, la música en vivo ameniza los asados que se preparan en la parrilla junto a la piscina climatizada.
San Pedro de Atacama cuenta con varios hoteles de gama muy alta: a tres kilómetros del pueblo, escondido en un cerro cuyos colores parecen cambiar cada minuto, se encuentra.
Alto Atacama, construido hace diez años con diez habitaciones y el disfrute del silencio como principal atractivo. Recorrer los “pasillos” de camino al bonito spa se convierte en un paseo por la montaña hasta llegar a un agradable refugio de piedra y madera.
También en las afueras, el hotel Explora fue pionero en el destino y sigue siendo, con sus 50 habitaciones, referencia del lujo en una versión estéticamente austera en línea con las tradiciones locales. Cuenta con tres salas para reuniones, la mayor de 350 m2 , cuatro piscinas exteriores interconectadas y observatorio de cielos privado.
20 caballos se ofrecen a los grupos para excursiones privadas a los diferentes paisajes de desierto, oasis y el altiplano andino, con la omnipresencia de la cordillera de los Andes y el vecino volcán Licancabur como telón de fondo.
Excursiones de altura
Al complejo Explora pertenecen las Termas de Puritama que sirven de parada para el reposo en la excursión a los Géiseres del Tatio. A 45 minutos del hotel y al fondo de una gran quebrada, los espacios termales han sido acondicionados para el disfrute de las aguas a 32º según un modelo arquitectónico perfectamente adaptado al entorno que mereció el premio de Mejor construcción en Sudamérica en los World Architecture Awards de 2001.
El ascenso a los lugares más emblemáticos requiere una aclimatación. Dolores de cabeza, mareos y vómitos son la expresión tangible de un mal de altura que no todos los viajeros soportan de la misma manera. Por eso el acompañamiento de guías especializados es tan importante como la conducción de los grupos con chóferes experimentados que conozcan los posibles imprevistos derivados del clima, los caminos y la salud de los participantes.
En un destino en el que afloran los operadores de excursiones, Etnikus es un receptivo especializado en tours privados, para grupos de máximo 24 personas, en los que la atención personalizada protagoniza cada salida.
El campo geotérmico conocido como Géiseres del Tatio, ubicado a 4.200 metros de altura, es el más alto, y tercero más grande, del planeta. En las primeras horas del día géiseres, fumarolas, barros candentes… generan un impresionante paisaje de ocho kilómetros cuadrados en el que el viajero percibe perfectamente la intensa actividad que tiene lugar bajo sus pies y aflora a la superficie.
Paisajes de otro planeta
El Valle de la Luna, a doce kilómetros de San Pedro, debería llamarse “Valle de Marte”, atendiendo a los colores de sus cárcavas y formaciones geológicas: éstos hacen que la visita parezca más una inmersión en un libro abierto de geología. Suele completar el ascenso de mediodía a los Géiseres del Tatio y acapara las propuestas de las agencias locales para el disfrute del atardecer.
Aunque los turistas se concentran en el Mirador del Coyote, son numerosos los lugares desde los que disfrutar de una puesta de sol llena de matices pictóricos. El valle tiene 18 kilómetros de profundidad y todos los circuitos culminan en las tres formaciones rocosas conocidas como Las 3 Marías. Para los indígenas, eran guardianes que les protegían ante el temor que les generaban los crujidos emitidos por los cerros circundantes.
Componen la Cordillera de la Sal, con sal gema en el interior de la roca que a veces se desnuda mostrando su interior. Se puede apreciar en los restos de las construcciones que algún día sirvieron de instalaciones para la explotación de la mina familiar que se puede visitar.
Salar de Tara Los Monjes de la Pacana forman parte del recorrido que conduce desde San Pedro al fascinante Salar de Tara, bordeando la frontera con Bolivia. Se trata de una suerte de “centinelas” gigantes, en realidad rocas volcánicas moldeadas por el viento, que parecen observar al transeúnte que ya divisa al fondo el Salar de Tara.
A 4.200 metros de altura y formando parte de la Reserva Nacional Los Flamencos, es para muchos el secreto mejor guardado de Atacama. La sorpresa que esconde el desértico camino que conduce hasta el Salar, deja sin lugar a dudas una impronta imborrable en cualquier retina: no solamente es un auténtico abanico natural de colores en la caldera del volcán Vilama, también es un rico ecosistema en el que conviven flamencos, vicuñas o patos con otras especies andinas. Las llamadas “catedrales de Tara” sirven de marco a un cuadro único que deleita a los amantes de la fotografía. Y de cualquier paisaje espectacular, ya que el Salar de Tara figura entre los top del planeta.
La visita de Tara ocupa una jornada completa y es aconsejable que sirva de cierre a un programa en el que los viajeros hayan tenido tiempo para aclimatarse a la altura. En caso de evitar superar los 3.000 metros, el Valle de la Luna no es la única excursión próxima a San Pedro de Atacama.
Turismo activo
La Laguna de Céjar son en realidad tres lagunas en pleno Salar de Atacama y a menos de media hora de San Pedro. La empresa On Safari propone realizar el recorrido en quad (hasta seis personas) o boogie, en una opción de turismo activo respetuosa con el entorno ya que sólo transitan por caminos previamente dibujados: el offroad no está permitido por las comunidades locales.
En una de las tres lagunas es posible bañarse durante todo el año y existen instalaciones para facilitar dicha actividad, si bien las temperaturas son frías en los meses del invierno local. Por la salinidad de las aguas, es una suerte de Mar Muerto atacameño donde, a pesar de los 30 metros de profundidad, es posible flotar sin ningún esfuerzo.
Un desayuno al amanecer o el disfrute de una degustación de productos locales al atardecer forman parte de los complementos que se pueden añadir a esta visita: la carne de guanaco, llama o avestruz protagonizan las especialidades locales que se completan con vegetales endémicos del tipo del higo de tuna o el tubérculo camote.
Turismo comunitario
Es posible organizar actividades con las comunidades indígenas como en el caso de Senderos de Coyo. A 10 kilómetros de San Pedro, los grupos no sólo pueden disfrutar de la mejor cocina atacameña en el comedor que puede recibir hasta 80 comensales. El patriarca, chamán local, puede explicar la cosmovisión de la comunidad tras una jornada activa en la que los asistentes pueden tejer, recolectar verduras, asistir a una clase de cocina participando en la elaboración de los platos o disfrutar de la música andina.
En Viña Ayllu no sólo se degusta el único vino chileno producido a más de 2.500 metros de altura: la cooperativa indígena que está detrás de la producción ofrece a los grupos participar en la recolección de la uva en época de vendimia.
Cielos únicos
La región de Atacama es el mejor lugar del mundo para el turismo astronómico. Por eso forma parte de los atractivos la visita de las instalaciones de ALMA (Atacama Large Millimeter/submillimeter Array, por sus siglas en inglés). El radiotelescopio más grande del mundo, compuesto por 66 antenas móviles, es fruto de la colaboración entre organismos europeos, americanos y asiáticos y está revolucionando la observación del espacio.
A simple vista se puede disfrutar del cielo en los tours astronómicos. Con Etnikus, hasta 15 personas pueden disfrutar de una sesión divulgativa reforzando lo aprendido observando con el telescopio aquello que se percibe. Sin duda, un broche de oro para un programa en Atacama porque el cielo es la cubierta que cierra un libro único.
Un país minero
Los chilenos explotan sus minerales desde hace 12.000 años, tal y como certifican los primeros asentamientos humanos registrados en el país. El salto a la modernidad se dio en 1900 cuando Estados Unidos creó Anaconda Company, hoy Chuquicamata, para la extracción del cobre. Nacionalizada en 1973 bajo el gobierno de Salvador Allende, en la actualidad la minería chilena está considerada como la más avanzada del mundo, principalmente por los progresos conseguidos en relación a la energía necesaria para la obtención del mineral final. La gran cantidad de campos eólicos y fotovoltaicos que rodean Calama y Chuquicamata sirven de testimonio.
Hoy en día son diez los grandes yacimientos operativos en esta región. Chuquicamata es el más importante por ser una suerte de “laboratorio” donde se concentran todos los procesos y se experimentan nuevos avances. Los grupos de incentivo pueden conocer la impresionante explotación en visitas de tres horas. El recorrido incluye un antiguo poblado minero y la observación de parte del proceso de extracción, realizado con grandes camiones tras una primera explosión que permite descartar la piedra que no contiene cobre. Se alcanza la veta tras crear un “embudo” que en este caso es de cinco metros de ancho por 1,3 de profundidad.




